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DESARROLLAN LECTOR ÓPTICO PARA DETECTAR CÁNCER O ENFERMEDADES VIRALES DESDE LA CÁMARA DE UN CELULAR

 
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camaralectoradeenfermedadesRealizar desde la cámara de un teléfono celular una primera detección de cáncer de mama o de próstata, del virus del papiloma humano o de la hepatitis C, será posible con el uso de un sofisticado lector óptico de microarreglos de ADN que ya desarrollan un investigador de la UNAM y su colega de una empresa en Estados Unidos.

El innovador proyecto, que avanza con dos prototipos y una patente en trámite para esta casa de estudios, lo encabeza Luis Vaca Domínguez, del Instituto de Fisiología Celular (IFC), con quien colabora un físico experto en óptica y electrónica en el vecino país del norte.

El lector óptico para diagnóstico médico será un dispositivo que se añadirá al teléfono celular para aprovechar la cámara que tiene y se convertirá en un lector de microarreglos de ADN portátil, accesible y de bajo costo.

“Todo mundo tiene un teléfono móvil y el lector óptico permitirá leer un microarreglo de ADN para ubicar los marcadores genéticos de esas enfermedades. Será un auxiliar para la detección, que luego deberá validarse con otros estudios”, explicó en entrevista.

Médico y doctor en Ciencias Biomédicas, el universitario está a cargo del análisis y adaptación de la biología molecular del proyecto, mientras su contraparte se encarga de armar circuitos integrados y la óptica del lector.

Análisis simultáneo de genes

Los microarreglos de ADN son un grupo ordenado de muestras de genes reunidas en una superficie pequeña de vidrio, plástico o silicio en la que caben alrededor de 10 mil muestras por centímetro cuadrado.

En la era de la secuenciación de genomas completos de varios organismos, los microarreglos son una de las herramientas más útiles de la biología molecular y las ciencias genómicas, pues facilitan el análisis simultáneo de miles de genes en pequeños espacios.

Hace algunos años los estudiosos de los cambios en la expresión de los genes debían analizarlos uno por uno, pero hacia finales de la década de 1980 se crearon estos dispositivos para leer de manera simultánea miles de los genes de un organismo en un solo experimento.

“El lector óptico para diagnóstico médico realizará una detección molecular desde un dispositivo portátil y será un primer indicio de que existe una afección”, explicó Vaca Domínguez.

Con dos prototipos construidos, el universitario y su colega desarrollan un tercero, más sensible a la detección. “Aunque trabajo con un físico que hace su parte en el extranjero, él ha cedido su parte de los derechos de patente, la cual ya tramitamos a nombre de la UNAM”, aclaró.

La alianza ha funcionado muy bien porque les ha permitido obtener recursos tanto para la compañía, como para el laboratorio de Vaca Domínguez en el IFC.

“El equipo es del tamaño de una grabadora portátil, se acoplará a la cámara del teléfono celular y leerá la señal del vidrio del microarreglo, que se ve como un grupo de puntitos; cada uno de ellos es un gen. Así podemos detectar cuáles están alterados en sangre, en orina o en tejido de pacientes”, indicó.

El proyecto iniciará con la detección de cáncer de mama y de próstata, que son los que más afectan a mujeres y hombres; seguirá con la de virus como el de hepatitis C. “Los marcadores que incluyen los microarreglos son sugerentes de un problema y después una evaluación clínica permitirá confirmar el diagnóstico”, precisó.

La idea es hacer este diagnóstico masivo, de tal forma que el estudio del microarreglo cueste 10 o 15 pesos cuando se produzca a gran escala. “Queremos lograr que sea muy económico y se pueda utilizar –por parte de médicos y enfermeras– prácticamente en cada consultorio del país”, finalizó.

