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Cambio climático afecta la agricultura

 
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2 de mayo de 2010

El cambio climático ha modificado los sistemas productivos, por lo que ahora se requieren nuevas herramientas para un manejo adecuado de la producción y de los ecosistemas.

Para cumplir con esta finalidad, el Departamento de Investigación en Ciencias Agrícolas (DICA) del ICUAP, impartirá el “Diplomado en agricultura sustentable y medio ambiente en condiciones de cambio climático” a técnicos y productores líderes de diversas dependencias gubernamentales como SEMARNAT, SAGARPA y la Secretaría de Desarrollo Rural.

Actualmente existe una preocupación por este tema, “aunque no se conoce en toda su magnitud, impacta al sector agrícola por las variaciones de temperatura, lo que ocasiona pérdidas”, dijo el maestro Rogelio Vázquez Ramírez, Secretario Administrativo del DICA.

Mencionó que la importancia de la agricultura radica en conservar las áreas verdes, para que la población no sea absorbida por las grandes urbes, “además es base de la alimentación del ser humano y debe continuarse, hay que voltear a la historia, pues México se ha impulsado gracias a los recursos extraídos de éste sector económico”.

El diplomado permite ofrecer actualización profesional en el ámbito ambiental y de agricultura, para la solución de diversos problemas. Sus objetivos son promover la política de desarrollo rural y comunitario, utilizar herramientas para un desarrollo sostenible de los recursos naturales para así mejorar el nivel de vida, conservar y proteger los ecosistemas.

Se divide en cinco módulos: conservación y restauración de suelos, agricultura y cambio climático, ecotecnias para el manejo sostenible de los recursos naturales, sistemas agroforestales y por último administración sostenible de cuencas.

El curso que inicia el próximo 14 de mayo, tendrá una duración total de 120 horas, de las cuales 64 son teóricas y 56 prácticas, donde se espera que asistan aproximadamente 50 personas.

Créditos: BUAP/Comunicación Institucional/buap.mx

Certifican jardín botánico de la FES Iztacala

 
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El Jardín Botánico de la FES Iztacala es visitado, cada año, por decenas de escuelas, principalmente de educación básica.
El Jardín Botánico de la FES Iztacala es visitado, cada año, por decenas de escuelas, principalmente de educación básica.

26 de abril de 2010
• La Semarnat lo validó como un centro de acopio para especies amenazadas, capaz de resguardarlas y atenderlas para su revitalización

La Secretaria del medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), certificó el Jardín Botánico de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM, como un centro de acopio para especies amenazadas, capaz de resguardarlas y atenderlas para su revitalización.

Este espacio, creado a finales de la década de los 70, como área de cuidado de las especies fructíferas en este campus, y que se consolidó en 1982 como Jardín Botánico, pretende fomentar el cuidado del medio ambiente, y la importancia de los recursos naturales.

Algunos de los proyectos concretados son los de cultivos orgánicos; la creación de biofertilizantes, en composta y aerosol; la reproducción de la lombriz roja de California y caracoles; el manejo de residuos sólidos, en el que el programa de reutilización de colillas de cigarros ha superado su etapa experimental, y la planta piloto en la producción de hongos comestibles y medicinales.

Fernando Herrera Salas, secretario general académico de la entidad universitaria, destacó que cada año decenas de escuelas, principalmente de educación básica, visitan el Jardín Botánico, acuden a pláticas informativas sobre la naturaleza y, sobre todo, conocen la biodiversidad que los rodea.

Además, señaló la relevancia de incluir a la niñez y juventud en esta nueva tarea de cuidado del ambiente, porque serán ellos los encargados de dar continuidad a la misión de mantener un entorno saludable y natural.

Finalmente, Rafael Chávez López, jefe de la carrera de Biología, destacó la importancia de difundir el valor de los recursos naturales del planeta, esa tarea compete a los biólogos y se suma como una obligación para dar mayor solidez a su profesión.
Créditos: UNAM. DGCS -256/unam.mx

TRANSGÉNICOS, UN TEMA SATANIZADO POR FALTA DE INFORMACIÓN

 
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Preguntas como ¿qué son los transgénicos?, ¿con qué fines se producen?, ¿qué peligro representan para la biodiversidad?, o ¿existe una ética al respecto?, son el resultado de la falta de información al respecto que a su vez, generan mitos alrededor de este tema en la sociedad.

