Category Archives: Medio Ambiente

De mil kilómetros, el límite de encuentro de placas tectónicas en el Pacífico mexicano

 
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Mapa sobre los efectos secundarios del tsunami en el Pacífico.
Mapa sobre los efectos secundarios del tsunami en el Pacífico.

31 de marzo de 2011

• Un movimiento abrupto de esas estructuras puede causar sismos frecuentes y, en ocasiones, maremotos, afirmó Teresa Ramírez, del CIGA

En México, el límite de encuentro de placas tectónicas convergentes se extiende a lo largo de aproximadamente mil kilómetros, de Jalisco a Chiapas. El movimiento abrupto de esas estructuras puede causar sismos frecuentes y, en ocasiones, maremotos, afirmó María Teresa Ramírez Herrera, investigadora del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA), con sede en Morelia.

El país está ubicado sobre las placas de Rivera, Cocos y Norteamericana. Los registros revelan que de 1732 a 2003, en 271 años, ocurrieron 92 tsunamis.

En el CIGA, sostuvo María Teresa Ramírez, trabajamos para disminuir el riesgo por estos últimos fenómenos. Desde 2003, inició su labor de búsqueda de evidencias históricas y prehistóricas de grandes temblores y tsunamis en las costas del Pacífico de México, que continuó en 2007.

El estudio se hace de manera conjunta con un grupo interdisciplinario de Chile, Canadá, EU, Australia y España, además de instancias de la UNAM, como los institutos de Geofísica y Ciencias del Mar y Limnología, donde se utilizan diversas metodologías, por ejemplo, documentación histórica, análisis de sedimentos y fechamiento.

En el Centro, abundó, también se realizan investigaciones relacionadas con la vulnerabilidad por maremoto, es decir, la creación de mapas de riesgo y susceptibilidad, necesarios para saber cuáles son las zonas donde la población e infraestructura se encuentran en peligro.

Además, en colaboración con Marcelo Lagos, del Laboratorio de Tsunamis de la Universidad Católica de Chile, y Diego Arcas, de la Agencia de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés) se trabaja en la medición de parámetros de maremotos en tiempo real.

Japón, una de las naciones mejor preparadas para enfrentar este tipo de fenómenos naturales, deja un importante mensaje: queda mucho por aprender todavía, y nos recuerda que es más costoso remediar un daño que prevenirlo, dijo Ramírez Herrera.

La historia muestra, añadió, que en 1787 hubo un terremoto en el litoral de Oaxaca, con magnitud estimada (porque no había instrumentación) de 8.4 grados, que provocó una ola que invadió las costas de esa entidad y de Guerrero; en la zona más cercana al epicentro, se inundaron hasta seis kilómetros tierra adentro, de acuerdo a fuentes documentales.

Los estudios de paleosismicidad, es decir, de terremotos y maremotos que quedan en un registro geológico, en sedimentos, realizados por Ramírez Herrera, también muestran su ocurrencia en épocas remotas.

A escala mundial, se ha detectado en años recientes una serie de tsunamis y el peligro que entrañan. En Indonesia, en 2004; en Islas Salomón, en 2007; Samoa y Tonga, en 2009, y en Haití y Chile, el año pasado.

“En los últimos 100 años han acontecido terremotos de mayor magnitud en el planeta. En tanto, en la prehistoria se conoce que existen variaciones de la ocurrencia de maremotos de acuerdo con la zona”.

Luego del megasismo de 9 grados, en las costas japonesas, la llegada del tsunami a México se registró a las 10.45 horas, en costas de Baja California; luego alcanzó Sinaloa, Guerrero. Debido a que el territorio nacional no estaba en posición directa de la trayectoria de la gran ola, los efectos fueron menores; el ascenso del nivel del mar fue, en general, menor a un metro y sólo en Acapulco, se registraron 1.3 metros.

Créditos: UNAM-DGCS-183/2011/unam.mx

La Antártica, elemental para el control del clima

 
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La paleobotánica tiene múltiples aplicaciones; constituye una herramienta útil para comprender la distribución pretérita de los taxones y encontrar cuáles están emparentados, o para conocer cómo fue el clima en el pasado.
La paleobotánica tiene múltiples aplicaciones; constituye una herramienta útil para comprender la distribución pretérita de los taxones y encontrar cuáles están emparentados, o para conocer cómo fue el clima en el pasado.