Créditos:UNAM-DGCS-195-2014

UTILIZAN ADN PARA COMBATIR TRÁFICO ILEGAL DE PLANTAS Y ANIMALES AMENAZADOS EN MÉXICO

 
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Sobreexplotados por los humanos debido a su belleza como organismos vivos, por la calidad de algunas sustancias de importancia alimenticia o medicinal y por partes de su cuerpo como pieles, plumas, huesos, flores o semillas, miles de plantas y animales sobreviven en el planeta en diversas categorías de riesgo y en ocasiones son rebasados por la extinción.
En países megadiversos como México, que ocupa el primer lugar mundial en riqueza de reptiles, el segundo en mamíferos y el cuarto en anfibios y plantas, el tráfico ilegal de especies es intenso, sobre todo por su variedad, que incluye organismos endémicos o exclusivos de alguna región del territorio.
Para identificar a especies amenazadas y ayudar a ubicar las rutas de contrabando que las afectan, el Instituto de Biología (IB) de la UNAM participa, junto con otras instituciones nacionales, en el Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre (Barcode of Wildlife Project), que utiliza ADN para identificar plantas y animales en riesgo.
En la iniciativa colaboran la investigadora del IB, Virginia León Régagnon (coordinadora nacional del proyecto); Guadalupe Velarde Aguilar y Gilda Andrade Michel, administradora y responsable de difusión en México, respectivamente, así como un grupo de especialistas en distintos grupos de organismos.
Además de esta casa de estudios, en México participan expertos de El Colegio de la Frontera Sur, el Centro de Investigaciones Biológicas del Noreste, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
También, autoridades de la Procuraduría General de la República encargadas de perseguir los delitos ambientales y la División Científica de la Policía Federal, que aporta su experiencia en el uso del ADN para la identificación de restos humanos.
A nivel mundial contribuyen México, Sudáfrica, Kenia y Nigeria; este año se unirán dos naciones por definir de Asia y Sudamérica.
En 2013, Google otorgó uno de sus premios Global Impact Awards a esta iniciativa mundial para utilizar los códigos de barras genéticos encaminados a combatir el tráfico ilegal de especies.
El proyecto incluye la creación de una biblioteca de códigos de especies amenazadas y sujetas a tráfico internacional, que las autoridades puedan utilizar como herramienta de identificación rápida y eficaz de ejemplares o productos derivados y que fortalezcan las evidencias en los juicios.
Como en el supermercado
Así, se emula a los sistemas empleados en los supermercados para identificar cada producto, pero la diferencia es que éste es genético y recurre al ADN individual, una huella que permanece inalterada a través del desarrollo y es única para cada ser vivo.
Desde hace años, el ADN ha sido usado por los científicos para identificar organismos a partir de pequeños fragmentos de sangre, pelo, hojas o raíces.
En el Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre se utiliza un pequeño fragmento de ADN para ese fin; actualmente, en todo el mundo se obtienen códigos de cientos de seres vivos y se espera que algún día todos tengan el suyo.
De manera conjunta, científicos y gobierno laboran para generar protocolos adecuados para que esos códigos se empleen de manera rutinaria en casos donde la identidad esté en duda, así como para construir un marco legal para que la huella de ADN sea válida en juicios y procedimientos administrativos.
Actualmente, se cuenta con una lista de 200 especies prioritarias, a partir de las cuales se obtendrán códigos de barras genéticos que constituirán la biblioteca de referencia, junto con los códigos de especies similares con las que se podrían confundir.
Mayor información del proyecto y sus avances en las páginas www.barcodeofwildlife.org y http://bwp-mex.blogspot.mx/.
Créditos: UNAM-DGCS-024-2014

adnmemoriaSobreexplotados por los humanos debido a su belleza como organismos vivos, por la calidad de algunas sustancias de importancia alimenticia o medicinal y por partes de su cuerpo como pieles, plumas, huesos, flores o semillas, miles de plantas y animales sobreviven en el planeta en diversas categorías de riesgo y en ocasiones son rebasados por la extinción.

En países megadiversos como México, que ocupa el primer lugar mundial en riqueza de reptiles, el segundo en mamíferos y el cuarto en anfibios y plantas, el tráfico ilegal de especies es intenso, sobre todo por su variedad, que incluye organismos endémicos o exclusivos de alguna región del territorio.

Para identificar a especies amenazadas y ayudar a ubicar las rutas de contrabando que las afectan, el Instituto de Biología (IB) de la UNAM participa, junto con otras instituciones nacionales, en el Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre (Barcode of Wildlife Project), que utiliza ADN para identificar plantas y animales en riesgo.

En la iniciativa colaboran la investigadora del IB, Virginia León Régagnon (coordinadora nacional del proyecto); Guadalupe Velarde Aguilar y Gilda Andrade Michel, administradora y responsable de difusión en México, respectivamente, así como un grupo de especialistas en distintos grupos de organismos.

Además de esta casa de estudios, en México participan expertos de El Colegio de la Frontera Sur, el Centro de Investigaciones Biológicas del Noreste, la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

También, autoridades de la Procuraduría General de la República encargadas de perseguir los delitos ambientales y la División Científica de la Policía Federal, que aporta su experiencia en el uso del ADN para la identificación de restos humanos.

A nivel mundial contribuyen México, Sudáfrica, Kenia y Nigeria; este año se unirán dos naciones por definir de Asia y Sudamérica.

En 2013, Google otorgó uno de sus premios Global Impact Awards a esta iniciativa mundial para utilizar los códigos de barras genéticos encaminados a combatir el tráfico ilegal de especies.

El proyecto incluye la creación de una biblioteca de códigos de especies amenazadas y sujetas a tráfico internacional, que las autoridades puedan utilizar como herramienta de identificación rápida y eficaz de ejemplares o productos derivados y que fortalezcan las evidencias en los juicios.

Como en el supermercado

Así, se emula a los sistemas empleados en los supermercados para identificar cada producto, pero la diferencia es que éste es genético y recurre al ADN individual, una huella que permanece inalterada a través del desarrollo y es única para cada ser vivo.

Desde hace años, el ADN ha sido usado por los científicos para identificar organismos a partir de pequeños fragmentos de sangre, pelo, hojas o raíces.

En el Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre se utiliza un pequeño fragmento de ADN para ese fin; actualmente, en todo el mundo se obtienen códigos de cientos de seres vivos y se espera que algún día todos tengan el suyo.

De manera conjunta, científicos y gobierno laboran para generar protocolos adecuados para que esos códigos se empleen de manera rutinaria en casos donde la identidad esté en duda, así como para construir un marco legal para que la huella de ADN sea válida en juicios y procedimientos administrativos.

