Búsqueda de coltán criminalizó cualquier tipo de minería diferente en el país

 
Facebooktwittergoogle_plusmail

agua

29 de abril de 2015

Bogotá D. C., abr. 29 de 2015 – Agencia de Noticias UN – La búsqueda de coltán -también conocido como oro azul- provocó la ilegalidad de las prácticas mineras en el Guainía y dejó en un vacío jurídico a los colonos e indígenas que vivían de la extracción del oro. Así lo evidencia estudio de la UN.

Hacia el 2009, el territorio se transformó, tras la divulgación de noticias nacionales sobre hallazgos y explotaciones de coltán, un mineral que abrevia la columbita-tantalita y que cuenta con características sobre las cuales no se tenía claridad en la época.

Ante el rumor del nuevo mineral que traería mayores recursos, pero que podría quedar en manos de actores del conflicto armado, el Gobierno declaró una nueva área estratégica minera en Guainía, Vichada, Vaupés y partes del Guaviare y el Amazonas, por medio de la Resolución 0045 de junio de 2012.

Pese a haber redefinido las formas de acceder y controlar los minerales, para blindar las zonas del posible conflicto, esta nueva figura minera dejó en pie la expansión del negocio bajo un modelo de gran empresa y criminalizó cualquier tipo de minería diferente.

Aunque todavía no hay presencia de la industria a gran escala en la región, la medida afectó directamente a más de 200 familias de la cuenca baja del río Inírida y de los resguardos Remanso, Chorrobocón y Venado, quienes quedaron excluidas.

La situación vivida por estas poblaciones fue conocida de primera mano por un antropólogo de la U.N., quien encaminó su tesis de maestría al estudio y análisis del fenómeno que generó el oro azul en Guainía.

“Coltán: falsa bonanza, restructuración territorial y movilización interétnica” es el título de la tesis laureada que nació de esa experiencia y en la que Fernando López Vega, hoy magíster en Geografía, sostiene que el coltán es un término coloquial y mediático que surgió en El Congo (África) hacia el 2001, para llamar la atención sobre la relación entre el conflicto armado y recursos como el tantalio, el tungsteno y el estaño.

Su investigación, desarrollada durante dos años, se resume en cuatro planteamientos: primero, que el coltán no es un mineral, sino una abreviatura de la columbita–tantalita; segundo, que el proceso para extraer tantalio de las rocas es muy complejo como para hacerlo viable y rentable; tercero, que su precio no es comparable con el de elementos como el oro; y, por último, que no hay bases científicas para afirmar que existen grandes cantidades del mineral en esa región.

Las rocas de columbita-tantalita son la fuente principal del tantalio, un elemento liviano con alta conductividad eléctrica, que permite producir microcondensadores con alta capacidad y dispositivos muy pequeños. Por eso es muy utilizado en el desarrollo de tecnologías de la información y la comunicación.

Según el investigador, obtener este material es complejo. El 50 % se extrae con procesos de gran minería y el resto con extracción a pequeña escala, como se hace en El Congo, donde existen yacimientos de explotación manual.

En cuanto a precios, estos materiales no son equiparables con otros como el oro, que según el Servicio Geológico de los Estados Unidos, desde 1970 al 2012, ha variado anualmente entre 10 millones y 100 millones de dólares por tonelada. Para este mismo periodo, el tantalio presentó cifras entre 100.000 y un millón de dólares, lo que confirma las falsas expectativas nacionales.

El trabajo de campo realizado por el antropólogo López Vega permitió identificar posibles yacimientos de tungsteno, pero no de tantalio. Según el antropólogo, existe muy poca información geológica sobre el oriente del país. Los recientes análisis realizados por el Grupo de Estudios de Geología y Mineralogía Aplicada de la UN (Gegema) dan cuenta de que no existen yacimientos de tantalio en la región.

Esta información es ratificada en parte por el profesor Thomas Cramer, del Departamento de Geociencias de la U.N., autoridad en el país en el tema de mineralogía. En su opinión, para hablar de yacimientos o reservas de tantalio en estas zonas se necesitan estudios profundos y mayor conocimiento, lo que llevaría no menos de 10 años.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*