29 de marzo de 2011

• Las plantas de ese territorio permiten entender cómo es posible encontrar taxones emparentados y semejantes en América del Sur, Australia o Nueva Zelanda
• Conocer la distribución añeja de especies vegetales es fundamental para saber si la teoría de Pangea, el supercontinente formado por la unión de todos los continentes actuales, es coherente

Con el calentamiento global, el hielo de la Antártica podría descongelarse, y las flores no retornarían porque en ese territorio no hay continentes unidos, como en el Cretácico. Además, es imprescindible impedir la modificación en las condiciones ambientales para así posibilitar que esa área siga con el control del clima del planeta, señaló en la UNAM, Tânia Leal Dutra, del programa de Posgrado en Geología de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Brasil.

En su visita al Instituto de Biología para hablar de Plantas fósiles de la Península Antártica, indicó que la paleobotánica tiene múltiples aplicaciones; constituye una herramienta útil para comprender la distribución pretérita de los taxones y encontrar cuáles están emparentados, o para conocer cómo fue el clima en el pasado.

Tânia Leal Dutra, del programa de Posgrado en Geología de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Brasil, en su visita al Instituto de Biología de la UNAM.
Tânia Leal Dutra, del programa de Posgrado en Geología de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Brasil, en su visita al Instituto de Biología de la UNAM.

En al auditorio del Jardín Botánico, explicó que conocer la repartición añeja de las especies vegetales es fundamental para saber si la teoría de Pangea, el supercontinente formado por la unión de todos los continentes actuales, que se piensa existió durante las eras Paleozoica y Mesozoica, así como de Gondwana (el antiguo bloque continental que resultó de la porción meridional de Pangea), es coherente.

Las plantas de la Antártica permiten entender cómo es posible encontrar taxones emparentados y semejantes en América del Sur, Australia o Nueva Zelanda, por la dificultad de esos organismos para “cruzar” barreras oceánicas.

Además, prosiguió, los vegetales fósiles arrojan información valiosa de cómo fue el clima pasado, pero también cómo fue su adaptación a los diversos ambientes, expuso.

La Antártica, refirió, es la zona más fría y seca de la Tierra, sin divisiones territoriales, que no pertenece a ningún país y con una extensión un poco más pequeña que América del Sur.

Se trata de un área aislada al sur del planeta, rodeada de vientos que pueden llegar a los 300 kilómetros por hora, con temperaturas mínimas, cerca del Polo, de menos 89.2 grados, y 99 por ciento cubierta por hielo, “que guarda secretos que recién se develan”.

Geológicamente es muy variada, expuso; parece homogénea porque está cubierta de hielo, pero esa capa, en realidad, cubre dos áreas distintas en su historia: la “Antártica occidental”, “pequeña Antártica” o “península Antártica”, que es un conjunto de islas, y la “Oriental”, “gran Antártica” o “continente Antártico”. Ambas masas de tierra fueron unidas por una gran colisión.

La última conexión de la Antártica fue la que tuvo con América del Sur; de hecho, los depósitos geológicos son semejantes entre la parte norte de la península de esa porción de tierra y el sur americano.

Esa “disgregación” provocó la presencia de una corriente fuerte de vientos y aguas frías, llamada circunantártica; a partir de entonces, la zona se cubrió de hielo.

Las flores del final del Cretácico investigadas en la región, añadió, indican un pequeño intervalo de frío; en el Paleoceno, el clima se tornó mejor y los componentes eran semejantes a las floras de Valdivia, Chile, o el sur de Brasil.

Después, el hielo se hizo cada vez más presente. En el Eoceno y el Oligoceno, la vegetación arbórea casi se extinguió, pero permaneció el género de árboles Nothofagus, que al final también desapareció, como casi todo el resto,
Créditos: UNAM-DGCS-181/2011/unam.mx

Alarma en Fukushima, no es desastre nuclear

 
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Juan Luis François Lacouture, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.
Juan Luis François Lacouture, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.

22 de marzo de 2011
• Es necesario construir las plantas nucleares con nuevas normas, que aseguren el material radiactivo dentro del reactor y minimicen los daños ambientales y poblacionales, consideró Juan Luis François Lacouture, académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM

La situación de alarma por los reactores afectados de la central de Fukushima, no puede calificarse como desastre nuclear. A diferencia del accidente en Chernóbil, Ucrania, ocurrido en 1986, se han seguido los procedimientos de seguridad, afirmó Juan Luis François Lacouture, académico de la Facultad de Ingeniería (FI) de la UNAM.