Actualmente, se cuenta con una lista de 200 especies prioritarias, a partir de las cuales se obtendrán códigos de barras genéticos que constituirán la biblioteca de referencia, junto con los códigos de especies similares con las que se podrían confundir.

Mayor información del proyecto y sus avances en las páginas www.barcodeofwildlife.org y http://bwp-mex.blogspot.mx/.

Créditos: UNAM-DGCS-024-2014

UN impulsa análisis de datos genómicos en el país.

 
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21 de Febrero del 2013
El estudio de las enfermedades complejas tiene un prometedor campo de exploración: el análisis de datos genómicos, una serie de herramientas estadísticas poco usadas en Colombia.
El doctor Humberto Arboleda, profesor del Instituto de Genética de la UN, explica que los datos genómicos son aquellos que se desprenden del análisis del genoma de cada especie, es decir, de la secuencia de ADN que tiene cada individuo en cada una de sus células.
“Esa organización (la secuencia de ADN) depende de la especie y tiene muchas variantes de distintos tipos. Estas se vuelven muy relevantes para determinar la variabilidad de los individuos, de las especies e, incluso, de una patología”, señala.
Y añade: “todas esas variantes de nuestros genes, variantes de regiones que no son genes, cuentan mucho para entender la complejidad de las enfermedades”.
El análisis de estos datos consiste en la utilización de una serie de herramientas estadísticas que permiten usar información de distintas bases de datos que existen a nivel internacional. Estas son necesarias para estudiar las enfermedades, en especial las complejas, como la diabetes, la hipertensión, el cáncer, la artritis o el alzhéimer.
“De lo que se trata es de analizar el genoma humano y lo que se conoce que está recogido en muchas bases de datos, que son de distinto tipo y utilizan distintas herramientas”, puntualiza el profesor Arboleda.
Estas herramientas, según el experto, permiten conocer de modo más preciso a cada individuo y los riegos que tiene de sufrir una enfermedad. Así, ofrecen posibilidades futuras de pronóstico, de manejo temprano de dichas patologías y de hacer medicina preventiva.
“Todo esto va a servir para investigar particularmente por qué una persona puede no responder a una terapia, quién responde mejor, cuáles son sus variantes genómicas, qué puede estar influyendo en dichas variantes y en una mejor respuesta o en una no respuesta, etc.”, precisa el doctor Arboleda.
Curso-Taller
Por la relevancia del tema y las repercusiones que puede tener en la sociedad, la Universidad ha organizado el curso-taller Análisis de Datos Genómicos en Enfermedades Complejas, que contará con expertos en el área genómica procedentes de España y de la UN. Las inscripciones están abiertas hasta el próximo 8 de marzo.
Sobre su pertinencia, el profesor Arboleda anota: “Particularmente en nuestros países, todavía sigue siendo raro el análisis de estos datos. Incluso los laboratorios en donde se pueden hacer estas pruebas son muy pocos. Por ejemplo, algunos estudios se hacen en universidades publicas, pero para todas las posibilidades de análisis que existen en este momento prácticamente no hay suficiente recurso humano experto”.
Y concluye: “el objetivo es motivar a estudiantes y profesionales de diferentes áreas (desde matemáticas, física, química y medicina) a que aprendan a utilizar este tipo de herramientas, para que, en nuestro medio, especialmente en la salud, puedan sacarle provecho a estos avances”.
Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html
El análisis de datos genómicos podría abrir camino a mejores tratamientos para enfermedades complejas.

El análisis de datos genómicos podría abrir camino a mejores tratamientos para enfermedades complejas.

21 de Febrero del 2013

El estudio de las enfermedades complejas tiene un prometedor campo de exploración: el análisis de datos genómicos, una serie de herramientas estadísticas poco usadas en Colombia.

El doctor Humberto Arboleda, profesor del Instituto de Genética de la UN, explica que los datos genómicos son aquellos que se desprenden del análisis del genoma de cada especie, es decir, de la secuencia de ADN que tiene cada individuo en cada una de sus células.

“Esa organización (la secuencia de ADN) depende de la especie y tiene muchas variantes de distintos tipos. Estas se vuelven muy relevantes para determinar la variabilidad de los individuos, de las especies e, incluso, de una patología”, señala.

Y añade: “todas esas variantes de nuestros genes, variantes de regiones que no son genes, cuentan mucho para entender la complejidad de las enfermedades”.

El análisis de estos datos consiste en la utilización de una serie de herramientas estadísticas que permiten usar información de distintas bases de datos que existen a nivel internacional. Estas son necesarias para estudiar las enfermedades, en especial las complejas, como la diabetes, la hipertensión, el cáncer, la artritis o el alzhéimer.

“De lo que se trata es de analizar el genoma humano y lo que se conoce que está recogido en muchas bases de datos, que son de distinto tipo y utilizan distintas herramientas”, puntualiza el profesor Arboleda.

Estas herramientas, según el experto, permiten conocer de modo más preciso a cada individuo y los riegos que tiene de sufrir una enfermedad. Así, ofrecen posibilidades futuras de pronóstico, de manejo temprano de dichas patologías y de hacer medicina preventiva.

