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El origen de los elementos químicos, clave para entender el universo

 
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Manuel Peimbert, en su conferencia magistral El origen de los elementos y la evolución en la Astronomía.
Manuel Peimbert, en su conferencia magistral El origen de los elementos y la evolución en la Astronomía.

29/septiembre/2011

• El astrónomo Manuel Peimbert ofreció la conferencia magistral El origen de los elementos y la evolución de las galaxias y el universo

Qué dio origen a lo que nos rodea es una duda que ha inquietado, desde siempre, a la humanidad, y las respuestas suelen ser de lo más variado. “En el principio era el verbo”, según las páginas bíblicas; “al inicio sólo había caos”, explica Hesiodo en su Teogonía; “en el comienzo la presencia divina flotaba sobre las aguas”, agrega la Torá; pero quienes se dedican a la ciencia, como Manuel Peimbert Sierra, buscan sus explicaciones en terrenos muy diferentes, “casi siempre al plantear preguntas clave, como aquella de ‘¿y de dónde vienen los elementos químicos?’, para después pensarlas y repensarlas”.

El investigador —recientemente distinguido con el honoris causa por la Universidad Nacional— ha dedicado gran parte de su tiempo a observar galaxias y astros, a indagar en su composición y, especialmente, a determinar las abundancias de los elementos en regiones de formación estelar, nebulosas planetarias y remanentes de supernova.

“Pese a tratarse de una disciplina tan vasta, en astronomía hay tanto que ignoramos que una opción sensata es empezar por lo que sí sabemos; por ejemplo, podemos decir que el cinco por ciento de la masa observable del universo esta hecha de bariones, es decir, de elementos de la tabla periódica, pero si nos remitimos al 95 por ciento restante, poco podemos aseverar, excepto que es algo que desconocemos”.

Por ello, Peimbert aseguró que en esta búsqueda de comprender mejor al cosmos es buena idea considerar los elementos y determinar cómo nacen y se forman, “claro, sin perder de vista que delante de nosotros hay un gran reto, el de estudiar ese impresionante 95 por ciento que hasta ahora no entendemos, porque en lo tocante a materia bariónica hemos avanzado mucho —a eso se dedicó la ciencia desde sus inicios hasta el siglo XX—, ahora es tiempo de encarar lo que tenemos enfrente”.

¿Cómo surgen los elementos?

Hasta hoy se conocen 126 elementos químicos, los primeros 92 se dan en la naturaleza y los demás se obtienen en laboratorio, pero si intentáramos determinar la fuente de todos ellos, veríamos que cada uno proviene de tres grandes proyectores: la Gran Explosión, estrellas con baja masa y aquéllas con alta masa.

¿Pero cómo es esto posible?, preguntó Peimbert, “¡fácil!, a partir de reacciones nucleares”, indicó, para luego explicar que este fenómeno se registra en el momento en que las partículas alfa comienzan a chocar entre sí, como si fueran bolas en una mesa de billar.

“Es factible que un helio coincida con otros dos y forme un carbono; luego éste podría colisionar con otro helio y resultar en un oxígeno, y después impactar con otro helio y dar pie un átomo de neón, y así, sucesivamente, hasta llegar al hierro. Como se ve, de esta manera, la variedad de elementos crece rápidamente”.

Pero también hay otros métodos de producir elementos, como los que se desprenden de la reacción provocada por la captura rápida de neutrones, algo observado en las explosiones de supernovas; también por captura lenta de neutrones, proceso que se da a lo largo de la vida de las estrellas, e incluso estos surgen por efecto de los rayos cósmicos, que pueden romper núcleos en el medio interestelar y formar átomos de baja masa, como el litio.

Se trata de un proceso complejo que con el tiempo ha permitido la formación no sólo de todo aquello que conocemos, sino también de todos a quienes conocemos, pues no debemos olvidar que nosotros mismos estamos hechos de estos elementos, acotó el académico.

Seres de origen estelar

No bien había comenzado sus estudios en la Facultad de Ciencias de la UNAM, cuando un muy joven Manuel Peimbert llegó, sin invitación alguna, al Observatorio Astronómico de Tonanzintla y ofreció su ayuda “en lo que fuera”.

Al observar tal disposición, el doctor Guillermo Haro le pidió observar placas y ubicar en ellas objetos con líneas de emisión de alta intensidad. Meses después, Peimbert constató que algunos de sus avistamientos ya se conocían, pero que entre sus anotaciones había las de cuerpos nunca antes vistos, de los que él se volvió su descubridor y que ahora llevan su nombre.

De aquel pasaje, Peimbert señala que despertó su interés por la astronomía, y señala que aquellos cuerpos celestes son, en definitiva, los culpables de que se dedique a lo que hace, pues sea en asuntos como la vocación o lo demás, “si rastreamos, las estrellas están en el origen de todo”.

En el coro de la canción We are all made of stars, Moby asegura que “todos estamos hechos de estrellas”, conclusión a la que llegó el músico estadounidense tras leer algo parecido a lo que señaló Peimbert en el auditorio Paris Pishmish del Instituto de Astronomía, “que cada átomo de calcio oxígeno y hierro que hay en nuestro cuerpo tiene este inicio, se gestaron tras la Gran Explosión o bien en un astro”.

“De hecho, la mitad del carbono que tienen en su cuerpo viene de nebulosas planetarias, y esto es un hecho sobre el que debemos reflexionar”.