Es necesario construir las plantas nucleares con nuevas normas, que aseguren el material radiactivo dentro del reactor y minimicen los daños ambientales y poblacionales, detalló.

Las instalaciones de la ciudad japonesa soportaron el sismo de nueve grados Richter registrado en la costa Pacífico de la región de Tohoku, pero el tsunami posterior complicó el funcionamiento de sus dispositivos. Fue necesario inyectarles agua de mar y ácido bórico, para buscar su estabilización, detalló.

En la ponencia En espera de la primavera en Fukushima, el experto en ingeniería nuclear refirió que el daño registrado en la central nuclear servirá para mejorar las condiciones de los 435 reactores en funcionamiento alrededor del orbe, que producen el 15 por ciento de la electricidad que se consume en el planeta.

¿Cómo funciona una planta nuclear?

En un reactor se produce el proceso de fisión, mediante el cual un neutrón choca con el núcleo de un átomo de uranio, que se rompe en dos y libera energía; esto produce también elementos radiactivos, los productos de fisión, en una secuencia continua, conocida como reacción de fisión en cadena sostenida.

Se origina a partir de pastillas cerámicas de dióxido de uranio enriquecido, con un centímetro de diámetro, apiladas en tubos, que forman ensambles de combustible. Se colocan en el núcleo del reactor, donde se provocan las fisiones, dentro de una gran vasija de presión con agua, explicó.

El líquido en el dispositivo pasa por la vasija. En este proceso, se produce vapor que alimentará la turbina, para la generación de electricidad; éste se traslada a los condensadores y regresa al reactor para cerrar el ciclo termodinámico, como el utilizado en las plantas termoeléctricas convencionales.

La instalación cuenta con barreras, para evitar el escape de radiactividad. La primera es la pastilla de combustible, fabricada para soportar altas temperaturas; enseguida, los tubos con aleación de circonio; la siguiente es la vasija; posteriormente, está la contención primaria, una estructura de concreto armado, de metro y medio de espesor, y por último, el edificio, del mismo material.

Seguridad en el reactor

La fisión es controlada con barras de metal que absorben los neutrones. En un accidente, se apaga el reactor, como ocurrió en la central de Fukushima. En este punto, se genera alrededor del siete por ciento de la potencia original del dispositivo, que produce calor debido al decaimiento radiactivo de los productos de fisión.

Para prevenir daños es necesario conservar refrigerados el reactor y las albercas donde se almacenan las barras de combustible usadas. En caso de no mantenerlos fríos, existe un riesgo mayor de fuga de elementos radiactivos a la atmósfera.

Japón

El universitario recordó que las unidades I y III de la central de Fukushima están en el nivel cuatro, de la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, que refiere a un suceso de consecuencias locales.

Los reactores se apagaron en el terremoto del 11 de marzo y el tsunami posterior arrastró los sistemas de suministro de combustible de los generadores diésel de emergencia; sin embargo, el sistema de refrigeración del núcleo aislado siguió en funcionamiento por ocho horas más, hasta que se agotaron las baterías que lo activaban.

Después, el nivel de agua en el núcleo comenzó a disminuir, lo que generó más vapor. Al entrar en contacto con los tubos de circonio, produjo hidrógeno y se venteó hacia la contención secundaria para disminuir la presión.

En la contención secundaria, el hidrógeno reacciona con el aire y explota; la estructura se debilita en la parte superior por estas detonaciones, pero la base, de concreto armado, aún permanece sólida, precisó.

Como una medida de prevención, en un radio de 20 kilómetros, se desalojó a los pobladores para evitar daños. Se suministraron pastillas de yoduro de potasio, para impedir el deterioro de la tiroides por absorción de yodo radiactivo, sustancia que tiene una vida media de ocho días, detalló.

La contaminación nuclear en las grandes ciudades, como Tokio, no representa un peligro. El nivel de radiación es menor en 600 veces a la dosis recibida en la obtención de una radiografía médica.

Los mayores accidentes nucleares en la historia han sido: Chernóbil, Ucrania, en 1986, de nivel siete; Mayak, Rusia, en 1957, de nivel seis; Windscale, Inglaterra, en 1957, de nivel cinco, y Three Mile Island, en Estados Unidos, en 1979, también de nivel cinco.

