Notas bajas afectan bienestar mental de los estudiantes

 
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29 de mayo de 2015

Medellín, May. 29 de 2015 – Agencia de Noticias UN- Estar en riesgo de perder el vínculo con la universidad, por bajo rendimiento académico, es asumido por los estudiantes como una experiencia dolorosa y angustiante.

Así lo concluyó la tesis de Maestría en Salud Mental que adelantó la psicóloga María Lizbeth Murillo Ramírez, del programa de Acompañamiento Integral de la Universidad Nacional Sede Medellín.

La profesional trabajó con grupos focales y realizó entrevistas semiestructuradas a 18 estudiantes de la Sede Medellín, de diferentes semestres y programas curriculares, con un promedio de entre 3.0 y 3.2.

De esta manera detectó que un bajo rendimiento académico es causante de malestar, además de comportamientos y de sentimientos explosivos, que  surgen y se exacerban ante esas notas, pues representan la caída de ideales, produciendo dolor y angustia.

“En estos momentos nada me preocupa más o me quita más el sueño que el 3,1 de mi Promedio Aritmético Ponderado Acumulado (PAPA). ¡Lo veo hasta dormido!”, señala uno de los entrevistados por la psicóloga.

Otro hallazgo importante de la psicóloga Murillo Ramírez es el temor que imprime a los estudiantes la posibilidad de perder su pertenencia a la Universidad Nacional.

“La Institución y su reconocimiento nacional e internacional es muy valioso, no sólo para el estudiante universitario, sino para su entorno cercano, sean parientes o amigos. Ello también genera presión social sobre el alumno”, amplía la investigadora.

Además, estudiar en la U.N. supone un privilegio frente a quienes no han ingresado o desertan por rendimiento académico. En el estudio de la psicóloga, esto recibe el nombre de “imaginarios sociales, que se construyen alrededor del prestigio institucional y tienen un peso muy grande para los estudiantes de la Universidad”, explicó Murillo Ramírez.

Uno de los principales valores de la tesis de la funcionaria de la U.N. es la relación que esos resultados cualitativos pueden aportar en la compleja situación de deserción en la educación superior.

Según cifras del Ministerio de Educación, para el 2013 la deserción en el nivel universitario alcanzó el 44.9 %, lo que significa que uno de cada dos estudiantes que ingresaron a la educación superior no culminó sus estudios. A su vez, la tasa de deserción anual llegó al 10.4 %.

La meta del Plan Nacional de Desarrollo: Prosperidad para Todos era reducir el porcentaje a 9 % en el 2014, sin embargo, advirtió la profesional, aún no se tienen datos al respecto.

El informe del Ministerio indica que el periodo en el que la deserción se presenta con mayor intensidad corresponde a los cuatro primeros semestres de la carrera, pues en este tiempo los estudiantes recién inician su proceso de adaptación a la vida universitaria.

Adicionalmente, la psicóloga Murillo Ramírez explicó que la manera en que los estudiantes enfrentan el impacto de las bajas calificaciones está mediado por los rasgos propios de la personalidad, las herramientas con las que se les dotó para hacer frente a las situaciones adversas, la experiencia obtenida en su trasegar por la academia y los vínculos familiares, sociales e institucionales.

Ingresar por fin a la universidad es una transición para el joven y para su grupo familiar, mediado, por ejemplo, por el lugar o colegio de procedencia, los vínculos en diferentes grupos sociales y académicos y la exposición al mundo.

Sin embargo, la psicóloga del Programa de Acompañamiento Integral de la Universidad destaca que aptitudes y actitudes como ser persistente y demostrar competitividad en un contexto en el que están los “mejores” estudiantes le llevaría al estudiante a superar esos baches anímicos, producto de los bajos rendimientos.

“Para algunos, esa situación se convierte en un reto o en una oportunidad para salir adelante, pues le apuestan a su proyecto de vida, a sus expectativas y a todo lo que pusieron en juego al ingresar a la universidad”, asegura la profesional.

La deserción estudiantil en educación superior es una preocupación compartida por los sistemas educativos a nivel mundial. Por eso, una de las conclusiones a las que llegó Murillo Ramírez es que “es pertinente que en la formulación de programas y servicios de Bienestar Universitario, se involucre la perspectiva de los estudiantes que se encuentran en esta situación, a la familia, a los profesores y al personal del contexto universitario”.

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