Ergonomía que aporta al medioambiente

 
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silla

30 de marzo de 2015

Bogotá D. C., mar. 30 de 2015 – Agencia de Noticias UN- Pensar en el bienestar humano es tomar en cuenta la estabilidad de la naturaleza, de esa forma la ergonomía puede contribuir a la sostenibilidad tanto de las personas como del medioambiente.

Desde cambiar contenedores pesados, hasta el uso de tijeras para cortar flores sin forzar las manos, son factores que mejoran la salud y el bienestar de las personas, pero también fortalecen procesos de ahorro energético y de conservación.

Por el contrario, si los recursos ambientales se malgastan, lograr el bienestar del ser humano no será suficiente.

Así lo manifestaron el profesor Gabriel García del Grupo de Micro y Macro Ergonomía de la U.N., la docente Karen Lange Morales y el investigador sudafricano Andrew Tatcher, quienes resaltaron la importancia de la ergonomía desde una perspectiva ecológica.

Los tres docentes e investigadores se encargaron de destacar las ventajas de estos procesos, a través de un artículo investigativo en la revista Ergonomics, el cual fue considerado como uno de los mejores papers en el Liberty Mutual Best Paper Award, uno de los galardones más importantes del mundo.

En Colombia se habla de la ergoecología y en el sur del continente africano de la ecología verde, pero a pesar de los nombres y los orígenes, el objetivo es el mismo: velar por la responsabilidad social y ambiental.

La iniciativa se ocupa del estudio del ser humano y de sus relaciones con la naturaleza en función de su trabajo, con el fin de interferir en los impactos que se generan dentro de este vínculo. El concepto también se relaciona con el diseño de lugares de trabajo, herramientas y tareas acordes con la fisiología, anatomía y capacidades del trabajador, pero sin afectar el entorno.

“La conciencia ambiental tiene que ver, sobre todo, con el hecho de que en la Tierra somos una especie más”, afirma el docente adscrito a la Escuela de Diseño Industrial de la U.N.

Aplicaciones

En la actualidad, la Universidad Nacional de Colombia tiene en proceso de patente el desarrollo de unas tijeras cuya forma de funcionamiento es la acumulación de energía a través de la tracción humana, es decir, utilizan un mecanismo para acumular fuerza y energía.

A pesar de que la información es confidencial, se sabe que las tijeras no funcionarían con energía eléctrica o uso manual, lo que evitaría el desgaste de los trabajadores y reduciría complicaciones como el Túnel de Carpio.

Otro ejemplo, pero fuera de Colombia, es el de una multinacional encargada de producir un desinfectante para instrumentación quirúrgica. Existe una presentación líquida transportada en contenedores de entre 20 y 80 litros, lo que significa riesgos osteomusculares en su manipulación.

Pues bien, esta compañía desarrolló el mismo producto, pero en versión sólida, con un peso aproximado de 4,5 litros al inyectársele agua, pero que rinde lo mismo que los contenedores más pesados.

“Por un lado, se evita el riesgo a la persona porque es un peso menor de la sustancia, y por el otro, se ahorra agua”, señala la profesora Karen Lange Morales.

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