Amenazan plantas invasoras biodiversidad mexicana

 
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Cuando una especie invasora se introduce en una comunidad natural y prospera, se va dispersando y desplaza a las plantas nativas, explicó Karina Boege Paré.
Cuando una especie invasora se introduce en una comunidad natural y prospera, se va dispersando y desplaza a las plantas nativas, explicó Karina Boege Paré.

21 de julio de 2010
• En el país se desconoce la situación de esas especies; la UNAM colabora con el INE para hacer recomendaciones sobre su control
• Científicos han detectado que de la lista de 600 plantas exóticas que existen en la nación, 198 se reportan en una comunidad natural; de ellas, dos tienen un grado de invasibilidad extremo, y 38, alto

Las especies invasoras de plantas son una amenaza para la biodiversidad mexicana y mundial, incluso para la economía, porque pueden afectar sistemas de producción y se gastan billones de dólares en su control, afirmó Karina Boege Paré, investigadora del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM.

En México, se desconoce el estatus de muchas de esas invasiones biológicas; por ello, el IE colabora con el Instituto Nacional de Ecología (INE) de la secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), para conocer la situación y hacer recomendaciones de políticas enfocadas a su control.

Cuando una especie invasora se introduce en una comunidad natural y prospera, se dispersa y desplaza a las plantas nativas, con importantes efectos ecológicos indirectos. Por ejemplo, puede influenciar la cantidad de polinizadores disponibles en una región, pues los que antes polinizaban a especies originarias, ahora lo hacen con las exóticas.

Otras plantas absorben gran cantidad de agua y dejan sin ella al resto, y unas más, como los pastos, se convierten en “combustible” y origen de incendios, que afectan a las comunidades naturales.

Como parte del estudio, emprendido hace un año, se ha detectado que de la lista de 600 especies exóticas que existen en el país, 198 se han reportado dentro de comunidades naturales.

“De ellas, dos especies en específico tienen un grado de invasibilidad extremo (los pastos Bambusa vulgaris y Andropogon gayanus); 38 alto, 68 moderado y el resto, bajo o muy bajo. Esto permite concentrar la atención en un número menor de especies, detectar realmente cuáles son las prioridades a escala nacional y estatal, sobre todo porque los recursos federales para atacar problemas ambientales son limitados”, acotó.

El grupo de científicos, del que forma parte la académica universitaria, averiguó que las entidades con mayor número de plantas invasoras son Chihuahua, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Sinaloa, y las que tienen menos, Colima, Hidalgo, Puebla, Tlaxcala y Guanajuato.

Sin embargo, Durango, Estado de México, Tabasco, Veracruz y Quintana Roo, tienen mayor número ponderando el área de sus territorios, y Tlaxcala, Sinaloa, San Luis Potosí y Querétaro, la menor cifra por kilómetro cuadrado.

También, se encontró que no existe una sola especie que sea invasora a nivel nacional; ello significa que es necesario hacer análisis regionales, porque algunas representan un problema extremo en ciertas regiones, y mínimo en otras.

Boege Paré expuso que el llamado zacate Buffel (Cenchrus ciliaris) es de los más agresivos que se han encontrado. En Baja California Sur, Sonora, Tamaulipas, Nuevo León y Estado de México tiene un grado de invasibilidad muy alto.

No obstante, la experta aclaró que una planta exótica no necesariamente es invasora. El mencionado pasto –que se ocupa como forraje para ganado– se catalogaría como una especie exótica de cultivo, pero el hecho de que ya se encuentre en el matorral xerófilo del desierto chihuahuense, lo convierte en invasor.

La familia de los pastos Poaceae es la que tiene el mayor número de especies invasoras en territorio nacional; en ese mismo rango se han detectado plantas acuáticas de varias familias.

Los científicos también se preguntaron qué tan vulnerables son las áreas naturales protegidas, y para obtener una respuesta, se usaron los mapas de distribución potencial que han modelado para distintas especies de esas plantas y se sobrepusieron a los de las zonas protegidas en el país.

“De esta manera podemos detectar, por ejemplo, las especies que tienen el potencial de invadir la Reserva de la Biosfera de los Tuxtlas, lo que permitiría enfocar los esfuerzos para descubrir su presencia y controlar sus poblaciones”, dijo Boege Paré.

La experta señaló que para llegar a estos primeros resultados, el equipo del IE y del INE consultó, por medio de 22 talleres, a 50 expertos en botánica y ecología de todo el país, “quienes van al campo y pueden decirnos si han visto las especies o no. Ahora, queremos regresar para validar los modelos. Se trata de un proceso en el que los estamos consultando para ajustar nuestras conclusiones”.

Ante el cambio climático

Expuso que otra inquietud es qué sucederá con estas especies e invasiones en un escenario de cambio climático global. Usando modelos de nicho, a partir de ciertos puntos de colecta y datos geográficos, es posible modelar la distribución potencial y determinar si puede ocurrir en una cierta región del país.

Además, ya existen predicciones de cómo se alterará el ambiente y la temperatura a lo largo de los próximos años, por lo que se puede predecir cómo se modificará la repartición de esas plantas.

Las proyecciones para 2010 y 2050 indican que, de acuerdo con la especie, se modificará su distribución. Por ejemplo, el zacate Buffel, en la actualidad, podría ocupar alrededor de 710 mil kilómetros cuadrados del territorio nacional. Para el 2020, no se observa ningún cambio, pero al 2050, se daría un aumento de 15 por ciento. “Las condiciones serán más favorables para esta especie”.

Otras, como el pasto Poa anua podrían aumentar su rango de distribución en 16 por ciento para 2020; pero para el 2050, se predice un cambio en las condiciones climáticas que provocaría su retracción.

En la siguiente etapa del proyecto, finalizó Boege Paré, se realizarán investigaciones de la ecología, genética y demografía de las especies exóticas invasoras, para detectar cuáles estadios de su desarrollo son los más vulnerables, cómo se dispersan y germinan. “Necesitamos tener información básica para dar recomendaciones más concretas y atacar cada problema específico”.

Créditos: UNAM. DGCS -434/unam.mx

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