Créditos: UNAM-DGCS-169-2011/unam.mx

Soluciones urgentes o se agravará la situación hídrica del país

 
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Blanca Elena Jiménez Cisneros, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
Blanca Elena Jiménez Cisneros, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

21 de marzo de 2011

• El calentamiento global recrudecerá la situación y los eventos extremos, como lluvias o sequías, serán más intensos y frecuentes, dijo Blanca Elena Jiménez Cisneros, investigadora del Instituto de Ingeniería de la UNAM

De continuar la situación actual, en la que no hay medidas técnicas sustentables, se presentan fugas y se carece de políticas de manejo y tratamiento del agua, los problemas se profundizarán y el recurso hará falta en el centro y norte del país, expuso Blanca Elena Jiménez Cisneros, investigadora del Instituto de Ingeniería (II) de la UNAM.

“A eso se suma el calentamiento global, que agravará la situación. Donde el agua es escasa lo será aún más; donde sí hay, habrá excedentes y eventos extremos; las lluvias y sequías, serán más intensas y frecuentes. El panorama no es alentador”, expuso.

Para México, el problema, en términos de cantidad y calidad, es muy serio y su solución requiere gran saber técnico; sería importante que los responsables de dar respuestas tuvieran mayores conocimientos. “De otra manera, se pierde tiempo en un asunto que demanda solución urgente”.

Además, tenemos una cobertura de 90 por ciento en agua potable, “que parece alto, pero en realidad está muy por debajo de otros territorios. Cuba, por ejemplo, tiene el 100, y en saneamiento estamos en 70 por ciento, entre los más bajos de América Latina”.

Nuestro país enfrenta problemas por falta y exceso hídrico, y también severas deficiencias en servicios. “Como nación en desarrollo, pero de alto ingreso, podríamos aspirar a contar con líquido para consumo humano en los hogares, es decir, asegurar que podamos beber directamente de la llave, como en Tijuana”. Sin embargo, hace falta voluntad política para cumplir este tipo de servicios; en saneamiento se hacen esfuerzos, pero sólo en la Ciudad de México, y el problema es de todo el territorio, advirtió.

Por razones históricas y económicas, se avanzó más en el centro y el norte, donde se tiene sólo 20 por ciento de los recursos y se emplean más para riego. En esas regiones también se registran graves problemas de sobreexplotación de acuíferos y de contaminación “natural” por arsénico y flúor, como en San Luis Potosí, Aguascalientes y Zacatecas.

En el marco de la conmemoración del Día Mundial del Agua, este 22 de marzo, recordó que las Naciones Unidas instauraron la celebración en 1992. Todos los años tiene un tema diferente; en 2010, estuvo dedicado a la calidad del líquido, “pero habría que cuestionar cuándo se oyó hablar del tema o qué problemas de contaminación se solucionaron. Creo que cerraremos el año con una gran ausencia de reportes e informes positivos para la Organización. En 2011, el tema es Agua para las Ciudades. Respondiendo al Desafío Urbano”.

En el DF, donde en general se tiene buena calidad del líquido (con excepción del acuífero de la parte oriente), se presentan problemas por infiltraciones; también hay fugas de drenaje, “pero a nadie le importa el agua residual que se pueda colar al manto freático”.

Se debe dotar a toda la zona metropolitana de recursos suficientes para atender éste, uno de los problemas más serios en el mundo y un reto desde el punto de vista técnico. También se necesitan políticas costo-eficientes y de manejo.

Al hablar del aprovechamiento pluvial, Jiménez Cisneros dijo que es una solución para ciertas personas en determinadas condiciones. “Es rentable si se tienen más de 200 metros cuadrados de techo limpio y accesible, pero el sistema de tratamiento es caro”.

Es decir, hablamos de alguien que tiene una casa grande, que puede invertir y que vive en el sur de la Ciudad de México (en otras zonas llueve menos). Si puede, debe hacerlo, porque liberaría el líquido para otras comunidades. La medida sería importante, pero en volumen representa sólo una fracción de lo que se necesita.

En cuanto al reuso, explicó que en el DF se practica desde 1956, y añadió que la cifra de 10 por ciento debería incrementarse. El siguiente paso sería potabilizarla al grado de utilizarla para consumo humano. “La tecnología ya existe, pero primero hay que hacer que beber agua de la llave genere confianza, luego viene lo demás”.

Otro reto es la recarga de acuíferos. El criterio internacional es que debe hacerse con la misma calidad del líquido que tenía originalmente. Eso implica el tratamiento previo, porque recargarlo con agua de mala calidad lo contamina, y limpiarlo puede ser costoso.