“Todo esto va a servir para investigar particularmente por qué una persona puede no responder a una terapia, quién responde mejor, cuáles son sus variantes genómicas, qué puede estar influyendo en dichas variantes y en una mejor respuesta o en una no respuesta, etc.”, precisa el doctor Arboleda.


Curso-Taller

Por la relevancia del tema y las repercusiones que puede tener en la sociedad, la Universidad ha organizado el curso-taller Análisis de Datos Genómicos en Enfermedades Complejas, que contará con expertos en el área genómica procedentes de España y de la UN. Las inscripciones están abiertas hasta el próximo 8 de marzo.

Sobre su pertinencia, el profesor Arboleda anota: “Particularmente en nuestros países, todavía sigue siendo raro el análisis de estos datos. Incluso los laboratorios en donde se pueden hacer estas pruebas son muy pocos. Por ejemplo, algunos estudios se hacen en universidades publicas, pero para todas las posibilidades de análisis que existen en este momento prácticamente no hay suficiente recurso humano experto”.

Y concluye: “el objetivo es motivar a estudiantes y profesionales de diferentes áreas (desde matemáticas, física, química y medicina) a que aprendan a utilizar este tipo de herramientas, para que, en nuestro medio, especialmente en la salud, puedan sacarle provecho a estos avances”.

