Tuberculosis no habría sido tan grave en siglos XIX y XX

 
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BOGOTÁ D. C., 05 de abril de 2018 — Agencia de Noticias UN-

Los individuos analizados, 37 masculinos, 43 femeninos y 10 indeterminados por ausencia de piezas, se ubicaron en un rango de edad entre los 20 y 55 años.

De los 90 restos óseos analizados se halló que apenas un 3,2 % tenía lesiones posiblemente relacionadas con la enfermedad y que el área más afectada fue la columna, cuyas vertebras presentaban cavitaciones o lesiones destructivas.

Estos son algunos de los datos que recogió el antropólogo Germán David Rodríguez, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), quien estudió restos óseos exhumados del Globo B del Cementerio Central en 2010, para documentar la posibilidad de tuberculosis ósea.

El antropólogo explica que su investigación se realizó en el marco del proyecto “Análisis bioarqueológico de contextos funerarios del Cementerio Central, Bogotá: vida y muerte a final del siglo XIX y principios del XX”, liderado por los profesores Claudia Rojas y José Vicente Rodríguez de la U.N.

Para ello se utilizó como metodología un diagnóstico diferencial enfocado en las marcas de la enfermedad en los huesos para confirmar si estaban o no relacionadas con la tuberculosis, documentar el impacto de las condiciones sociales en la salud de los pobladores y contrastar la información de documentos históricos que registraron los casos.

“Los restos exhumados por el Equipo Colombiano de Investigaciones Antropológico Forenses permanecen guardados en la Junta de Acción Local de los Mártires, en cuyo laboratorio trabajamos para analizar algunas muestras que nos dieran una idea de las condiciones en que las vivieron estas personas”, explica el antropólogo Rodríguez.

¿Una epidemia?

Investigaciones previas señalan que entre 1870 y 1920 la tuberculosis afectó a la población capitalina a manera de epidemia. Según información del Hospital San Juan de Dios, entre 1875 y 1914 las muertes pasaron de un 15 % a un 20 %, y en 1895 alcanzaron un 30 %.

“Estos resultados abren un debate sobre las condiciones reales de los pobladores de esa época, ya que al consultar los libros necrológicos que están en el archivo de Bogotá, además de otras fuentes, la enfermedad producía una mortandad del 7 %, pero los hospitales y archivos más grandes del país reportan una tasa cercana al 30 %, lo que ya se concibe como una epidemia”, señala el investigador.

El antropólogo explica que en este caso pudo ocurrir que buena parte de los individuos de la muestra analizada vivía en condiciones de vida no tan malas como se creía, con nivel nutricional y de inmunorresistencia para subsistir y combatir la enfermedad por un tiempo considerable, por lo que esta no llegó a comprometer el sistema óseo.

Entre tanto, el 3,2 % de los individuos de la muestra pudo vivir en condiciones precarias, lo cual influyó en que no recibieran los tratamientos adecuados y las condiciones nutricionales comprometieran su inmunorresistencia ante esta epidemia.

Según los registros, una de las explicaciones para este 3,2 % de presencia de tuberculosis en el sistema óseo radicaría en que la mayoría de estos casos presentaba tuberculosis pulmonar, y solo algunos enteritis o gastroenteritis.

Otra de las conclusiones que explicaría por qué el número de casos con tuberculosis en la muestra tomada de este cementerio es tan bajo se debería a que no todas las personas enterradas allí pertenecían a clases sociales tan bajas y desamparadas, ya que para ese tiempo existían los cementerios La Pepita y San Lorenzo, que eran “los de los pobres”.

En ese sentido, el investigador señala que a partir de su indagación se debería considerar un estudio más amplio no solo en este camposanto sino en otros de la capital, que den cuenta de qué ocurrió con ese 30 % de mortandad reportada. Agrega que esa pesquisa daría cuenta de la historia y evolución de la tuberculosis en Bogotá.

“Es posible que sanatorios como el de San Carlos o el San Juan de Dios tuvieran cementerios propios, máxime teniendo en cuenta el temor al contagio que infundían los tuberculosos, para tener “bajo control” la enfermedad. Por eso mismo es posible que la población más afectada por la enfermedad no se encontrara en el Globo B del Cementerio Central, o solo un pequeño fragmento de esta lo usara”, concluye el investigador.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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