Category Archives: Arquitectura y Construcción

Las aportaciones de la ciencia, cruciales en acciones para aminorar el riesgo de desastres

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

riesgo

17 de octubre de 2014

Entre 1992 y 2012, más de cuatro mil millones de personas fueron afectadas por sismos, inundaciones y tormentas, entre otros fenómenos naturales; se reportaron pérdidas económicas directas superiores a los 100 mil millones de dólares por estas causas, además de 1.3 millones de decesos, refiere la Oficina para la Reducción del Riesgo de Desastres, de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el informe presentado en 2013.

En este contexto, la comunidad científica es fundamental en el análisis y atención de la problemática y debe identificar las acciones necesarias para apoyar iniciativas que, en marzo próximo, definirán gobiernos y organismos en la Tercera Conferencia Mundial sobre la Reducción de Riesgo de Desastres.

En las tareas referidas, la Universidad Nacional deberá jugar un papel medular, sostuvo Irasema Alcántara Ayala, investigadora adscrita al Instituto de Geografía (IGg) de esta casa de estudios.

El objetivo de la reunión, a celebrarse en Sendai, Japón, es evaluar los avances y deficiencias en la materia, desde la puesta en marcha del Marco de Acción de Hyogo, aprobado y signado por 168 países miembros de la ONU, entre ellos, México, refirió.

La identificación de áreas prioritarias vinculadas con la reducción del riesgo, la construcción de la resiliencia y el desarrollo de la capacidad de recuperación, constituyen algunos de los elementos cruciales de discusión y consenso, planteó en ocasión del Día Internacional para la Reducción de Desastres, a celebrarse el 13 de octubre.

El concepto, explicó, implica la corresponsabilidad entre todos los actores de la sociedad a fin de disminuir el impacto de las amenazas asociadas con la ocurrencia de fenómenos naturales.

Por ello, es necesario atenuar el grado de exposición a las amenazas, atender la vulnerabilidad de la población, lograr la gestión sustentable del territorio y la preparación permanente de las comunidades.

Las tareas referidas deben fundamentarse en la ciencia y el desarrollo tecnológico, e incluir a la ética como eje cardinal, subrayó la también integrante del Comité Científico del Programa de Investigación Integrada de Riesgo de Desastres (IRDR) del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU).

Vulnerabilidad y riesgo

Alcántara Ayala puntualizó que es incuestionable que las naciones del mundo son vulnerables, en magnitudes distintas.

En Haití, un sismo registrado en enero de 2010, sin precedentes históricos recientes, causó más de 200 mil muertes por la alta fragilidad de la sociedad, la falta de capacidad científica y tecnológica, sumadas a la carencia de estrategias de prevención.

En contraste, el terremoto y tsunami de T?hoku, Japón, y la crisis de la planta nuclear de Fukushima en la nación asiática, en marzo de 2011, mostraron la necesidad de considerar escenarios multi amenaza y multi riesgo, aún en territorios donde la cultura de prevención de desastres es una prioridad gubernamental, destacó.

Este año, la conmemoración está centrada en los adultos mayores, a fin de sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de incluirlos en las estrategias y prácticas de reducción del riesgo, además de valorar y reconocer el papel que pueden desempeñar en la construcción de resiliencia debido a su experiencia y conocimientos.

Este grupo es altamente frágil al impacto de los desastres por bajos ingresos, pobre movilidad, visión deficiente, mala audición, falta de acceso a la información y a la tecnología, carencia de viviendas seguras y apoyo escaso de la comunidad, añadió.

Gobiernos y organismos se preparan para participar en la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Riesgo de Desastres. La tarea de la comunidad científica será identificar cómo la ciencia y la tecnología pueden apuntalar la definición, ejecución y seguimiento del marco post-2015 sobre la reducción en el rubro referido, concluyó.

Créditos: dgcs/UNAM/592/14

COLOCAN PRIMERA PIEDRA DEL NUEVO EDIFICIO DEL SERVICIO SISMOLÓGICO NACIONAL

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

primerapiedra22 de septiembre de 2014

La edificación, que se localizará a un costado del IGf, en Ciudad Universitaria, se erigirá en alrededor de mil 400 metros cuadrados, en 1.5 niveles. Contará con un espacio dedicado a la sala de monitoreo sísmico, en cuyo interior se observarán mediciones telúricas en tiempo real. También, tendrá un salón para visitantes quienes observarán de qué manera operan las redes sismológicas.

De manera complementaria, albergará un laboratorio de instrumentación, una sala de sistemas y telecomunicaciones y un taller, elementos indispensables para el correcto funcionamiento del Servicio. En virtud de que el SSN opera las 24 horas de los 365 días del año, se acondicionarán servicios para el personal de guardia.