Por último, Blanca Jiménez expuso que, como sociedad, debemos exigir a los responsables entregar programas claros de qué se va a hacer, cuánto va a costar y cuándo estarán las soluciones, es decir, “exigir que el gobierno haga su parte”.
Créditos: UNAM-DGCS-165-2011/unam.mx

Casi 80 por ciento de los fenómenos naturales que causan devastación son metereorológicos

 
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En este 2011, el Día Meteorológico Mundial lleva por tema “El clima y tú”.
En este 2011, el Día Meteorológico Mundial lleva por tema “El clima y tú”.

21 de marzo de 2011

• No es necesario que sean más intensos para que aumenten las afectaciones, pues los asentamientos humanos han ocupado espacios donde antes había otros entornos naturales, explicó Enrique Azpra Romero, del CCA de la UNAM
• El 23 de marzo se conmemora el Día Meteorológico Mundial, que en 2011 lleva por tema El clima y tú

De todos los fenómenos naturales que causan devastación y víctimas, casi 80 por ciento se debe a factores meteorológicos y climáticos, afirmó Enrique Azpra Romero, académico del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM.

Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), cada año, los desastres relacionados con peligros meteorológicos, hidrológicos y climáticos causan significativas pérdidas de vidas, además de detrimentos económicos y sociales que pueden durar años.

Entre 1980 y 2005, ejemplificó, cerca de siete mil 500 catástrofes naturales alrededor del mundo provocaron el deceso de más de dos millones de personas y mermas patrimoniales estimadas en más de 1.2 trillones de dólares.

El 90 por ciento del total de esos fenómenos, y 75 por ciento de los daños económicos, fueron derivados de sequías, inundaciones, ciclones tropicales, tormentas, temperaturas extremas, deslizamientos de tierra e incendios, entre otros.

De ahí la importancia de conmemorar el 23 de marzo el Día Meteorológico Mundial, que en 2011 lleva por tema “El clima y tú”, refirió el universitario.

Aunque suena sencilla, la frase refleja lo que se padece cada vez más alrededor del mundo. Ejemplo de ello es que 2010 ha sido uno de los tres años más calientes desde que existen registros de temperatura.

“Se trata de lo que podemos hacer para que no se modifique tanto el clima debido a nuestras actividades, y darnos cuenta de la relación que tiene con nosotros”.

Inundaciones y ciclones tropicales afectan al territorio nacional anualmente, porque México está rodeado por océanos; además, en invierno, la llegada de masas de aire provenientes del norte del hemisferio puede causar nevadas o fríos muy intensos.

Las sequías también producen daños; sin sistemas de riego “estamos sujetos a los vaivenes de las precipitaciones”, abundó el experto.

Sin embargo, no es necesario que los fenómenos naturales sean más intensos para que aumenten los perjuicios, aclaró Azpra, pues los asentamientos humanos han ocupado espacios donde antes había otros entornos naturales, como cuencas lacustres. Es el caso del huracán Alex, en Monterrey, donde se invadió el lecho de un río, ejemplificó.

Con la cooperación internacional, hoy se cuenta con mejores herramientas para hacer pronósticos adecuados, destacó. Se tiene información y modelos físico-matemáticos, así como personal capacitado para hacer una interpretación de los resultados y emitir datos útiles para la población.

Día Meteorológico Mundial

En este contexto, recordó que el Día Meteorológico Mundial se conmemora el 23 de marzo, porque en 1950 se acordó establecer la OMM para que los países compartieran su información al respecto.

Así, se sustituyó a una antigua agrupación llamada Organización Meteorológica Internacional, que se declaró desparecida en 1951, año en que la OMM pasó a formar parte de la ONU como uno más de sus organismos especializados.

Al hablar de la importancia de compartir esos datos, Enrique Azpra expuso que la mitad del año México está afectado por fenómenos de latitudes tropicales, y la otra mitad, de latitudes medias.

“Si no tuviéramos información de regiones más al norte, en invierno sería difícil pronosticar las invasiones de aire frío, o si en verano no contáramos con las observaciones de naciones caribeñas, se dificultaría pronosticar la llegada de huracanes”, añadió.

Además, mencionó, la Organización ha diseñado un sistema de vigilancia mundial apoyado con satélites.

Por último, dijo que pequeñas acciones individuales como el ahorro de agua y energía, la recarga de acuíferos en áreas verdes y la siembra de árboles, contribuyen a la preservación del entorno. “Dañarlo, tarde o temprano se nos va a revertir”.

Créditos: UNAM-DGCS-166-2011/unam.mx