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Depresión y fobias, principales problemas de conducta de los preadolescentes

 
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Patricia Andrade Palos, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Patricia Andrade Palos, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

29 de mayo de 2011

• Los padres minimizan los problemas de los niños y no saben identificar si se sienten solos, están tristes, o si no se perciben como populares o importantes, advirtió Patricia Andrade, de la FP de la UNAM

La depresión, y las fobias de tipo social, constituyen los principales problemas psicológicos internalizados que más presentan los preadolescentes; muchas veces son minimizados por los padres y, por ello, no son motivo de consulta, señaló Patricia Andrade Palos, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Se trata de conductas poco conocidas y aceptadas, presentes en menores de nueve a 12 años y a las que los progenitores no ven como un inconveniente, destacó.

En cambio, los problemas externalizados -como el bullying, la rebeldía y otras actitudes desafiantes –, por lo regular son motivo de alarma, pues son comportamientos que sí se manifiestan; “incluso, considero que ha habido un sobre diagnóstico de ellos”, expresó.

La especialista en psicología social comentó que hay pocas investigaciones sistemáticas a nivel nacional que reporten realmente las dificultades por las que atraviesan niños y jóvenes en la actualidad.

Sin embargo, en el año 2000 se empezó a observar que sí existen y que no eran atendidas. “Por ejemplo, no se aceptaba la depresión en los menores, y ahora hay registro de decenas de adolescentes en hospitales psiquiátricos”, expresó.

Ante esta problemática, precisó, “en los últimos años hemos hecho estudios para conocer los factores familiares que influyen en el desarrollo de esos problemas y diseñar programas de prevención, dirigidos a los padres, que permitan consolidar habilidades de apoyo y control”.

El objetivo principal de la investigación, acotó, es determinar qué elementos de la relación padre-hijo inciden para tener las herramientas empíricas y diseñar planes adecuados.

Con ese fin, aplicamos un cuestionario a padres de alrededor de 380 niños; la respuesta de los menores fue favorable, y en muchos casos, se obtuvieron datos de ambos progenitores, en lo referente a problemas internalizados y externalizados.

Con base en ello, los especialistas se percataron que ambos padres minimizan los problemas internos de los niños y no saben identificar cuando se sienten solos, tristes, o que no se les perciba como populares o importantes. Por otra parte, muchas madres solo advierten que sus hijos tienen dificultades si son conflictivos en la escuela, si los reportan o si bajan en sus calificaciones.

En cambio, agregó, los infantes respondieron que tienen más problemas internalizados de los que sus papás piensan, y por otro lado, no ven tan graves algunas conductas externas como burlarse de algún compañero.

También, “descubrimos que el apoyo siempre es importante y que el control, además de ser necesario, tiene una parte positiva: la guía y la supervisión”. Asimismo, “determinamos que en este rubro lo importante es ver cómo guiar a los hijos sin menoscabar su autonomía, sobre todo en la etapa de la preadolescencia, en la que hay cambios sexuales, sociales y de cognición”, indicó.

Los padres deben convencerse que es necesario cambiar su manera de controlar, guiar, supervisar e, incluso, de expresar su cariño y afecto a medida que sus descendientes crecen, consideró. Aparentemente, son cuestiones simples, pero afectan la relación y pueden distanciarlos, subrayó.

Tras hacer el análisis de los datos, prosiguió, “también nos percatamos que el control psicológico ejercido por la madre es el factor de mayor peso en los niños con depresión. Es decir, si ella descalifica, si aplica mecanismos de inducción de culpa, devalúa o es chantajista, afecta de manera importante el desarrollo de los menores.

Por lo regular, las madres no se percatan de la situación, porque creen que esas acciones son correctas. Además, abundó, “hemos podido ver que en la preadolescencia, la imposición y el control psicológico afectan de manera negativa a los pequeños”.

Programa interactivo

Con base en los resultados, se diseñó un programa de cinco sesiones, cuyo objetivo es que los padres reflexionen sobre las conductas de sus hijos, informó.

No se trata de dar recetas mágicas, sino de trabajar de manera interactiva para cambiar esos comportamientos, que dañan el desarrollo de los infantes, aclaró.

Las sesiones son grupales, lo que propicia mayor dinamismo e intercambio de ideas y que lleva a mejorar la relación entre padres e hijos; además, otra ventaja del trabajo colectivo, es que los padres advierten que no son los únicos que sufren y enfrentan ese tipo de problemas, lo que reduce su estrés.
Se busca que al final del taller reconozcan sus fortalezas y debilidades; asimismo, se les pide que elijan una conducta específica que quieran cambiar con su progenitor para trabajar en ella. De esta manera, pueden ver que son capaces de aplicar los conocimientos adquiridos, precisó.