Asimismo, se contemplan los servicios técnicos y una serie de antenas para telecomunicaciones y enlaces satelitales. Se prevé que la obra sea inaugurada en el segundo semestre del próximo año.
Conjunto de buenas voluntades

En la ceremonia respectiva, el director del IGf, Arturo Iglesias Mendoza, dijo que se inicia el levantamiento de un nuevo edificio que alojará al SSN, el cual hace unos días –el 5 de septiembre– cumplió 104 años, y en 1929, junto con la autonomía, fue entregado a esta casa de estudios, donde ha crecido y se ha consolidado. “Nuestros antecesores y actuales compañeros han trabajado para su crecimiento”.

En la nueva construcción, explicó, habrá espacios necesarios para recibir visitantes pero, sobre todo, para desarrollar las actividades actuales y futuras del Servicio.

Desde el primer momento, expuso, la Dirección General de Obras y Conservación ha ayudado a verificar el cumplimiento de las normas ambientales, y “lo haremos sobradamente, con los requisitos de reforestación, conforme a las recomendaciones de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel”.

El financiamiento, abundó, proviene de un conjunto de buenas voluntades: la administración central, la Coordinación de la Investigación Científica, la Secretaría de Gobernación, a través del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y recursos extraordinarios del propio IGf.

En su oportunidad, Carlos Arámburo de la Hoz, coordinador de la Investigación Científica, recordó que hace 29 años en el país tuvimos una sacudida mayor, pero no sólo en la parte física, sino en la mentalidad, la cultura y la manera de cómo se debía afrontar la vulnerabilidad por fenómenos que ocurren en la naturaleza.

La UNAM tiene una serie de características que no comparte con la mayoría de las instituciones de educación superior del mundo: está a cargo de una serie de servicios que normalmente se otorgan a otras instancias.

“Este servicio o las grandes colecciones nacionales, en Estados Unidos, por ejemplo, no dependen de una universidad. Esta casa de estudios, con una visión amplia de su responsabilidad social, desde sus inicios y desde que acogió al SSN, ha cumplido con una función importante para la sociedad”.

En tanto, el secretario Administrativo, Leopoldo Silva, resaltó que “ya teníamos el apoyo del Cenapred, se tomó la determinación de llevar a cabo esta idea” y dotar al Sismológico Nacional de nuevas instalaciones.

En México, donde algunas regiones se ubican en zonas de alta sismicidad, de 1985 a la fecha hemos aprendido mucho en materia de protección civil, y en la Universidad hemos hecho esfuerzos para continuar el desarrollo de la ciencia nacional. “Eso es importante porque este edificio no sólo servirá para la detección de los movimientos telúricos, sino para el desarrollo de la ciencia en esta casa de estudios y en el país”, sostuvo.

Por su parte, Carlos Valdés, director del Cenapred, en representación de Luis Felipe Puente, coordinador Nacional de Protección Civil y ex jefe del SSN, expuso que el vínculo que ambas instancias tienen permitirá fortalecer el conocimiento y la mitigación del efecto de los fenómenos naturales.

Al acto asistieron Xyoli Pérez Campos, jefa del SSN, investigadores eméritos y ex directores del Instituto, ex jefes del Servicio, además de académicos y estudiantes.

Créditos: UNAM-DGCS-549-2014

EXPANSIÓN DE CRÉDITOS PÚBLICOS A LA VIVIENDA FOMENTÓ EL ABANDONO DE ZONAS CÉNTRICAS EN GRANDES URBES DEL PAÍS

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

grandesurbes18 de septiembre de 2014

En 70 de las 100 ciudades más grandes de México la expansión de créditos hipotecarios públicos se relaciona con el abandono de viviendas en las zonas céntricas. Es buen momento para reconsiderar las políticas de expansión, planteó Paavo Monkkonen, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos.

Entre 1990 y 2010 la población en las mayores localidades del país creció más que la mancha urbana. El análisis confirma el abandono de las zonas céntricas y, en algunos casos, grandes densidades en la periferia metropolitana, expuso en la charla La vivienda deshabitada en México, causas y repercusiones, en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de esta casa de estudios.

En este contexto, Manuel Perló Cohen, director de esa entidad, aludió a la relevancia de nuevas perspectivas para estudiar el problema, “un tema crítico y de interés en el país”.

Crédito y abandono

Monkkonen, profesor investigador en el Departamento de Planeación Urbana de la UCLA, expuso que a partir de la década pasada se registró la expansión del crédito hipotecario público, aunada a la construcción de grandes desarrollos por parte de compañías privadas, la mayoría en la periferia de las ciudades.

