Deforestación y cambio climático aceleran el daño a esos ecosistemas, en los que se extinguiría 70 por ciento de las especies endémicas de vertebrados que allí viven, alertó Víctor Hugo Reynoso Rosales

Deforestación y cambio climático aceleran el daño a esos ecosistemas, en los que se extinguiría 70 por ciento de las especies endémicas de vertebrados que allí viven, alertó Víctor Hugo Reynoso Rosales

El 68 por ciento de los bosques de niebla, ubicados en zonas altas del país, podrían desaparecer hacia el año 2080 a consecuencia de la deforestación y el cambio climático, alertó Víctor Hugo Reynoso Rosales, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.
Junto con esos ecosistemas, también llamados bosques mesófilos de montaña, podría extinguirse el 70 por ciento de las especies endémicas de vertebrados que allí viven, destacó el científico al comentar algunos resultados del estudio que, durante los últimos cuatro años, realizó con su alumna de doctorado Rocío Ponce Reyes, actualmente académica de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Queensland, Australia.
El trabajo, en el que también colaboraron cinco expertos de las universidades australianas James Cook y Queensland, así como de la Wildlife Conservation Society de Estados Unidos, se publicó recientemente en la revista Nature Climate Change.
Gran endemismo
El bosque de niebla se distribuye en todo México en las partes altas. Es la transición entre la selva tropical y el bosque de encino y pino. Se trata de un ecosistema muy dinámico, sin fronteras arbóreas definidas, como las que generalmente distinguen a bosques y desiertos.
“Es uno de los más diversos del país. Se distribuye en las laderas costeras, cerca de la cumbre de las montañas, y genera un sistema de archipiélagos (conjuntos de islas cercanas entre sí), donde no hay flujo de animales entre una de esas porciones de tierra y la otra, lo que deriva en mucho endemismo de reptiles, aves y mamíferos”, detalló Reynoso en entrevista.
Heterogéneo y muy dinámico, el bosque mesófilo incluye plantas y animales de selvas tropicales en elevadas altitudes, y especies de ambientes fríos que migran hacia las partes más bajas en la ladera costera. Es muy lluvioso y frío.
Modelos de predicción
La indagación sobre los bosques de niebla mexicanos contempla todos los nublados en varias regiones del país, e incluye las especies de plantas y animales que viven en ellos.
La metodología de este proyecto no se fundamenta en trabajo de campo, donde los científicos indagan a detalle una región específica del territorio, pues esta vez el análisis fue global, basado en modelos de predicción, bases de datos y mapas que combinan matemáticas con datos de biología y climatología.
“En este tipo de estudios se generan mapas de distribución del clima y, en función de ellos, se sobrepone la diversidad. No requiere mucho trabajo de campo propio, salvo para la verificación de información”, explicó.
Emplea variables climáticas muy amplias, que se predicen en mapas muy grandes, y proveen una mirada panorámica, en este caso, sobre los escenarios futuros de los bosques de niebla mexicanos.
“Estos modelos mezclan el efecto que va a tener el cambio climático solo, con ese fenómeno sumado al cambio de uso de suelo de la zona, que inicia con la deforestación”, precisó.
Asimismo, aplican una serie de algoritmos matemáticos con datos climáticos de estaciones meteorológicas del país, que comprimen información en pixeles.
Cada uno de estos últimos tiene asignado un valor de temperatura, humedad, precipitación y otras variables; de ahí se seleccionan las que son propias del bosque de niebla y se diseñan los mapas específicos, que deben ser coincidentes con lo que los sistemas forestales definen como bosques mesófilos.
A las cartas se les sobrepone información sobre la distribución de especies faunísticas y, con ello, se sabe cuáles son las más vulnerables a desaparecer a futuro. “La tendencia sería que, con el cambio climático, los pixeles en el mapa, propios de ese clima, se desplazan hacia la punta de la montaña, en conjunto con animales y plantas endémicas”.
