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Ayuda catalogación a conocer obras de arte novonispano e identificar piezas robadas

 
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Con la catalogación del arte novohispano se pretende contar con una ficha técnica de cada obra virreinal en México, para profundizar en su estudio, ubicación e interpretación, dijo Pablo Amador Marrero, del IIE.
Con la catalogación del arte novohispano se pretende contar con una ficha técnica de cada obra virreinal en México, para profundizar en su estudio, ubicación e interpretación, dijo Pablo Amador Marrero, del IIE.

7 de agosto de 2010
• En ese inventario, propuesto en el año 2000 por Elisa Vargaslugo, investigadora emérita del IIE de la UNAM, y Gabriela García Lascurain, restauradora del INAH, colaboran expertos de ambas entidades, el Conaculta y gobiernos estatales
• La Ciudad de México y Oaxaca son las regiones con más acervo novohispano descrito, afirmó Pablo Amador Marrero, del Instituto de Investigaciones Estéticas

La catalogación del arte novohispano, amplio proyecto de la UNAM, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), pretende contar con una ficha técnica de cada obra virreinal en México para profundizar en su estudio, ubicación e interpretación de símbolos, técnicas y contexto histórico y artístico.

“Este inventario no es para proteger el patrimonio, ese es uno de los resultados que trae consigo; su objetivo central es conocer para investigar. Para nosotros lo fundamental es saber qué tenemos para indagar”, explicó el historiador de arte Pablo Amador Marrero, del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM.

El académico reconoció que, aunque no es su función, la catalogación ha demostrado ser útil para recuperar algunas piezas de arte sacro que han sido extraídas de varias iglesias del país.

Respecto a la falsificación, aclaró que reproducir arte novohispano es muy complejo, pues requiere técnicas especializadas como el estofado; no obstante, señaló que si se tiene una relación de las obras existentes y de sus características –que se lograría con la catalogación y análisis de expertos–, se puede ayudar a identificar una apócrifa y una auténtica.

Desde 2001, el proyecto se trabaja en cuatro entidades del país: la ciudad capital, Oaxaca, Hidalgo y Estado de México. “En el Distrito Federal se ha logrado un gran avance, y Oaxaca es otro sitio con grandes adelantos, aunque tiene mucha obra aún desconocida y es una de las entidades más proclives al robo”, destacó.

Aunque inicialmente el catálogo se destinaría a investigación, se ha convertido en una herramienta imprescindible para la salvaguarda del patrimonio, y por ello requiere de mayor implicación y apoyo de académicos, gobiernos locales y otros involucrados, consideró el universitario.

Catálogo Nacional de Escultura Novohispana

La idea original del proyecto nació en torno a la escultura con el Catálogo Nacional de Escultura Novohispana, que se planeó luego de que el Fondo de Cultura Económica solicitó al IIE la coedición de un libro sobre patrimonio escultórico novohispano.

A fines del 2000, el IIE celebró un acuerdo de colaboración con el INAH para formalizar el registro de ese patrimonio. Por parte de Estéticas se nombró coordinadora a la investigadora emérita Elisa Vargaslugo, y de Antropología e Historia a la restauradora Gabriela García Lascuráin. Ambas, señaló Pablo Amador, propusieron el inventario y son las “almas” de este proyecto.

En marzo de 2001, se inició con un curso intensivo de capacitación para egresados de universidades estatales, impartido en el IIE, y al que asistieron unas 30 personas, además de 15 investigadoras de la UNAM y del INAH. El objetivo fue especializar a los jóvenes para iniciar el registro y catalogación de la escultura novohispana.

Se les instruyó sobre el manejo de la base de datos a partir de una ficha de registro de información, previamente diseñada en coordinación con la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural del Conaculta. Asimismo, se abordó el tema en sus aspectos histórico, estético y técnico.

“Comenzamos con la catalogación de escultura novohispana y luego nos dimos cuenta que era momento ideal para trabajar todo el patrimonio, pues entrábamos a un templo y se registraba también pintura, retablo y arte suntuario”, comentó.

Como último propósito, se espera que los gobiernos locales, las universidades, las instituciones culturales, los estudiantes de licenciatura y posgrado, y los particulares, se sumen a este esfuerzo conjunto de conocer, clasificar, investigar y conservar el legado artístico ubicado en los recintos religiosos, a través de los proyectos y programas que coordina y promueve el IIE.

Se trata de impulsar la investigación especializada que permita producir conocimiento original, pero sobre todo crear conciencia sobre la importancia de preservar, defender y proteger las variadas manifestaciones artísticas y culturales del país.

Créditos: UNAM. DGCS -465/unam.mx

Los mayas utilizaron, simbólica y físicamente, fósiles marinos en Palenque

 
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Martha Cuevas, Jesús Alvarado, José Luis Ruvalcaba y Francisco Riquelme, muestran una laja de piedra con el fósil de un pez.
Martha Cuevas, Jesús Alvarado, José Luis Ruvalcaba y Francisco Riquelme, muestran una laja de piedra con el fósil de un pez.