El modelo de financiamiento facilitó el abandono de las zonas céntricas para aprovechar la oferta inmobiliaria, en lugar de rehabilitar las construcciones existentes. Las tasas de vivienda deshabitada son más elevadas en metrópolis fronterizas e industriales, como Pachuca, Mexicali, Nuevo Laredo y Matamoros. En 2010, una de cada cuatro casas en Ciudad Juárez estaba vacía, refirió.

Para atender la problemática, recomendó, es necesario reformar el sistema de colocación de créditos públicos, estandarizar agentes inmobiliarios y modernizar las instituciones del mercado primario de suelo y de vivienda, entre otras estrategias.

Además, se sugiere fomentar la densificación, reajuste en las normatividades de uso de suelo, otorgar bonos de densidad para uso de transporte público y eliminar la exigencia de estacionamiento en edificios nuevos, medidas para lograr economías de escala y un desarrollo rentable en los centros de las ciudades.

Lo más relevante es promover la productividad de los gobiernos locales y mejorar la recaudación de impuestos y programas de incentivos para invertir los recursos públicos en infraestructura urbana o subsidios, concluyó.

Créditos: UNAM-DGCS-542-2014

EN RIESGO, EDIFICIOS CONSIDERADOS MONUMENTOS HISTÓRICOS O ARTÍSTICOS

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

riesgoedificios18 de agosto de 2014

En las colonias Roma, Condesa, Santa María la Ribera y San Rafael hay edificios catalogados como monumentos históricos o artísticos por los institutos nacionales de Antropología e Historia (INAH) o de Bellas Artes (INBA), sin la debida protección o restauración.

Esta situación parece no importar a sus moradores ni a las autoridades, porque no son palacios donde vivieron grandes personajes, oficinas de gobierno, ni tienen en sus muros obra plástica.

En la Guerrero hay algunos de principios del siglo XX con relevancia arquitectónica, como el ubicado en la calle Camelia 59, objeto de un ejercicio académico realizado por Jorge Ramos Ruiz, estudiante del posgrado de Arquitectura de la UNAM. El también rockero pretende reestructurar ese espacio y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes como parte de su tesis de maestría en Restauración de Monumentos.

En su investigación, titulada La vecindad en los inicios de la colonia Guerrero (1870-1910). Estudio de caso: edificio Camelia 59, señala que este tipo de inmuebles han sido modificados y subdivididos hasta convertirse en espacios reducidos.

Patrimonio arquitectónico revalorado

La vivienda referida comenzó a construirse en 1876 para albergar obreros de ferrocarril que trabajaban en la estación Buenavista. Se hicieron edificios con cuartos pequeños para ellos, no para sus familias.

Fue concebida como vecindad, con una distribución de departamentos alrededor del patio. Su apariencia es de estilo porfiriano, como la mayoría de los edificios de la Guerrero en sus comienzos, que exhibían fachadas de cantera, muros de tabique, así como entrepisos y azoteas con vigas de madera y enladrillados. “Eran los techos de la época, sin acero como ahora”.

El inmueble (vecindad habitada y abierta) es ejemplo de cómo se han modificados edificios similares en la zona (muchos tienen daño estructural y están tapiados). Después de los sismos de 1985, las cocinas y los baños quedaron dentro de las habitaciones y los balcones y patios de cada departamento ahora están divididos. Además, la azotea, antes habitable, es inaccesible porque se quitó la escalera.

El problema para emprender trabajos de restauración en la colonia Guerrero es que las viviendas son propiedad privada y es difícil lograr consensos entre los dueños, que usualmente carecen de recursos para este tipo de rescate. “Como nadie va a meter un peso, hay que proponer maneras para que los edificios restaurados sobrevivan por sí solos”, dijo.

En Camelia 59 hay seis departamentos de 40 metros cuadrados abajo y otros tantos arriba (antes eran cuatro) en los que viven cinco o seis personas. Jorge Ramos propone restaurar la construcción como estaba originalmente, mejorar los espacios y construir en la azotea una extensión para cada demarcación con cuartos de servicios y roof garden, además de un área para comercio o una escuela de danza para gente de la tercera edad en la parte baja, lo que ayudaría a recaudar recursos.

Como en el interior la altura es de cinco metros, creará segundos niveles con tapancos, generará habitaciones nuevas y redistribuirá las cocinas y baños para que tengan ventilación. Además, se restaurará y conservará la fachada de cantera rosa en la parte inferior, se aplicarán aplanados de cal y se recuperarán dos puertas que originalmente eran accesos y hoy fungen como ventanas.