Por ello, con el objetivo de dilucidar dudas y debatir en torno al maíz transgénico en el país, se llevó a cabo, en el salón de proyecciones del Edificio Carolino, el panel de especialistas titulado: Maíz Transgénico: Mitos o Realidades, evento que forma parte de los compromisos establecidos entre la BUAP, el Consejo Consultivo para el Desarrollo Sustentable y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT).

Al inaugurar este panel, el ingeniero Carlos Albicker Albicker, delegado federal de la SEMARNAT en el estado, comentó que la dependencia ha tratado el tema de manera prudente, al apoyar proyectos de investigación para la producción del maíz utilizando biotecnología.

“Todos quienes no nos dedicamos a esto, nos preguntamos cuál es la realidad de las cosas, quizás porque no se ha tratado el asunto de los transgénicos de manera objetiva, sino más bien defendiendo una postura, por eso considero pertinente que sean tres especialistas quienes nos den su punto de vista al respecto”, señaló.

Por su parte, el doctor Héctor Bernal Mendoza, profesor investigador del Colegio de Ingeniería Agroindustrial campus Acatzingo de la BUAP, y moderador del panel, refirió que tras 50 años del nacimiento de los estudios transgénicos en el mundo, en México este tema lleva 10 años, causando desde el inicio una gran controversia por la variedad de información que se genera en torno a este tema, lo que ha levado a las personas, a tomar decisiones que a veces no son las adecuadas.

En su participación, el doctor Juan Manuel Estévez Palmas, del Centro de Investigación en Biotecnología Aplicada, del Instituto Politécnico Nacional, expuso paso a paso cómo se elabora un transgénico, e indicó que al hacerlo, lo primero que se busca es dotar a una materia orgánica de una nueva característica.

En el caso del maíz, “fue hacerlo más resistente, más grande, más abundante o con más contenido vitamínico o proteínico”, comentó.

“Todos somos transgénicos”, afirmó a su vez, la doctora Sonia Elvia Silva Gómez, investigadora del Instituto de Ciencias de la BUAP; “la cuestión es que nosotros, como organismos vivos, hemos respetado las leyes naturales tanto en la genética como en la selección natural”.

La diferencia es que actualmente, “los transgénicos se hacen en los laboratorios con la ayuda de la ingeniería genética; entonces se crean a partir del albedrío de los científicos”; en el mundo, existen 50 especies de maíz, 40 de ellas están en México y Puebla tiene 10, por ello, consideró que no es necesario que el maíz que se siembra en el país tenga que ser manipulado en los laboratorios.

Dada la amenaza de los transgénicos, “muchas de estas especies nativas pueden desaparecer y con ello, disolverse también una cultura; por eso es importante platicar sobre los mitos alrededor de este tema que ha de ser tratado con toda seriedad y responsabilidad”, finalizó la doctora Sonia Elvia Silva Gómez.

Créditos: Comunicación Institucional BUAP (buap.mx)

Sabersinfin.com

DAÑOS A LOS HUMEDALES AFECTAN A TODO EL PAÍS

 
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ANTONIO LOT• Debido a que los sistemas de aguas están interconectados, alteraciones en uno de ellos tienen repercusiones a cientos de kilómetros de distancia, expuso Antonio Lot Helgueras

• El investigador del Instituto de Biología de la UNAM recibió un reconocimiento por parte del Gobierno de México “por su importante contribución al conocimiento de las plantas acuáticas en los humedales nacionales”

“Si se conservan los humedales, estamos garantizando que ni los campos de cultivo ni los poblados se inundarán, y que habrá suficiente líquido de reserva para todas nuestras necesidades; pero si los destruimos, deberemos encarar esos dos problemas, como en la Ciudad de México, que se inunda y al mismo tiempo, carece de agua”, señaló Antonio Lot Helgueras, secretario ejecutivo de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel de CU.

El académico recientemente recibió un reconocimiento por parte del Gobierno de México, a través de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), “por su importante contribución al conocimiento de las plantas acuáticas en los humedales de México”.

“Soy precursor en este tipo de trabajos, pues hace 40 años, cuando decidí dejar mi vida en el DF e irme a vivir a Veracruz para estudiar los pastos marinos, no se sabía casi nada sobre el tema”, recordó el también investigador del Instituto de Biología.