Para concluir la conferencia El origen de los elementos y la evolución de las galaxias y el universo, Peimbert señaló que los elementos químicos y su presencia aportan claves para entender muchos fenómenos, incluso aquellos relacionados con nuestra propia existencia, “por ello, si quisieran ustedes tener completa su genealogía, lo justo sería poner por ahí, en algún sitio de su álbum familiar, la foto de una nebulosa planetaria”.

Créditos: unam.mx/boletin/574/2011

Aborda Revista Internacional de Contaminación Ambiental, análisis integral en la materia

 
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29 de julio del 2011

Rafael Villalobos Pietrini, editor de la Revista Internacional de Contaminación Ambiental, y Claudio Amescua García, editor técnico de la misma.
Rafael Villalobos Pietrini, editor de la Revista Internacional de Contaminación Ambiental, y Claudio Amescua García, editor técnico de la misma.

• Aspectos físicos, químicos, biológicos y ecológicos de los agentes tóxicos comparten páginas con textos sobre tecnologías de medición y control, así como estudios sociológicos, económicos y legales, afirmó su editor, Rafael Villalobos Pietrini
• La publicación del CCA está en los índices Scopus; Science Citation Index; Redalyc; Journal Citation Reports/Science Edition; ScieLO; e-Journal; Directory of Open Access Journals y Revistas Mexicanas de Investigación Científica y Tecnológica del Conacyt

La Revista Internacional de Contaminación Ambiental, que desde 1985 edita el Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, aborda análisis integrales en la materia, como aspectos físicos y químicos de los agentes tóxicos; distribución y efectos biológicos y ecológicos de los mismos; tecnologías e implementación de nuevas técnicas de medición y control, así como estudios sociológicos, económicos y legales sobre uno de los temas planetarios más relevantes del siglo XXI.

Pensada desde su creación como una publicación científica multidisciplinaria e internacional, presenta artículos mayoritariamente en español, por autores de diversas disciplinas y países como Chile, Argentina, Cuba, España, Brasil y México; aunque también cuenta con colaboradores de Turquía, Palestina, Egipto y Suecia, que envían textos en inglés, explicó su editor, Rafael Villalobos Pietrini, investigador del CCA, a cargo de la revista desde su fundación.

Se edita junto con la Universidad Autónoma de Tlaxcala, a través del Centro de Investigación en Genética y Ambiente, y con la Universidad Veracruzana, mediante la Dirección General de Investigaciones. Por la UNAM participa, además del CCA, el Programa Universitario de Medio Ambiente (PUMA). Esta colaboración está normada en el Convenio Tripartita de Colaboración UNAM-UAT-UV, firmado el 16 de mayo de 2005.

A lo largo de estos años, explicó Villalobos, asuntos como los análisis físicos y químicos de los contaminantes se han ampliado para incluir novedosos métodos de medición, su relación con el cambio climático, técnicas de biorremediación y evaluación de residuos, efectos en ecosistemas y en la salud humana, así como tópicos de vanguardia, como la medición de huellas de carbono.

Aún son pocos los artículos de ciencias sociales, pero ganan presencia para abordar asuntos como la reglamentación ambiental, los efectos de la contaminación en un grupo social o el costo económico de revertir el efecto de los agentes tóxicos.

Temas y artículos en aumento

Con el paso de los años, los abordajes relacionados han crecido, lo que ha repercutido en el aumento de la periodicidad de la revista, que de 1985 a 1991 fue anual, de 1992 a 1999 semestral, y de 2000 a la fecha, trimestral, explicó el editor técnico, Claudio Amescua García.

Ahora se difunden, en promedio, siete artículos por número, y se planea aumentar la cantidad de páginas para presentar alrededor de 11 inéditos cada tres meses.

Un centenar de materiales nuevos están en proceso de ser arbitrados, cada uno por dos o tres expertos internacionales, un proceso fundamental para dar rigor a los contenidos y competitividad internacional, coincidieron Villalobos y Amescua.

Índices mundiales

La Revista Internacional de Contaminación Ambiental está incluida en los índices Scopus; Science Citation Index (SCI); Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal (Redalyc); Journal Citation Reports/Science Edition; Scientific Electronic Library Online (ScieLO); e-Journal; Directory of Open Access Journals, Revistas Mexicanas de Investigación Científica y Tecnológica del Conacyt, y Red de Revistas Mexicanas de Ciencias Sociales.

En línea desde 1997, puede consultarse desde la página electrónica del CCA o en el Portal de Revistas Científicas y Arbitradas de la UNAM (www.revistas.unam.mx), donde ha ganado más consultas a nivel global.

“Actualmente es la publicación de su especialidad con más presencia en las bases de datos internacionales y en las bibliotecas electrónicas”, afirmó Amescua.

Defensor del español como lengua para escribir textos científicos, Rafael Villalobos reconoció que mantener nuestro idioma como mayoritario en una revista de este tipo, ha sido la mayor batalla que ha librado durante estos años.

“Entre muchos grupos de México y el extranjero se ha visto al español como un idioma para hacer divulgación científica, pero no para publicar artículos inéditos de investigación. Nosotros mantenemos entre 75 y 80 por ciento de materiales en esa lengua y un 10 a 15 por ciento en inglés, con resúmenes en ambos”, finalizó Villalobos.

Créditos: boletín/2011_444/unam.mx