Niños con lesiones renales no deben ser tratados como adultos

 
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BOGOTÁ D. C., 15 de febrero de 2017 — Agencia de Noticias UN-

Nancy Rocío Acosta Murillo, especialista en Cuidado Intensivo Pediátrico, magíster en Fisiología y docente adjunta del Departamento de Ciencias Fisiológicas de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), realizó un experimento con ratas de 10, 20 y 30 días, en las que simuló una lesión renal impidiendo el paso de sangre al riñón, y estableció que las lesiones que se dan en este órgano varían en los tres grupos.En la Unidad de Cuidado Intensivo Pediátrico (UCIP) se llevan a cabo terapéuticas para resolver el estado crítico de salud de los niños, pero es necesario conocer cuál es el comportamiento de los procesos celulares en estas enfermedades con el fin de diseñar tratamientos más específicos, prevenir las lesiones, acelerar la reparación y minimizar la enfermedad renal crónica progresiva.

Para esto, la investigadora Acosta buscó una opción en modelos animales pediátricos. Las ratas de 10 días equivalen a un lactante, es decir a un bebé de un año; las de 20 días a un preescolar de alrededor de tres años, y las de 30 días a un prepúber, que se refiere a un niño de ocho o nueve años.

En cada grupo se utilizaron 10 animales, cinco casos y cinco controles; en resumen, a cinco se les limitó el flujo de sangre al riñón durante 30 minutos, mientras que los controles no eran sometidos a este procedimiento.

Antes de la cirugía se les tomaba una muestra de sangre para medir el nivel de creatinina –sustancia que se excreta por el riñón y permite evaluar su función–, y a las 72 horas del procedimiento se tomaba una nueva muestra para ver si se había modificado.

Luego de este procedimiento se les extraía el riñón para realizar un estudio histopatológico, que consiste en hacer cortes muy delgados de todo el órgano y observarlo en el microscopio.

Se encontró que los animales que resultaron con un mayor número de lesiones fueron los del grupo de 30 días (prepúberes): “presentaron desde inflamación, destrucción de túbulos y falta de flujo sanguíneo, hasta la muerte de células sin posibilidad de recuperación”, explicó la doctora Acosta.

En el estudio las ratas más pequeñas (10 días) tenían menos lesiones renales, pero más afectaciones en la glándula suprarrenal (que se encuentra sobre el riñón). Esto puede significar que esta glándula ayuda a proteger los riñones.

También se confirmó que la creatinina no es un buen indicador sobre el estado de este órgano, ya que en los resultados no se observaron diferencias significativas.

Lo primero es prevenir

La lesión renal aguda (LRA) sigue siendo un serio problema clínico para los niños hospitalizados en las UCIP, y su ocurrencia va en aumento. Además, un paciente con este padecimiento tiene un riesgo dos o tres veces mayor de mortalidad que quien no lo desarrolla.

Cuando se tiene una falla renal, en la UCIP se utiliza una serie de tratamientos que ayudan a remplazar la función del riñón mientras se supera el periodo crítico.

Sin embargo, esto significa que se deben utilizar dispositivos en vasos grandes o a nivel abdominal, y en ocasiones la estatura de los niños no permite la aplicación de estas terapias.

“La terapia es difícil de implementar, por lo que es mejor tratar de prevenir la falla renal y esto se podría lograr estudiando cómo se comporta el riñón de un niño y ver las diferencias con los adultos para determinar si se deben realizar intervenciones terapéuticas diferentes”, concluyó la investigadora Acosta.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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