Otro aspecto importante de este tipo de programas, es que se puede evaluar su efectividad; por ello, “el siguiente paso será reunirnos nuevamente con los padres y comentar sus experiencias, para evaluar los cambios, concluyó.

Créditos: UNAM-DGCS-317-2011/unam.mx

EL EMBARAZO EN ADOLESCENTES, UNA FUENTE IMPORTANTE DE ESTRÉS

 
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Andrómeda Valencia Ortiz, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.
Andrómeda Valencia Ortiz, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

• Se presenta en una etapa en la que aún no se ha completado de manera natural el desarrollo físico y emocional, advirtió Andrómeda Valencia Ortiz, de la FP de la UNAM
• La mujer no sólo tendrá cambios físicos importantes, también se ve en la necesidad de interrumpir su formación escolar o se altera su desempeño en el núcleo familiar, lo que la puede conducir a situaciones de aislamiento, incertidumbre e incluso depresión, precisó

En los adolescentes, el embarazo se presenta como una fuente importante de estrés, pues en esta etapa aún no está conformada su identidad, son inmaduros emocional y socialmente, y aún dependen económicamente de sus padres, indicó Andrómeda Valencia Ortiz, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Además, las transformaciones físicas y emocionales que ocurren durante la gestación, se incrementarán en esta etapa, porque los jóvenes todavía no concluyen cambios inherentes al desarrollo.

Uno de ellos, acotó, es el relacionado con la parte de la responsabilidad y la toma de decisiones; si un joven pasa por un proceso de crecimiento normal, tiene tiempo para consolidar y madurar aspectos emocionales, psicológicos y sociales que le permitirán asumir responsabilidades y nuevos retos.

Una adolescente encinta no sólo tendrá cambios físicos importantes; también, en muchos casos interrumpirá su formación escolar o alterará su desempeño en el núcleo familiar, lo que puede derivar en situaciones de aislamiento, incertidumbre e, incluso, depresión.

En contraparte, el varón casi siempre puede continuar con su vida académica y/o social; su principal problema es la responsabilidad financiera.

Otra situación importante es que los jóvenes, a pesar del embarazo, no necesariamente comienzan una vida en pareja; muchos de ellos siguen dependientes de sus papás y, por ello, deben sujetarse a las reglas de casa, mencionó.

Ayuda profesional y familiar

En muchos casos, abundó, procrear resulta un desafío positivo, sobre todo si se cuenta con apoyo, pero sin él, el manejo de la situación podría generar un conflicto mayor.

Si se busca asistencia de un psicólogo para sobrellevar un embarazo en esta etapa, lo primero que debe hacer el especialista es ayudar a elaborar un nuevo plan de vida, sin perder de vista las prioridades.

Otro paso importante, añadió, es platicar con la futura madre sobre los cambios físicos y estrategias de cuidado para un recién nacido.

La prevención se relaciona con una buena educación sexual, que se refleja en el conocimiento del uso correcto de los métodos anticonceptivos, en el funcionamiento del cuerpo, y en la preparación para tomar decisiones sobre la salud reproductiva.

Asimismo, se deben reforzar las estrategias de comunicación y supervisión dentro de la familia.

En caso de embarazo, los padres de los adolescentes deben ser cautelosos y no tomarlo como una tragedia, pues en muchos casos la actitud del joven con respecto a su hijo dependerá de la que tomen sus progenitores, concluyó.

Créditos: UNAM-DGCS-272-2011/unam.mx

EN MÉXICO, ENTRE OCHO Y NUEVE POR CIENTO DE LOS INFANTES TIENE RASGOS DEPRESIVOS

 
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Existen estudios que pueden reportar sintomatología hasta en el 20 por ciento de ciertas poblaciones, como infantes enfermos o maltratados.
Existen estudios que pueden reportar sintomatología hasta en el 20 por ciento de ciertas poblaciones, como infantes enfermos o maltratados.

