Advierte investigadora que programa contra comida chatarra en escuelas es limitado

 
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La obesidad infantil es una epidemia que afecta a millones en todo el orbe
La obesidad infantil es una epidemia que afecta a millones en todo el orbe

19 de enero de 2011

*Necesario, el apoyo de nutriólogos para combatir el problema, afirma

*Es oportuno regular la publicidad de esos productos en televisión *Los esfuerzos por cambiar hábitos deben comenzar en los hogares

La doctora María del Consuelo Velázquez Alva, adscrita al Departamento de Atención a la Salud y a la carrera de Nutrición Humana de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, consideró que será limitado el programa que restringe la venta de alimentos chatarra en las escuelas sin un programa integral de educación y orientación nutricional para combatir la obesidad infantil, además de que se requerirá de estudios de evaluación para medir su impacto.

El exceso de peso en los menores de edad, expuso, es un problema de salud pública grave tanto en el país como a escala global, representa una epidemia incontrolable que ha sorprendido a la sociedad y a la comunidad médica, porque los niños obesos no son casos aislados, sino la punta del iceberg que afecta a millones en todo el mundo.

Frenar su aumento para los próximos años conllevará un enorme desafío, porque los pequeños que ahora son obesos en pocos años constituirán una población de adultos jóvenes con la misma problemática, pero además con enfermedades asociadas y fallecerán más jóvenes que la generación de sus padres.

La especialista calificó de positivo la puesta en marcha de lineamientos para la venta de productos chatarra en escuelas de educación básica, porque “la obesidad en la infancia se ha asociado a la ingesta excesiva de energía; es decir, alimentos ricos en calorías, como las bebidas azucaradas, refrescos, panecillos, dulces y golosinas; algunos de ellos tienen un contenido elevado de grasas saturadas”.

Empero, en su consideración, disminuir el consumo en los centros escolares no será suficiente si no se toma en cuenta también la presencia de los vendedores afuera de los planteles y se considera el apoyo de nutriólogos, la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Nutrición, para hacerlo más viable.

Se trata de hábitos en la infancia que han generado una conducta alimentaria inadecuada. Por tanto, el programa de educación y alimentación deberá iniciar desde el hogar con los padres de familia. “Son muchos los actores que deberán intervenir para modificar los hábitos de alimentación de la población menor, como médicos, pediatras, nutriólogos, los medios masivos de comunicación y las autoridades escolares”, indicó.

Velázquez Alva, quien imparte Nutrición en los grupos mayores de 60 años y desarrolla el proyecto de investigación que aborda la prevalencia del sobrepeso y la obesidad asociada a factores de riesgo cardiometabólico en población estudiantil, expresó que sería oportuno regular la publicidad y difusión de los productos chatarra en televisión y que éstos contengan advertencias específicas, como se hace con otras mercancías.

Naciones como Noruega y Suecia “prohiben los comerciales de alimentos en horarios de programas infantiles que induzcan a su consumo, porque con los mensajes el niño se verá motivado a comer”.

También enfatizó que no se está incidiendo en la modificación del estilo de vida en relación con la actividad física y ejercicios de los niños, ya que “su nana es la pantalla chica”.

La investigadora apuntó que si bien será difícil prohibir la difusión de los alimentos no nutricionales ante los muchos intereses económicos de la industria de los alimentos, sí hay que regularlos.

“Se trata de negociar, los mensajes deben cambiar, porque a veces se distorsiona la información que se desea dar”, pues la mercadotecnia aprovecha adjetivos para exaltar atributos de los productos. En cambio, como refrigerio, los menores de edad deben comer frutas y verduras.

La profesora señaló que es preciso enseñar a los pequeños a comer productos totalmente naturales, no industrializados, como si fueran bocadillos. Deben colocarse a la vista, al alcance, e involucrarlos en la tarea de compra y preparación de los mismos.

Rechazó el mito referente a que las frutas y verduras son caras, “habría que ver el costo de una fruta de temporada y las ofertas de la semana comparado con los alimentos industrializados”.

Hay muchas razones por las cuales los expertos recomiendan que los padres y profesores eduquen a los niños en el consumo de frutas: ayudan a mantener su estado de hidratación, son fuentes casi exclusiva de vitamina c, de antioxidantes, ricas en fibra, no contienen grasa, se pueden disfrutar en cada época del año, ingerirse crudas o cocidas y combinar con todo tipo de alimentos. Pueden ser golosinas por su agradable sabor.

Comentó que en Estados Unidos sólo uno de cada cinco infantes consume las cinco raciones de frutas y vegetales que la Organización Mundial de la Salud recomienda al día.

Se ha visto que los niños disminuyen el consumo de leche, vegetales y cereales, y aumentan su ingesta energética a través de jugos de frutas azucaradas, alimentos ricos en grasas que provienen de quesos y botanas que exceden la recomendación para su consumo. También se ha incrementado el consumo de hidratos de carbono provenientes de cereales a través de pizzas, pastas, comida mexicana y refrescos.

La académica precisó que urge un programa que distinga áreas de influencia de los padres sobre los hábitos de alimentación de los niños.

“Uno tiene que responsabilizarse, la sociedad, los padres y el gobierno de la disponibilidad de acceso de los alimentos, de la estructura de la comida que se ofrece a los niños, de las prácticas de socialización con los alimentos y del estilo familiar relacionado con la alimentación”, agregó.

Sin olvidar informar y explicar a los niños el motivo por el cual se les aconseja dejar ese tipo de productos, argumentando los beneficios y la importancia de una alimentación sana.
Créditos: UAM/Dirección de Comunicación Social/uam.mx / Boletín 014/11

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