30 de junio de 2010
• Esa civilización mesoamericana sabía que millones de años atrás la región que habitaban fue mar, reveló un estudio conjunto de la UNAM y el INAH
• Como símbolos en sus deidades, y como parte del estuco con el que construyeron edificios y templos, 31 fósiles de peces y moluscos, dientes de tiburón y espinas de mantarraya fueron hallados en la zona arqueológica

Un estudio reciente de 31 fósiles marinos descubiertos hace 68 años en la zona arqueológica de Palenque, en Chiapas, comienza a develar un misterio: los mayas sabían que el suelo que pisaban fue, millones de años atrás, un océano inmenso, un sitio marino primigenio al que los muertos regresaban tras su paso por esta vida.

Para integrar su conocimiento de ese ecosistema acuático, incluyeron en las representaciones de sus dioses dientes de tiburón, espinas de mantarraya y fósiles de peces y moluscos, visibles en las paredes y escalinatas de estuco, con el que construyeron edificios y templos, hace más de mil 200 años.

Se trata de una de las conclusiones del trabajo conjunto, que desde 2007, realizan Jesús Alvarado Ortega, del Instituto de Geología (IGl) de la UNAM, y Martha Cuevas García, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Para fortalecer con más miradas científicas su estudio, integraron al grupo multidisciplinario a Francisco Riquelme, estudiante de doctorado del IGl, y a José Luis Ruvalcaba Sil, investigador del Instituto de Física (IF).

Ellos han escudriñado los fósiles marinos mediante análisis que incluyen microscopía de barrido, detección de “huellas químicas” y estudios físicos, para conocer la composición de materiales como huesos y estuco, con pruebas de sonoluminiscencia, fluorescencia y difracción de rayos X, utilizando la técnica PIXE (siglas en inglés de Emisión de Rayos X Inducida por Partículas).

Los cuatro especialistas trabajan con 31 fósiles encontrados en Palenque en 1952, cuando el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, descubrió en ese sitio el emblemático Templo de las Inscripciones.

Los vestigios fueron hallados principalmente en contextos funerarios; dientes de tiburón y espinas de mantarraya fueron depositados como parte de las ofrendas. La presencia de estos elementos, consideraron los académicos, era una conexión entre sus dos mundos: el marino y el terrenal.

Análisis multidisciplinarios

El paleontólogo Jesús Alvarado explicó que los fósiles pertenecen a varios periodos; los más antiguos corresponden al Paleoceno, de hace 63 millones de años.

Los restos fueron utilizados principalmente con fines rituales durante el periodo Clásico Tardío, entre los años 600 y 850 después de Cristo, cuando seguramente fueron descubiertos por los pobladores de Palenque, acotó.

En tanto, el especialista en peces fósiles, Alvarado, realizó trabajos de prospección paleontológica para cotejar los materiales utilizados en esa zona con las rocas que contenían los fósiles, comprobando que eran los mismos.

“Palenque está construido sobre diferentes formaciones geológicas, que son las portadoras de los diferentes materiales arqueológicos, como rocas que fueron utilizadas para construir la ciudad y que son las que tienen fósiles de peces en sus lajas”, indicó el investigador.

El terreno actual de ese sitio es casi plano, pero sospecha que los pobladores de esa ciudad maya modificaron la estructura de la región al extraer muchas lajas, y fue cuando encontraron los fósiles de 63 millones de años.

Tierra que fue mar

Alvarado explicó que hace cinco millones de años no existía Centroamérica como parte del continente, ni como la línea territorial actual conectada a Sudamérica y Norteamérica.

“Antes, esa zona eran pequeños islotes y formaba corredores que permitían pasar a los organismos vivos; por ello, hay una mezcla singular del norte y del sur, y no es homogénea”, explicó.

El cambio del ecosistema marino al terrestre ocurrió por la dinámica del planeta. Un choque entre la parte norte y sur de América provocó movimientos en las placas tectónicas, que modificaron los niveles continentales respecto al mar, lo que favoreció la formación de una zona territorial intermedia.

De aquel tiempo datan los fósiles de peces, crustáceos, grandes tiburones, mantarrayas y tortugas que dejaron sus fósiles hasta la época maya, para integrarse a una cosmovisión que integró al mar y la tierra.

Este trabajo, reconoció Martha Cuevas, ha permitido realizar análisis multidisciplinarios de los fósiles y reinterpretar el conocimiento que esa cultura tuvo de un pasado marino que integró a su cosmovisión.

“La existencia de esos fósiles nutrió la concepción maya de una ciudad marina asociada al inframundo”, comentó la arqueóloga, y añadió que la idea central del trabajo entre el INAH y la UNAM fue comprobar si el contacto con esos vestigios aportó elementos a su visión del mundo.
Créditos: UNAM. DGCS -392/unam.mx