30 de abril de 2011

• Hasta los nueve años, niñas y niños se ven afectados por igual, pero con el inicio de la pubertad empiezan a “actuar” las hormonas y la relación cambia a dos mujeres por varón, dijo María Teresa Gutiérrez Alanís, académica de la Facultad de Psicología
• No obstante, existen estudios que pueden reportar sintomatología hasta en el 20 por ciento de ciertas poblaciones, como infantes enfermos o maltratados, señaló

Para prevenir aislamiento y depresión infantiles es necesario recuperar los espacios de afecto, convivencia y comunicación familiar; además, tener un grupo social de soporte y actividades deportivas, recreativas o culturales para abrir la posibilidad de crecimiento en todas las áreas, incluidas las de expresión de las emociones, propuso Ma. Teresa Gutiérrez Alanís, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

Según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica, el estudio realizado a escolares arrojó que la incidencia de menores con rasgos depresivos oscila entre ocho y nueve por ciento. En tanto, 30 por ciento de los mexicanos de 18 a 65 años padece algún trastorno psiquiátrico; los más frecuentes, ansiedad, adicciones y depresión.

Uno de los precursores más importantes de la depresión es el estrés, problema de nuestro tiempo. Las exigencias cada vez mayores y las escasas oportunidades se suman a los pocos soportes sociales que se han debilitado, como la familia, el grupo social inmediato, y hasta las creencias religiosas.

De pronto, estamos expuestos a variadas fuentes de tensión, que se pueden complicar y derivar en las condiciones referidas, y lo mismo ocurre entre los menores, señaló la experta.

La depresión va en aumento. Las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud indican que para 2025 será el primero o segundo lugar en la lista de problemas de salud pública. “Es impresionante, porque además los pacientes tardan en diagnosticarse y atenderse”.

Los adultos de 2025 son los niños de hoy. Empero, en las políticas del área no se promueve la salud mental, sólo se trata de acciones que no tienen gran peso; además, no es un tema socializado en las escuelas.

La depresión, un asunto multicausal

La depresión es un asunto multicausal, donde intervienen factores genéticos, biológicos, bioquímicos cerebrales, de estilos de crianza y de desarrollo de habilidades para afrontar dificultades en la vida. A ello, se pueden sumar situaciones como la pérdida de un ser querido, que hacen más vulnerables a ciertas personas.

Es aceptado que la incidencia de menores con rasgos depresivos oscila entre ocho y nueve por ciento (según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica), aunque las cifras al respecto son variables, pues existen estudios que pueden reportar sintomatología hasta en el 20 por ciento de ciertas poblaciones (enfermos o maltratados, entre otros), y a ello se aúna la dificultad para medir y detectar el fenómeno en niños.

Entre la población infantil existen pocas investigaciones, reconoció, pero se sabe que si un pequeño presenta el problema, tendrá mayor propensión a sufrir más episodios depresivos a lo largo de su vida que quien no los vive a temprana edad, dijo Gutiérrez Alanís. Las niñas y niños de hasta nueve años se ven afectados por igual, pero luego de esa etapa, con el inicio de la pubertad, empiezan a “actuar” las hormonas y la proporción cambia a dos mujeres por cada hombre.

A ello se suma el uso excesivo de videojuegos e internet, que contribuye a su aislamiento; dejan de hacer otras actividades, de convivir y relacionarse, además de que mantenerlos en un mundo de fantasía, con otras reglas y límites que los pueden confundir.

El problema central es la pérdida de contacto con otros humanos, de la oportunidad de conversar con familiares y amigos, de divertirse y aprender a lidiar con la vida real, a jugar y negociar las reglas, a perder y ganar. “En muchos de estos casos puede tratarse de aquellos que no saben tolerar la frustración, lo que los sitúa en desventaja”.

Síntomas de la depresión infantil

El cuadro de depresión es el mismo en niños y adultos: tienen síntomas emocionales y físicos, conductuales y cognitivos. En el caso de los menores, a veces se llama depresión enmascarada o encubierta; la sintomatología ocurre a través de los denominados equivalentes depresivos, y cambia en función del grado de desarrollo del chico.

Un infante no puede expresar con un grado de maduración que está preocupado, triste o presionado, pero su equivalente sería una queja por dolencia física o somática, dolor de cabeza, estómago, enuresis o algún trastorno de conducta, como volverse más inquieto o irritable.

Los más pequeños externarían su malestar con dolencias, miedo, crisis de llanto, pesadillas o no querer separarse de su madre; de los nueve ó 10 años en adelante, se asemejan más a los adolescentes, y los indicios se asocian más con una conducta antisocial, como rebeldía.

No obstante, reconoció, el mayor problema es detectar el padecimiento, porque se enmascara o se pasa por alto; además, no se pone cuidado en atender a un niño que da problemas o se aísla, aunque haya tenido intentos de suicidio.