Créditos: http://www.agenciadenoticias.unal.edu.co/inicio.html

Investigan en la UNAM posibles alteraciones cromosómicas provocadas por vanadio

 
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Mario Altamirano Lozano, de la FES Zaragoza, encontró que compuestos como trióxido, tetraóxido y pentóxido de ese elemento provocan esas mutaciones
Trabaja con modelos biológicos, básicamente ratones, y detectó que en la fase embrionaria fetal esos compuestos inducen malformaciones, como acortamiento de extremidades y menor desarrollo
Más del 80 por ciento de los elementos que conforman la tabla periódica son metales, y el ser humano no puede vivir sin ellos. Sin embargo, uno de los procesos que más daña al organismo, la contaminación, implica su presencia en el ambiente.
Uno es el vanadio, como producto de desecho de la combustión de gasolinas y la refinación del petróleo; además, se utiliza en pinturas, aleaciones, industria aeroespacial, como suplemento alimenticio, e incluso, se han propuesto algunos fármacos.
Mario Agustín Altamirano Lozano, académico-investigador de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, ha encontrado que algunos compuestos, como el trióxido, tetraóxido y pentaóxido de vanadio, provocan alteraciones cromosómicas, básicamente rupturas de las cadenas del ADN; retrasan o modifican la división celular, y producen estrés oxidante. Se sabe que los radicales libres son dañinos para las biomoléculas, en particular, para el ADN.
El coordinador de la Unidad de Investigación en Genética y Toxicología Ambiental, explicó que en el laboratorio trabajan con modelos biológicos in vivo (básicamente ratones) para saber qué sucede o podría ocurrir en nuestra especie, e in vitro, “a base del cultivo de células humanas, en particular linfocitos”.
Con estas indagaciones, explicó, han detectado que en la fase embrionaria fetal, ocasionan malformaciones, como acortamiento de extremidades, defectos de cierre del tubo neural, un menor desarrollo, tamaño mermado al nacer, y modificación de la osificación (proceso de creación de nuevo material óseo por las células llamadas osteoblastos).
En cuanto a las células germinales, se altera la viabilidad de los espermatozoides, lo que implica una disminución en las tasas de fertilidad; también, provocan rupturas de cadena de ADN en el esperma; es decir, el vanadio tiene determinados efectos sobre el organismo de esos animales.
El universitario reconoció que no hay mediciones oficiales de las concentraciones del elemento en el medio ambiente, porque aún no alcanza niveles importantes; sin embargo, están en un proceso de acumulación. Hay estudios que revelan que el organismo, especialmente los pulmones, lo acumulan y por ende, aumenta con el tiempo.
Altamirano Lozano recalcó que si bien la situación no es alarmante, va en ese camino; actualmente no se presta la atención requerida, pero es indispensable hacerlo, pues en México el petróleo ocupa el segundo lugar en concentración del metal en el mundo, sólo superado por una nación árabe.
Petróleo y gasolina
En el proceso de refinación del petróleo, uno de los productos de desechos es el pentóxido de vanadio, su forma más tóxica. Si bien se utiliza en la industria para fabricar infinidad de cosas, la gasolina contiene una alta concentración, remarcó.
Hasta el momento, existen uno o dos reportes de medición en la Ciudad de México, pero los niveles todavía están dentro de la norma. No obstante, es posible encontrarlo en agua, aire y alimentos como hongos, cilantro y granos.
Asimismo, añadió que una vez que esos productos concentran vanadio, no hay manera de que lo pierdan. Hablamos de una ingesta, en promedio, de unos 16 microgramos por día, que es considerable.
Las pruebas realizadas en ratones son comparables a la exposición del ser humano en condiciones de contaminación elevada, similares a las que se han reportado en algunas atmósferas de urbes del mundo.
Por ello, apuntó, se toman en consideración los datos referentes reportados en la literatura, y hacemos cálculos para tratar a los ratones. Se busca que sean niveles similares a las exposiciones ambientales del humano, es decir, unos cuantos microgramos.
Con los resultados, el académico y su grupo de colaboradores han publicado artículos en revistas de primer nivel en la materia como Mutation Research, Cell Toxicology, y Toxicology and Environmental Health, entre otras, que tienen un factor de impacto importante, y la mayor parte de la comunidad científica puede acceder a ellas.
En el estudio, que iniciaron hace poco más de dos décadas, colaboran profesores de tiempo completo y de asignatura, estudiantes, prestadores de servicio social, así como tesistas de licenciatura, maestría y doctorado.
La información generada en el laboratorio sirvió para que, en 2003, el equipo se presentara ante la Agencia Internacional para Investigación en Cáncer (IARC), en Lyon, Francia, para comentar que el pentóxido de vanadio es un probable carcinógeno para nuestra especie.
Eso conllevaría a que la industria tuviera que regular la emisión de contaminantes al ambiente, el manejo del elemento y la exposición de los trabajadores, así como mejorar la combustión de las gasolinas.
“Lo importante es tener información suficiente para estar mejor protegidos. Si decimos que no pasa nada, o no tiene efectos, no nos preocupamos, pero si produce daños, se debe evitar que llegue a las personas. Buscamos aportar, de la manera más objetiva posible, datos para evaluación de riesgo”, concluyó.
29 de diciembre de 2012
Mario Altamirano Lozano, de la FES Zaragoza, encontró que compuestos como trióxido, tetraóxido y pentóxido de ese elemento provocan esas mutaciones
Trabaja con modelos biológicos, básicamente ratones, y detectó que en la fase embrionaria fetal esos compuestos inducen malformaciones, como acortamiento de extremidades y menor desarrollo
Más del 80 por ciento de los elementos que conforman la tabla periódica son metales, y el ser humano no puede vivir sin ellos. Sin embargo, uno de los procesos que más daña al organismo, la contaminación, implica su presencia en el ambiente.
Uno es el vanadio, como producto de desecho de la combustión de gasolinas y la refinación del petróleo; además, se utiliza en pinturas, aleaciones, industria aeroespacial, como suplemento alimenticio, e incluso, se han propuesto algunos fármacos.
Mario Agustín Altamirano Lozano, académico-investigador de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, ha encontrado que algunos compuestos, como el trióxido, tetraóxido y pentaóxido de vanadio, provocan alteraciones cromosómicas, básicamente rupturas de las cadenas del ADN; retrasan o modifican la división celular, y producen estrés oxidante. Se sabe que los radicales libres son dañinos para las biomoléculas, en particular, para el ADN.
El coordinador de la Unidad de Investigación en Genética y Toxicología Ambiental, explicó que en el laboratorio trabajan con modelos biológicos in vivo (básicamente ratones) para saber qué sucede o podría ocurrir en nuestra especie, e in vitro, “a base del cultivo de células humanas, en particular linfocitos”.
Con estas indagaciones, explicó, han detectado que en la fase embrionaria fetal, ocasionan malformaciones, como acortamiento de extremidades, defectos de cierre del tubo neural, un menor desarrollo, tamaño mermado al nacer, y modificación de la osificación (proceso de creación de nuevo material óseo por las células llamadas osteoblastos).
En cuanto a las células germinales, se altera la viabilidad de los espermatozoides, lo que implica una disminución en las tasas de fertilidad; también, provocan rupturas de cadena de ADN en el esperma; es decir, el vanadio tiene determinados efectos sobre el organismo de esos animales.
El universitario reconoció que no hay mediciones oficiales de las concentraciones del elemento en el medio ambiente, porque aún no alcanza niveles importantes; sin embargo, están en un proceso de acumulación. Hay estudios que revelan que el organismo, especialmente los pulmones, lo acumulan y por ende, aumenta con el tiempo.
Altamirano Lozano recalcó que si bien la situación no es alarmante, va en ese camino; actualmente no se presta la atención requerida, pero es indispensable hacerlo, pues en México el petróleo ocupa el segundo lugar en concentración del metal en el mundo, sólo superado por una nación árabe.
Petróleo y gasolina