El proyecto incluye una investigación histórica y un levantamiento fotográfico y de daños, con planos e información escrita sobre la fachada y departamentos.

Entre las afectaciones figura el desprendimiento de cantera de la parte frontal por lluvia y contaminación. Otro problema son las perforaciones realizadas por compañías de servicios, pues los cables instalados acumulan agua y tierra que, a la postre, degradan las cornisas, los balcones y la cantera.

Sin embargo, esta tarea se complica porque no se trata de un palacio, sino de un edificio pequeño con muchos dueños; además, se requiere apoyo financiero de instituciones o de la misma delegación, por lo que Ramos Ruiz elaborará una propuesta para proteger no sólo este inmueble, sino el barrio completo.

En una segunda etapa de su tesis —y como la arquitectura no se circunscribe a una fachada—, el próximo mes comenzará a trabajar en un proyecto de contexto del lugar.

“Al desaparecer un edificio histórico —no importa que esté catalogado como tal, porque hoy se tramita una licencia y al día siguiente ya hay una cuadrilla de demoledores— perdemos poco a poco ese barrio. Esto se ve en la Condesa, que ya no es la colonia del siglo pasado”.

En la Roma o en Santa María la Ribera, por citar dos casos, los grandes constructores convencen a los dueños de estos espacios, “los marean con poco dinero para que vendan y luego acaban con ellos para erigir edificios mal hechos y con espacios pequeños para vender cada departamento en tres o cuatro millones de pesos”.

Con este ejercicio académico, “susceptible de hacerse realidad”, Jorge Ramos abrió la percepción a los vecinos de Camelia 59, que ahora saben que en dicho edificio “se puede vivir mejor”.

Créditos: UNAM-DGCS-472-2014

PRIORITARIO, INSTRUMENTAR POLÍTICAS PÚBLICAS DE VIVIENDA SUSTENTABLE E INCLUYENTE

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

viviendapublica04 de agosto de 2014

En los próximos 15 años la Ciudad de México requerirá más de 350 mil hogares nuevos, por lo que son indispensables políticas públicas que se sustenten en la complejidad urbana y sean congruentes con las necesidades de las personas, planteó Marcos Mazari Hiriart, director de la Facultad de Arquitectura (FA) de la UNAM.

El 90 por ciento de las unidades será para sectores con ingresos de uno a 10 salarios mínimos, por ello es necesario generar instrumentos para impulsar el sector de vivienda de interés social y densificar áreas con un enfoque sustentable e incluyente, subrayó.

La urbe es una estructura compleja, en cambio y crecimiento constantes. Sus reglamentos deben actualizarse para atender las necesidades de la población y las nuevas dinámicas sociales, refirió.

Los especialistas de la UNAM desarrollan diagnósticos, investigaciones y proyectos de movilidad y espacio público, entre otros. Las propuestas pueden sustentar la toma de decisiones en distintas áreas relacionadas con la Ciudad de México.

Además, miles de personas recorren grandes distancias desde sus casas a sus centros de trabajo por residir en lugares sin oportunidades laborales o carentes de servicios presentes en las zonas urbanas centrales. Esto implica políticas congruentes con normas de transporte y movilidad.

El planteamiento de actualización del Programa General de Desarrollo Urbano (PGDU) de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), debe sustentarse en un mejor aprovechamiento de la infraestructura y equipamiento urbano existente en distintas colonias capitalinas, dijo.

Ciudad de uso mixto y sustentable

El director de la FA comentó que las áreas clasificadas con mayor calidad de vida son las que conservan el uso mixto de sus territorios, enfoque que debe extenderse para aprovechar el patrimonio arquitectónico y urbanístico.

“Podríamos realizar distintas actividades en nuestro barrio que desaliente el uso del automóvil, incentive el de la bicicleta y reduzca el número de estacionamientos”, propuso Mazari Hiriart.

Además, el aumento de niveles en las construcciones debe acotarse en correlación a la capacidad de infraestructura, movilidad de las zonas y en proporción al ancho de las calles. También es necesario dotar de distintos servicios a los habitantes, expuso.

Las políticas públicas deben privilegiar la densificación habitacional incluyente y sustentable, con la generación de viviendas accesibles a familias de menores ingresos y oportunidades de financiamiento acordes a las necesidades del sector, estableció.

El desarrollo de estrategias en este ámbito debe considerar los requerimientos de los ciudadanos y de la urbe, así como las dinámicas sociales relacionadas con la conformación familiar, cuestiones de género, edad u ocupación, pues esto configura los nuevos vínculos entre el Distrito Federal y sus habitantes, concluyó.

créditos: UNAM-DGCS-443-2014