Universitario gana bronce en la Olimpiada Internacional de Matemáticas

 
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Irving Calderón aún no ha tomado sus primeras clases en la Facultad de Ciencias, pero ya ganó una de las cinco medallas que México obtuvo en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.
Irving Calderón aún no ha tomado sus primeras clases en la Facultad de Ciencias, pero ya ganó una de las cinco medallas que México obtuvo en la Olimpiada Internacional de Matemáticas.

9 de agosto de 2010

• Irving Calderón, quien acaba de ingresar a Facultad de Ciencias de la UNAM, obtuvo el tercer lugar en la justa realizada en Kazajstán
• Esta ciencia sirve para resolver problemas tanto en el pizarrón como en la vida diaria, acotó el joven de 19 años

Las matemáticas son como el amor, una idea simple que puede llegar a ser muy complicada, decía el profesor R. Dravek, y así como se pueden parecer al amor, esta ciencia también se asemeja a la vida misma, “pues puedes resolver no sólo problemas numéricos, sino personales”, expuso Irving Calderón, quien regresó de Kazajstán con una medalla de bronce al cuello, tras participar en la Olimpiada Internacional de Matemáticas (OIM) 2010.

“De hecho, las matemáticas son como un sendero que te obliga a poner cada vez más atención conforme avanzas; si recorres un largo trecho y te pierdes, luego resulta muy difícil retomar el camino”, expuso.

Irving acaba de ingresar a la Facultad de Ciencias, pero eso no significa que sea un novato en fórmulas y números; “de hecho, siempre tuve facilidad para ellos, y me gustan porque con su práctica adquieres habilidades que te ayudan a solucionar incógnitas, tanto en el salón de clases como en el trajín diario”.

Sin embargo, representar a México en una olimpiada no es sencillo, no importa qué tan hábil seas con las cifras, pues para que un chico de San Mateo Atenco, como Irving, llegara hasta las frías estepas de Kazajstán, tuvieron que darse muchas circunstancias que, vistas en retrospectiva, desafían toda probabilidad matemática.

Para ello, tuvo que “sumar” una serie de logros y “multiplicar” sus participaciones en justas académicas. Primero concursó en la Olimpiada Estatal del Estado de México y quedó en los primeros lugares.

Posteriormente, compitió en la Olimpiada Nacional y nuevamente ganó, con la realización de operaciones como le enseñaron en la escuela; las maestras de primaria no se equivocaron, al instruirnos en el arte de las fracciones y la división, citaban al célebre Maquiavelo con su “divide y vencerás”.

De esta justa, los organizadores seleccionaron a los 16 mejores concursantes para someterlos a un programa de entrenamiento mensual. “Nos daban una serie de problemas de álgebra, geometría, teoría de números y combinatoria que debíamos resolver, lo que nos hizo comprender mejor ciertas cosas, pues aunque somos estudiantes, la práctica hace al maestro”.

“Con ventaja numérica”

No todos podían ir a las Olimpiadas, por lo que los organizadores se vieron obligados a seleccionar a los mejores.

Irving se quedó en la sexteta que representaría a México en la OIM, y así, junto con sus compañeros, viajó en julio a Kazajstán para enfrentar a 517 concursantes de 97 países.

“La experiencia fue interesante, y aunque la competencia se realizó en un campamento alejado de la ciudad, convivía con gente de distintas nacionalidades. Lo único que me dejó un tanto insatisfecho fue quedarme a un punto de obtener medalla de plata, pero ya será para la próxima”.

Aunque recuerda la emoción de la justa, no olvida el desconcierto de adaptarse a un nuevo horario y la sorpresa de conocer nuevas costumbres, aunque lo que literalmente le dejó mal sabor de boca fue la carne de caballo.

Una vez pasada la euforia de la competencia, Irving comenta que ahora hay otra cosa que le entusiasma: iniciar la carrera de Matemáticas en la Facultad de Ciencias.

“Algo que me agrada de la Universidad Nacional es la libertad. Ella te da herramientas, pero tú decides cómo usarlas. En esta casa de estudios avanzas según tu entrega y dedicación. Ahora quiero tomar cursos de todo, pues no sé en qué me especializaré. La astronomía me llama la atención, aunque deseo explorar mis opciones”, expuso.

“Sin embargo, no quiero centrarme sólo en la carrera; también hay otras cosas que me apasionan. Me gusta salir con mis amigos, familia y aprender. Trato de mantener un equilibrio entre mis estudios y lo que me agrada, como leer, hacer ejercicio y divertirme.

“Mi hermano es el número uno”

Irving lleva los números en la sangre, de hecho, es el hijo mayor de un matrimonio de contadores. No duda al decir que una de sus mayores satisfacciones fue la de enterarse que Ayax, su hermano de 12 años, quiere ser matemático.

“Fui la inspiración para que a Ayax le gustarán las matemáticas. Él quiere estudiar lo mismo que yo, y aunque es bueno, habrá que esperar para ver si los números le gustan tanto como a mí”, comentó.

“Ahora quiero aprender a tocar guitarra, es uno de mis pendientes. Me compré un instrumento antes de irme a la Olimpiada, pero lo abandoné para dedicarme de lleno al entrenamiento. Deseo darme un tiempo y empezar con el uno, dos, tres de la guitarra, sumar horas de práctica y ver cuáles son los resultados”.
Créditos: UNAM. DGCS -469/unam.mx

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