En el proceso de refinación del petróleo, uno de los productos de desechos es el pentóxido de vanadio, su forma más tóxica. Si bien se utiliza en la industria para fabricar infinidad de cosas, la gasolina contiene una alta concentración, remarcó.
Hasta el momento, existen uno o dos reportes de medición en la Ciudad de México, pero los niveles todavía están dentro de la norma. No obstante, es posible encontrarlo en agua, aire y alimentos como hongos, cilantro y granos.
Asimismo, añadió que una vez que esos productos concentran vanadio, no hay manera de que lo pierdan. Hablamos de una ingesta, en promedio, de unos 16 microgramos por día, que es considerable.
Las pruebas realizadas en ratones son comparables a la exposición del ser humano en condiciones de contaminación elevada, similares a las que se han reportado en algunas atmósferas de urbes del mundo.
Por ello, apuntó, se toman en consideración los datos referentes reportados en la literatura, y hacemos cálculos para tratar a los ratones. Se busca que sean niveles similares a las exposiciones ambientales del humano, es decir, unos cuantos microgramos.
Con los resultados, el académico y su grupo de colaboradores han publicado artículos en revistas de primer nivel en la materia como Mutation Research, Cell Toxicology, y Toxicology and Environmental Health, entre otras, que tienen un factor de impacto importante, y la mayor parte de la comunidad científica puede acceder a ellas.
En el estudio, que iniciaron hace poco más de dos décadas, colaboran profesores de tiempo completo y de asignatura, estudiantes, prestadores de servicio social, así como tesistas de licenciatura, maestría y doctorado.
La información generada en el laboratorio sirvió para que, en 2003, el equipo se presentara ante la Agencia Internacional para Investigación en Cáncer (IARC), en Lyon, Francia, para comentar que el pentóxido de vanadio es un probable carcinógeno para nuestra especie.
Eso conllevaría a que la industria tuviera que regular la emisión de contaminantes al ambiente, el manejo del elemento y la exposición de los trabajadores, así como mejorar la combustión de las gasolinas.
“Lo importante es tener información suficiente para estar mejor protegidos. Si decimos que no pasa nada, o no tiene efectos, no nos preocupamos, pero si produce daños, se debe evitar que llegue a las personas. Buscamos aportar, de la manera más objetiva posible, datos para evaluación de riesgo”, concluyó.
Créditos:   UNAM-DGCS-797/2012

¿Inciden estilos de vida en la aparición de la diabetes?

 
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13 de Noviembre del 2012
La diabetes es una enfermedad que ya ha alcanzado grandes dimensiones en México. De ahí que un grupo de científicos del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, dirigido por Christopher Rhodes Stephens, físico teórico, se haya propuesto contribuir a disminuir su impacto entre la población.
De este modo, puso en marcha un proyecto para evaluar la importancia relativa de los factores genéticos y fisiológicos de la diabetes mellitus tipo 2, frente a las formas de vida de las personas. Con un enfoque de la complejidad, los expertos correlacionarán saberes, información y bases de datos de esa afección, generados por la genética, la fisiología y la epidemiología de estilos de vida, precisamente.
SNP
La parte genética es coordinada por Samuel Canizales, de la Facultad de Química, que junto con sus colaboradores, trabaja en la identificación de los llamados polimorfismos de nucleótido único (Single Nucleotide Polymorphisms, o SNP, por sus siglas en inglés), para la susceptibilidad a la enfermedad.
“Un SNP es un cambio en uno de los cuatro nucleótidos (unidades estructurales del ADN: A: adenina, C: citosina, G: guanina y T: timina) que forman un gen. Si en la secuencia la C se convierte en T, entonces se puede originar un rasgo fenotípico distinto: en vez de tener ojos azules, el individuo los tendrá verdes, por ejemplo”, explicó Stephens, en el marco del Día Mundial de la Diabetes, que se conmemora este 14 de noviembre.
Debido a que ya se sabe que varias enfermedades están correlacionadas con uno o más de estos SNP, Canizales y sus colaboradores tratan de identificar los genes con sus respectivos SNP, para saber cuáles se correlacionan con el desarrollo de la enfermedad.
La parte respectiva es coordinada por Marcia Hiriart, directora del Instituto de Fisiología Celular (IFC). Con su equipo labora en la identificación de los cambios fisiológicos que se producen en tejidos de ratas con una dieta alta en azúcares.
Toda la información que se genere será correlacionada con factores de estilos de vida. Esta última parte es coordinada por Stephens, que trabaja en el análisis de bases de datos obtenidos a partir de encuestas nacionales hechas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Secretaría de Salud.
Enredados
¿Por qué bases de datos sobre estilos de vida? Porque, en el caso de la diabetes mellitus tipo 2, la genética no puede explicar por completo su prevalencia o riesgo. Stephens ilustra con el caso de los indios pimas.
“Entre ellos, que viven en Arizona, Estados Unidos, el porcentaje de casos de diabetes es altísimo: 40 por ciento, mientras, entre los que habitan en Chihuahua, México, no es así”.
Genéticamente, ambos grupos son similares; sin embargo, el hecho de que entre ellos haya una susceptibilidad no significa que necesariamente padecerán esta afección. Depende mucho de cómo los estilos de vida interactúan con la genética.
De acuerdo con Stephens, la genética y los estilos de vida están muy enredados, y no es fácil tratar de desenredarlos para entender cómo se afectan entre sí.
“Para la epigenética (estudio de las interacciones entre genes y ambiente que se producen en los organismos), el estado de los genes no está fijado en piedra. El ambiente y el desarrollo (es decir, lo que pasa en mi cuerpo), incluso el estrés, afectan su funcionamiento”, dijo el también investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.
Los estilos de vida (qué y cuánto comemos, por ejemplo) impactan también el funcionamiento de los genes. Al respecto, hay que apuntar que, aunque dispongan de mucha comida, las ratas sólo ingieren la que necesitan, a diferencia de los humanos, que lo hacen en mayores cantidades. Precisamente, éste es un hallazgo preliminar del análisis de datos obtenidos a partir de una encuesta de nutrición.
“Hay mitos asociados a esta última y a la diabetes. Lo que uno come es importante, dicen los nutriólogos, pero encontramos que es más importante cuánto se come. Si ingerimos cuatro mil calorías de frutas al día, eventualmente tendrás un grave problema, sucede igual con la comida chatarra. Es mejor comer sanamente, pero es más importante sólo lo necesario”, indicó el universitario.
Respuestas
Al analizar los datos de la encuesta ENCOPREVENIMSS, la herramienta conocida como minería de datos, que siempre arroja sorpresas, le ha permitido suponer al científico de la UNAM que la pregunta ¿sabes qué es el sexo seguro?, tiene relevancia para inferir si una persona está en riesgo de padecer diabetes.
“Saber qué es el sexo seguro se relaciona con el grado de conocimiento general sobre la salud, y si uno lo ignora, probablemente tiene un estilo de vida poco saludable. Éste sería un factor de riesgo, no un factor directo asociado a diabetes”.
Stephens consideró que es necesario hacer más análisis, encuestas, plantear hipótesis y descubrir, como detectives, si hay otros factores asociados que se puedan aprovechar para tener un mayor conocimiento sobre la salud.
“Cada intervención tendría su propio ambiente adecuado. Por decir algo, se podría desarrollar un sistema inteligente de software para clínicas del IMSS, que permitiera a los médicos tener el perfil de los pacientes y ver el grado de riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2. Sería un apoyo no sólo para el personal, sino también para las autoridades, que así podrían tomar medidas para el diseño de campañas de educación”, comentó.
No obstante, es indudable que reducir el impacto de la enfermedad en la población, y en los sistemas de salud, requiere recursos, y no hay suficientes. Cualquier medida que se proponga para mitigar este problema de salud pública tiene que ser económica, política y éticamente factible.
Para erradicar el padecimiento no se puede obligar a la gente a consumir menos de mil calorías, ni a que haga dos horas de ejercicio al día, y a diferencia de lo que ocurre si los maltratan, tampoco se puede demandar a los padres por alimentar mal a sus hijos.
¿Qué hacer ante este reto ético? Por lo pronto, un grupo de humanistas expertos en el tema, encabezados por Aracely Berny, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), ya se encarga de estudiarlo y analizarlo.
“Respuestas a ésta y otras interrogantes relacionadas con el problema de la diabetes es lo que buscamos en este proyecto interdisciplinario de la Universidad Nacional. Ya contamos con el apoyo de la Fundación IMSS y estamos a la espera de contar con el del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y de la Secretaría de Salud”, finalizó Stephens.
Día Mundial de la Diabetes
Para generar conciencia del problema que implica, y la forma de evitarlo, se instauró el Día Mundial de la Diabetes, a iniciativa de la Federación Internacional de la Diabetes y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se conmemora el nacimiento de Frederick Grant Banting, quien junto con Charles Best, de la Universidad de Toronto, Canadá, descubrió la insulina, en 1922, hormona que permite tratar a los enfermos.
Según estimaciones de la OMS, en el orbe existen 346 millones de personas con esta afección y, de no intervenir, para 2030 la cifra se habrá duplicado. Casi el 80 por ciento de los decesos vinculados se producen en países de ingresos bajos o medios.
Boletín UNAM-DGCS-692
Ciudad Universitaria
La diabetes es una enfermedad que ya ha alcanzado grandes dimensiones en México. De ahí que un grupo de científicos del Centro de Ciencias de la Complejidad de la UNAM, se haya propuesto contribuir a disminuir su impacto entre la población.