“En esas épocas, emprender este tipo de proyectos equivalía a lanzarse a la aventura, y me lancé así, sin dinero, pero con el apoyo de mis profesores de la UNAM”, agregó.

Así, con una mochila llena de ropa a espaldas, sus libros bajo el brazo y mucho entusiasmo, el joven Antonio se mudó al puerto para conocer de primera mano los pastos marinos “y obtener el ojo entrenado que sólo tiene la gente que hace trabajo de campo, porque eso —no importa cuánto se lea— no se aprende en el aula”.

De finales de la década de los 60, una de las cosas que más recuerda es el tiempo que pasó haciendo observaciones al lado del mar, tomando notas y comparándolas con las de la escueta bibliografía que había en ese entonces. Esta experiencia no sólo se tradujo en una tesis de licenciatura, sino en un viaje a Leiden, Holanda, donde Lot Helgueras, con apenas 24 años, representó a México en la Primera Reunión Mundial sobre Pastos Marinos.

“Fue en esa época cuando el mundo comenzó a tomar conciencia de la importancia de este tipo de vegetación, su relación con el entorno e incluso de su impacto en la industria (en el caso particular de los pastos marinos, en la pesquera)”, comentó.

“Desde aquel encuentro han pasado 40 años y en México apenas hemos comenzado a considerar la importancia de estas especies; hemos ido lento, pero lo bueno es que ya nos preocupan estos temas”.

Un equilibrio frágil

Durante mucho tiempo los estudiosos no consideraron algo que hoy es evidente: cuando el hombre altera algún cuerpo de agua, los efectos negativos se pueden percibir a más de 800 kilómetros de distancia, “porque los ecosistemas acuáticos, aunque no se aprecie a simple vista, siempre están intercomunicados”, explicó el ex director del Instituto de Biología.

“Por ejemplo, si deforestamos la parte alta de una montaña, el agua no se detendrá ni se filtrará adecuadamente, y arrastrará una serie de sedimentos de suelo que llegarán a cuerpos líquidos muy distantes y, finalmente, al mar”, añadió.
En nuestro país, las acciones predatorias han tomado muchas variantes y tienen lugar en los sitios más disímbolos, debido a que México es un país megadiverso con un complejo sistema de humedales que comprende costas, lagunas costeras, litorales, arrecifes coralinos, lagos y ríos, entre otros.

“Desafortunadamente, no supimos entender que todo estaba intercomunicado, ni que las consecuencias de dañar uno de estos cuerpos de agua tendría consecuencias apreciables cientos de kilómetros a la redonda”, agregó Lot Helgueras.

Sin embargo, el biólogo se muestra optimista al señalar que actualmente están protegidos 55 humedales, “y eso nos compromete a todos, como sociedad, a cuidarlos y entender que su valor va mucho más allá de lo estético”.

Guadalajara en un llano, México en una laguna…

“En apenas medio siglo, se han perdido muchos ecosistemas acuáticos, como el de la Cuenca de Lerma, un entorno lacustre del centro de México cuya afectación explica, en parte, los problemas hídricos del DF, aunque tampoco hay que olvidar que esto se agrava porque la ciudad se construyó sobre un lago”, advirtió Lot Helgueras.

El académico señaló que desde sus orígenes, los habitantes de la antigua Tenochtitlan aprendieron a respetar los humedales y aprovechar los recursos que éstos reportaban, “pese a lo complicado que resultaba vivir unos cuantos centímetros por encima del nivel del agua. Pero con el paso de los siglos, lo que hicimos, en vez de adaptarnos y convivir con la naturaleza, fue sellar este lago con una capa de concreto”.

Hoy padecemos los efectos de esa decisión y enfrentamos muchos problemas derivados del hecho que, como el agua se encuentra a apenas unos metros bajo la urbe, tarde o temprano ésta se abre camino a la superficie, provocando las inundaciones que recurrentemente padecemos los capitalinos, expuso el ambientalista.

De tomarse las medidas pertinentes, se podrían “matar dos pájaros de un tiro”, y solucionar el asunto de las inundaciones y la falta recurrente de agua para consumo humano, pero en este afán por deshacerse rápidamente del líquido que provoca estancamientos, se obra de manera equivocada y se desperdicia un recurso que sería muy útil en época de sequía.

