Con árboles frutales enseñan agricultura a niños araucanos

 
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27 de octubre de 2015

Ahora, mientras cultivan, los bachilleres de la Institución Técnica Concentración de Desarrollo Rural, en Saravena (Arauca), refuerzan sus conocimientos en temas agrarios y, de paso, producen compostaje para abonar el terreno y mejorar el suelo; la misión: transmitir el amor por la ruralidad entre los escolares.Esta historia de innovación, que se conoció en el Foro de Extensión 2015, organizado por la Dirección de Investigación y Extensión de la U.N. Sede Bogotá, comenzó cuando Ecopetrol financió al colegio en la compra de 2.000 árboles frutales que fueron sembrados en cinco hectáreas de terrenos del plantel.

Pero el ataque de plagas como la hormiga arriera, y la falta de experiencia, llevaron a que sólo 500 de ellos quedaran en pie. Esta región tiene suelos muy arenosos y poco húmedos, lo que se convirtió en un obstáculo para su desarrollo.

Fue allí cuando la participación de la U.N. se hizo determinante. Óscar Suárez, profesor titular de la U.N Sede Orinoquia y quien dirige el trabajo con los adolescentes, cuenta que idearon la creación de un sistema de fertilización y un distrito de riego que permitió la rehabilitación de las plantas.

Además, después de meses, los alumnos de noveno y décimo grado, que se dividieron en cinco grupos de entre 5 y 6 miembros para cuidar toda la granja, comenzaron a preparar abonos, no sólo con los desechos de las mismas frutas, sino con hojas de pasto y material vegetal (compostaje).

“El proyecto de extensión ha resultado muy atractivo para los estudiantes, que investigan y siempre están pensando en nuevas prácticas para aplicar; la Universidad ha sido muy flexible para aceptar sus ideas. Si algún día ellos descubren que una mezcla de ají y tabaco puede ser exitosa como abono, dejamos que la apliquen y apoyamos su iniciativa”, explicó el docente Suárez.

Así mismo, la combinación de un mejor abono y un riego adecuado, adaptado a las condiciones geográficas, restauró poco a poco el cultivo; hoy en día  producen limón, guayaba, mandarina, aguacate, naranja, mango y guanábana, esta última es tal vez la que tiene mayor actividad comercial; también cuentan ya con alrededor de 1.700 árboles.

Con lo que les deja la venta de las frutas reparan la infraestructura, financian el pago de los servicios públicos, como la energía eléctrica, y costean los procesos de germinación de las semillas (plantulación). De igual manera, han conseguido hacer crecer esta iniciativa y ahora los jóvenes están aprendiendo que el negocio real y rentable no está necesariamente en la venta de las frutas, sino que los subproductos son más significativo que se puede extraer de una cosecha, como las pulpas y los aceites.

“Se busca que en los próximos meses la empresa privada nos ayude a montar un laboratorio de poscosecha”, agregó el educador.

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