La diabetes es una enfermedad que ya ha alcanzado grandes dimensiones en México.

13 de Noviembre del 2012

La diabetes es una enfermedad que ya ha alcanzado grandes dimensiones en México. De ahí que un grupo de científicos del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, dirigido por Christopher Rhodes Stephens, físico teórico, se haya propuesto contribuir a disminuir su impacto entre la población.

De este modo, puso en marcha un proyecto para evaluar la importancia relativa de los factores genéticos y fisiológicos de la diabetes mellitus tipo 2, frente a las formas de vida de las personas. Con un enfoque de la complejidad, los expertos correlacionarán saberes, información y bases de datos de esa afección, generados por la genética, la fisiología y la epidemiología de estilos de vida, precisamente.


SNP

La parte genética es coordinada por Samuel Canizales, de la Facultad de Química, que junto con sus colaboradores, trabaja en la identificación de los llamados polimorfismos de nucleótido único (Single Nucleotide Polymorphisms, o SNP, por sus siglas en inglés), para la susceptibilidad a la enfermedad.

“Un SNP es un cambio en uno de los cuatro nucleótidos (unidades estructurales del ADN: A: adenina, C: citosina, G: guanina y T: timina) que forman un gen. Si en la secuencia la C se convierte en T, entonces se puede originar un rasgo fenotípico distinto: en vez de tener ojos azules, el individuo los tendrá verdes, por ejemplo”, explicó Stephens, en el marco del Día Mundial de la Diabetes, que se conmemora este 14 de noviembre.

Debido a que ya se sabe que varias enfermedades están correlacionadas con uno o más de estos SNP, Canizales y sus colaboradores tratan de identificar los genes con sus respectivos SNP, para saber cuáles se correlacionan con el desarrollo de la enfermedad.

