Muchos padres y profesores, cada vez menos capaces de imponer disciplina a niños y jovenes

 
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niños

31 de octubre de 2014

La violencia escolar y familiar siempre han existido, el problema es que los padres y maestros cada vez saben menos sobre cómo disciplinar a niños y jóvenes, afirmó Claudia Saucedo, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.

Al participar en la mesa redonda Entre la equidad que buscamos y las violencias que vivimos, dijo que este tipo de agresión se entiende como el uso intencional de la fuerza y el poder para dañar a otros e incluso a uno mismo.

En ese sentido, indicó, en las escuelas se pueden encontrar casos de indisciplina, bullying y agresividad, mientras que en los hogares hay insultos, golpes, humillaciones, comparaciones y abandono físico y emocional.

Hay muchos padres que no saben cómo fomentar la disciplina con sus hijos y recurren a prácticas de llamarles la atención en público, compararlos y amenazarlos en lugar de corregir el problema. Esto tiende a dañar la autoestima de los menores, subrayó en el evento organizado por el Grupo Equidad de Género del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de esta casa de estudios.

También muchos maestros, por su parte, no se sienten apoyados por los padres en el aspecto disciplinario y prefieren no ocuparse de este problema porque temen ser objeto de demandas o ser agredidos por los alumnos o sus progenitores. En consecuencia, se desatienden de la formación del estudiante.

Para eliminar estas actitudes es necesario fomentar valores que reviertan el individualismo y exceso de ego. Es preciso trabajar el respeto, la comunicación y el manejo de límites, decir no a los hijos si la situación lo amerita y no dar dinero y objetos como sustitutos de amor.

En su oportunidad, Juan Guillermo Figueroa Perea, investigador de El Colegio de México, habló de la necesidad de que los hombres expresen sus emociones y hagan visible la violencia no sólo hacia las mujeres, sino a los varones.

“Sabemos que ellos padecen agresiones, pero las viven en soledad. Por antecedentes familiares o sociales no se atreven a nombrarlas, visualizarlas o cuestionarlas”, dijo.

De hecho, en todas sus manifestaciones hay un fondo de diferentes tipos de dolores y muchas veces las personas de género masculino los guardan para no sentirlos, concluyó.

Créditos: dgcs/UNAM/632/14

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