El tratamiento, aclaró Teresa Gutiérrez, consiste en psicoterapia de varios tipos, como la de corte cognitivo-conductual; en caso de que sea una depresión mayor, con toda la sintomatología, se requiere el uso de antidepresivos.

Por último, recomendó a los padres estar pendientes de sus hijos y detectar si el llanto aumenta, si se enoja, hace berrinches, tiene pesadillas o si ocurre cualquier cambio, para brindarle atención oportuna.
Créditos: UNAM-DGCS-252-2011/unam.mx

Detectan sintomatología depresiva en niños de primaria

 
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ENTREVISTA9 de enero de 2011

• Según un estudio aplicado a mil 340 infantes de tercer a sexto grado, en 12 escuelas del DF, el 20.22 por ciento de los infantes presentó indicios
• No se trata de un diagnóstico de depresión, son sólo síntomas que podrían derivar en esa enfermedad durante la adolescencia o vida adulta, dijo Verónica Alcalá Herrera, de la FP de la UNAM

Tras un estudio aplicado a mil 340 niños que cursan de tercero a sexto grado de primaria, en escuelas ubicadas al sur del DF, académicos de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM detectaron sintomatología depresiva en 271 de ellos (20.22 por ciento).

No se trata de un diagnóstico de depresión, sino de indicios que pudieran derivar en esa enfermedad durante la adolescencia o en la vida adulta, explicó Verónica Alcalá Herrera, académica del Departamento de Psicofisiología de la FP, y quien participó en el estudio.

Los resultados de la prueba, aplicada en 12 primarias públicas, privadas, de enseñanza tradicional y activa, en los turnos matutino y vespertino, no arrojaron diferencias significativas entre ambos géneros, ni en sus edades, pero sí entre las escuelas tradicionales y activas: del total de la muestra, los infantes de las primeras tenían mayor puntaje en las escalas depresivas que los niños de planteles activos.

“En esos pequeños observamos tendencias hacia una tristeza que, en algunos casos, era profunda, así como pensamientos de muerte, preocupaciones, miedos y aflicciones. “Por ello, podemos hablar de una sintomatología depresiva. Las causas no fueron investigadas, pero es necesario considerar hacerlo”, añadió.

Los académicos universitarios utilizaron una prueba de depresión infantil de origen australiano en su versión española, que fue estandarizada para México: la Children’s Depression Scale (CDS), de M. Lang y M. Tisher, que consiste en un cuestionario de 66 preguntas de escala Likert.

En ella, se miden la parte positiva u optimista, y la parte negativa o depresiva, que es la más grande e importante. “Los resultados nos sorprendieron porque 20.22 por ciento de niños con sintomatología depresiva es un porcentaje muy alto. Ello no significa que haya 20.22 por ciento de infantes deprimidos. De cualquier manera, el porcentaje fue mayor de lo que se había reportado anteriormente”, indicó.

En un estudio realizado en 1995, a una población de 150 niños de una sola escuela del DF, se encontró que alrededor de 10 por ciento presentaba síntomas depresivos.

Poblaciones en riesgo

Las poblaciones de infantes en riesgo de desarrollar depresión son aquellas que viven en cierto abandono, con violencia física y psicológica, sin atención ni cuidados de salud, y cerca de problemas de alcoholismo y drogadicción.

Cualquier tipo de maltrato, por sutil que parezca, es un factor que coloca a un niño en peligro de desarrollar depresión. La alineación parental, común en la actualidad, se caracteriza porque los padres en proceso de divorcio utilizan a sus hijos para un chantaje mutuo.

“Este tipo de maltrato puede generar un estado de depresión en los pequeños”, Asimismo, el estrés cotidiano y el generado por la carga de trabajo escolar también pueden estar asociados a la depresión, apuntó Alcalá Herrera.

Síntomas Cognitivos, emocionales, sociales y físicos

Los niños en riesgo de desarrollar depresión presentan diversos síntomas que se agrupan en cognitivos, emocionales, sociales y físicos.

Los cognitivos tienen que ver con dificultades en el aprendizaje por falta de atención, concentración y memoria, y hacen al menor distraído y tardo en sus actividades escolares; además, se observa una lentitud de pensamiento y lenguaje, por lo que no realiza sus tareas a tiempo o en forma adecuada.