La parte respectiva es coordinada por Marcia Hiriart, directora del Instituto de Fisiología Celular (IFC). Con su equipo labora en la identificación de los cambios fisiológicos que se producen en tejidos de ratas con una dieta alta en azúcares.

Toda la información que se genere será correlacionada con factores de estilos de vida. Esta última parte es coordinada por Stephens, que trabaja en el análisis de bases de datos obtenidos a partir de encuestas nacionales hechas por el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Secretaría de Salud.


Enredados

¿Por qué bases de datos sobre estilos de vida? Porque, en el caso de la diabetes mellitus tipo 2, la genética no puede explicar por completo su prevalencia o riesgo. Stephens ilustra con el caso de los indios pimas.

“Entre ellos, que viven en Arizona, Estados Unidos, el porcentaje de casos de diabetes es altísimo: 40 por ciento, mientras, entre los que habitan en Chihuahua, México, no es así”.

Genéticamente, ambos grupos son similares; sin embargo, el hecho de que entre ellos haya una susceptibilidad no significa que necesariamente padecerán esta afección. Depende mucho de cómo los estilos de vida interactúan con la genética.

De acuerdo con Stephens, la genética y los estilos de vida están muy enredados, y no es fácil tratar de desenredarlos para entender cómo se afectan entre sí.

“Para la epigenética (estudio de las interacciones entre genes y ambiente que se producen en los organismos), el estado de los genes no está fijado en piedra. El ambiente y el desarrollo (es decir, lo que pasa en mi cuerpo), incluso el estrés, afectan su funcionamiento”, dijo el también investigador del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM.

Los estilos de vida (qué y cuánto comemos, por ejemplo) impactan también el funcionamiento de los genes. Al respecto, hay que apuntar que, aunque dispongan de mucha comida, las ratas sólo ingieren la que necesitan, a diferencia de los humanos, que lo hacen en mayores cantidades. Precisamente, éste es un hallazgo preliminar del análisis de datos obtenidos a partir de una encuesta de nutrición.

“Hay mitos asociados a esta última y a la diabetes. Lo que uno come es importante, dicen los nutriólogos, pero encontramos que es más importante cuánto se come. Si ingerimos cuatro mil calorías de frutas al día, eventualmente tendrás un grave problema, sucede igual con la comida chatarra. Es mejor comer sanamente, pero es más importante sólo lo necesario”, indicó el universitario.


Respuestas

Al analizar los datos de la encuesta ENCOPREVENIMSS, la herramienta conocida como minería de datos, que siempre arroja sorpresas, le ha permitido suponer al científico de la UNAM que la pregunta ¿sabes qué es el sexo seguro?, tiene relevancia para inferir si una persona está en riesgo de padecer diabetes.

“Saber qué es el sexo seguro se relaciona con el grado de conocimiento general sobre la salud, y si uno lo ignora, probablemente tiene un estilo de vida poco saludable. Éste sería un factor de riesgo, no un factor directo asociado a diabetes”.

Stephens consideró que es necesario hacer más análisis, encuestas, plantear hipótesis y descubrir, como detectives, si hay otros factores asociados que se puedan aprovechar para tener un mayor conocimiento sobre la salud.

“Cada intervención tendría su propio ambiente adecuado. Por decir algo, se podría desarrollar un sistema inteligente de software para clínicas del IMSS, que permitiera a los médicos tener el perfil de los pacientes y ver el grado de riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2. Sería un apoyo no sólo para el personal, sino también para las autoridades, que así podrían tomar medidas para el diseño de campañas de educación”, comentó.

No obstante, es indudable que reducir el impacto de la enfermedad en la población, y en los sistemas de salud, requiere recursos, y no hay suficientes. Cualquier medida que se proponga para mitigar este problema de salud pública tiene que ser económica, política y éticamente factible.

Para erradicar el padecimiento no se puede obligar a la gente a consumir menos de mil calorías, ni a que haga dos horas de ejercicio al día, y a diferencia de lo que ocurre si los maltratan, tampoco se puede demandar a los padres por alimentar mal a sus hijos.

¿Qué hacer ante este reto ético? Por lo pronto, un grupo de humanistas expertos en el tema, encabezados por Aracely Berny, de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), ya se encarga de estudiarlo y analizarlo.

“Respuestas a ésta y otras interrogantes relacionadas con el problema de la diabetes es lo que buscamos en este proyecto interdisciplinario de la Universidad Nacional. Ya contamos con el apoyo de la Fundación IMSS y estamos a la espera de contar con el del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y de la Secretaría de Salud”, finalizó Stephens.


Día Mundial de la Diabetes

Para generar conciencia del problema que implica, y la forma de evitarlo, se instauró el Día Mundial de la Diabetes, a iniciativa de la Federación Internacional de la Diabetes y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se conmemora el nacimiento de Frederick Grant Banting, quien junto con Charles Best, de la Universidad de Toronto, Canadá, descubrió la insulina, en 1922, hormona que permite tratar a los enfermos.

Según estimaciones de la OMS, en el orbe existen 346 millones de personas con esta afección y, de no intervenir, para 2030 la cifra se habrá duplicado. Casi el 80 por ciento de los decesos vinculados se producen en países de ingresos bajos o medios.

Boletín UNAM-DGCS-692

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