“Esto equivale a cometer dos errores, pues lo conveniente sería modificar los sistemas de captación natural de agua. Si lográramos esto, podríamos echar mano del líquido en tiempos de escasez, y resolveríamos tanto los problemas ocasionados por las inundaciones como los de falta de suministro que padecen muchas colonias”, indicó.

“Lo primero que debemos recordar es que vivimos sobre un lago, que no es el mejor lugar para construir una ciudad, sobre todo si no manejamos de manera inteligente el agua, porque eso agrava nuestros problemas”, advirtió.

Diagnósticos y ecosistemas enfermos

Como pasa con todos los seres vivos, los ecosistemas pueden estar sanos o enfermos, y para saber qué tan bien o mal se encuentran, es necesario realizar un diagnóstico, “y eso es a lo que me dedico”, compartió Lot Helgueras.

Por ello, como si se tratara de un médico, el científico analiza los cuerpos de agua, pero en vez de estetoscopio, abatelenguas y rayos X, Lot Helgueras se vale del estudio de la composición florística para determinar qué tan bien conservado está un lugar, “pues a fin de cuentas, la vegetación es uno de los mejores termómetros del estado de salud de los humedales”.

“A veces es difícil detectar la afectación, pero uno de los síntomas más claros es la presencia de especies exóticas y agresivas —como el lirio acuático en el Valle de México— que compiten y terminan por ganarle terreno a la vegetación originaria, fenómeno que altera la biota del sitio y provoca pérdida de biodiversidad”, expuso el biólogo.

Este deterioro se da gradualmente, y los diferentes estadios de sucesión permiten señalar cuándo el ecosistema se encuentra en una etapa temprana de perturbación y cuándo está en una fase de daño extremo.

“Este tipo de observaciones nos ha permitido intervenir oportunamente en lugares como la laguna de Tecocomulco, a donde llevamos chinampas para fomentar el cultivo de ciénega entre los lugareños, tarea en la que nos ayudó gente de Xochimilco y que permitió a la comunidad aprovechar recursos generados a orillas del lago”.

Aunque parezca difícil, aún se puede hacer mucho por los humedales, la clave radica en estar al tanto de sus malestares para intervenir a tiempo, “pero esto requiere la participación de las comunidades y un monitoreo por parte del gobierno, ya sea estatal o municipal, porque sin este tipo de apoyos, la tarea resulta sumamente complicada”, sugirió el doctor en Ciencias Biológicas.

Alertas tempranas

Con el conocimiento que se tiene hoy de las plantas acuáticas mexicanas y su relación con el entorno (gran parte de éste generado por el mismísimo Lot Helgueras y su equipo de colaboradores), es posible prever algunos escenarios a futuro, “claro, si se comienzan a tomar medidas preventivas desde ahora”.

El problema es que, con frecuencia, pesan más otro tipo de intereses —principalmente económicos—, los cuales ponen trabas a los esfuerzos de preservación, “como cuando a principios de los años 90 un grupo de hoteleros me consultó sobre si resultaba adecuado dejar los pastos marinos en la costa de Cancún y yo les respondí que sí, porque se trataba de una planta que fijaba el suelo costero, haciendo que los daños provocados por los ciclones se minimizara, además de que evitaba que ciertos sedimentos llegaran al mar, lo que le da a los mares del Caribe su característica transparencia”.

Sin embargo —recuerda el académico—, a los empresarios les pareció que estas plantas no lucían muy acorde con lo que suponían debía ser una playa de descanso, pese a que pisar el pasto marino no es muy diferente a posar la planta del pie sobre el césped.

“No se hizo caso y acabaron con esa vegetación, y ahora, 20 años después, se comienzan a ver las consecuencias de ello, pues cada vez hay menos arena debido a que ésta ha sido barrida por los fenómenos meteorológicos, y las aguas oceánicas han comenzado a perder su típico color turquesa”.

Éste es apenas un ejemplo de muchos similares, apunta el profesor, quien señala que lo que corresponde ahora es tomar medidas para, en la medida de lo posible, revertir las condiciones actuales, o por lo menos evitar que éstas se agraven, concluyó.

Fuente: Boletín UNAM-DGCS-153 – dgcs.unam.mx

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