Pueden variar en intensidad, cantidad y duración. Por ello, es necesario consultar a un experto para obtener un diagnóstico certero. La variedad de síntomas puede hacer que una depresión se confunda con otros padecimientos. Si el estado se prolonga demasiado tiempo, incluso puede afectar biológicamente la etapa adulta.

“En adultos se ha observado que ciertas estructuras cerebrales relacionadas con el aprendizaje, como el hipocampo, la amígdala, el cerebelo y los lóbulos frontales, quedan afectadas por estados depresivos crónicos. Entonces, a esas personas les cuesta trabajo aprender, analizar, planear, evaluar situaciones y tomar decisiones”, señaló la académica universitaria.

Lo síntomas emocionales se expresan mediante un abatimiento conductual y un nulo placer por llevar a cabo diferentes tareas. El niño está desanimado, poco motivado, se aburre con facilidad, nada lo hace feliz ni le permite disfrutar la vida; es pesimista, tiene una baja autoestima y se siente insatisfecho con sus actividades; además, pierde el sentido del humor.

Los síntomas sociales se manifiestan por medio de diferentes conductas: se aísla, tiene poco contacto con otros niños y con adultos, no puede hacer amigos. “Se come su almuerzo solo, no le gusta compartir, se queda ensimismado”, añadió la académica.

En cuanto a los síntomas físicos, pueden ser dolores de estómago, de cabeza y trastornos del sueño como pesadillas o insomnio. El infante suele mostrarse cansado, presentar cambios en sus hábitos alimenticios y enuresis (emisión no voluntaria de orina durante el día o la noche).

Un niño puede estar triste, enojado, o padecer un dolor de estómago, pero ello no significa que sufra una depresión. Para un diagnóstico preciso se deben analizar diversos factores, como el contexto en que vive.

“La depresión infantil es una de las enfermedades más difíciles de diagnosticar, porque a los pequeños les cuesta mucho trabajo expresar lo que piensan. Es necesario utilizar estrategias para conocerlos”, concluyó Alcalá Herrera.
Créditos: UNAM-DGCS-009-2018/unam.mx

La depresión, sin relación con la infertilidad

 
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Francisco Antonio Morales Carmona, académico de la FP de la UNAM.
Francisco Antonio Morales Carmona, académico de la FP de la UNAM.

4 de agosto de 2010

• Ese estado emocional acompaña a la imposibilidad de lograr un embarazo, pero no es la causa, afirmó Francisco Antonio Morales Carmona, de la FP de la UNAM

Es difícil que un estado emocional como la depresión conduzca por sí solo a un cambio biológico tan radical que impida el embarazo, afirmó Francisco Antonio Morales Carmona, académico de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.

De hecho, subrayó, actualmente está más que probada la existencia de factores orgánicos que determinan la imposibilidad de gestación.

En realidad, la depresión acompaña a la infertilidad, pero no es causa de la misma; sin embargo, muchas veces las mujeres o las parejas, como parte del proceso que viven y por su estado, así lo interpretan, indicó el también jefe del Departamento de Psicología del Instituto Nacional de Perinatología.

Entonces, reiteró, se piensa que esto contribuye a perder un bebé o no poder embarazarse, cuando no hay relación. A veces se habla de la ansiedad que genera la incapacidad de concebir, pero ésta tendría que ser totalmente patológica para alterar el equilibrio biológico de la mujer, abundó.

Depresión e infertilidad

Morales Carmona añadió que la depresión es un término utilizado en diferentes contextos. Puede ser un síntoma, un estado de ánimo o un trastorno.

En tanto, la infertilidad agrupa a mujeres que pueden embarazarse y no llegar al término de la gestación, y a las que, a pesar de sus deseos de procrear, no pueden hacerlo. Es importante establecer la diferencia desde el punto de vista psicológico, acotó, porque cuando se pierde el producto se genera un duelo, tristeza y sensaciones de frustración e impotencia.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más del 90 por ciento de los casos de infertilidad que se presentan tienen solución a través de tratamientos médicos.

En México, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), un millón y medio de parejas padecen infecundidad, y 85 por ciento de los casos se debe a causas que pueden ser diagnosticadas a través de un estudio médico adecuado.

En caso de infertilidad, existen tratamientos psicológicos que consisten en acompañar a la paciente en el proceso de diagnóstico y detección de los factores que contribuyen a su imposibilidad reproductiva. La idea es que la mujer se encuentre en las mejores condiciones emocionales, concluyó Morales Carmona.

Créditos: UNAM. DGCS -461/unam.mx