Reynoso explicó que si calienta el planeta “los bosques mesófilos, que son fríos, subirán en altitud por las montañas, donde las condiciones atmosféricas sigan favorables, pero si el clima propicio supera la altura de las montañas, ya no habrá más lugar donde los bosque de niebla se puedan asentar. La tendencia sería que los climas desérticos, del lado del altiplano, subirán hacia las montañas, mientras que por el lado de las costas, los mesófilos se estrangularán y las especies endémicas desaparecerán”, destacó.
Deforestación y calor
Usualmente, estos entornos han sido de los menos dañados por los seres humanos, porque se ubican en zonas inaccesibles. “La tradición en el país es cortar todos los árboles que se encuentren y tengan una función maderable, o clarear para siembra o ganado. Eso se hace también en los bosques de niebla, pero son los últimos en ser afectados porque tienen pendientes de hasta 90 grados y menos accesibles que los de pino, de encino y las selvas”, destacó.
También por esa inaccesibilidad hay carencia de estudios biológicos. “Una vez supusimos que tardaríamos cuatro horas en recorrer una distancia de cuatro kilómetros, y tardamos 12”, recordó Reynoso.
A pesar de la dificultad para llegar a ellos, muchos ya son talados y modificados en su uso del suelo. “Las sierras de San Luis Potosí son muy explotadas para extracción de concreto, lo que requiere tirar las montañas, además de los árboles que contiene”, indicó.
Urgen áreas protegidas
En México solamente está protegido el 12 por ciento de este tipo de ecosistemas, especialmente en Chiapas; pero el 88 por ciento no cuenta con una protección que permita impedir legalmente su creciente destrucción.
Por ello, Reynoso y Ponce proponen en su artículo la necesidad de proteger permanentemente la Sierra de Juárez, Oaxaca, un sitio con condiciones naturales semejantes a las de Chiapas, pero que carece de resguardo legal.
La predicción indica que, en 2080, quedarán 66 kilómetros cuadrados de bosque de niebla en ese estado, donde actualmente hay cinco mil 160 kilómetros cuadrados. Respecto a la pérdida de especies, se prevé que, de 26, podrían sobrevivir solamente siete vertebrados; entre las muchas que desaparecerían se encuentran las abronias, lagartijas verdes que sólo viven en México y Guatemala.
Las áreas naturales protegidas no concuerdan con los remanentes de bosque nublado hacia el 2080. Si no se planifican bien esas zonas de acuerdo a nuestros hallazgos, entonces no habrá seguridad en la preservación a futuro”, advirtió.
La propuesta de Ponce y Reynoso es que, a partir de estos modelos de predicción, se proyecten áreas protegidas en sitios como Oaxaca. “Lo importante del artículo es que son predicciones que hacemos 80 años antes. Hay tiempo suficiente para tomar las medidas pertinentes para que no suceda. Debemos detener la deforestación si no queremos que los bosques de niebla desaparezcan en menos de 70 años”, concluyó el universitario.
306
14 de mayo de 2012
• Deforestación y cambio climático aceleran el daño a esos ecosistemas, en los que se extinguiría 70 por ciento de las especies endémicas de vertebrados que allí viven, alertó Víctor Hugo Reynoso Rosales, del IB de la UNAM
• Con su alumna doctoral Rocío Ponce Reyes, aplicó un modelo biomatemático de predicción; los resultados se publican en la revista Nature Climate Change
El 68 por ciento de los bosques de niebla, ubicados en zonas altas del país, podrían desaparecer hacia el año 2080 a consecuencia de la deforestación y el cambio climático, alertó Víctor Hugo Reynoso Rosales, investigador del Instituto de Biología (IB) de la UNAM.
Junto con esos ecosistemas, también llamados bosques mesófilos de montaña, podría extinguirse el 70 por ciento de las especies endémicas de vertebrados que allí viven, destacó el científico al comentar algunos resultados del estudio que, durante los últimos cuatro años, realizó con su alumna de doctorado Rocío Ponce Reyes, actualmente académica de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Queensland, Australia.
El trabajo, en el que también colaboraron cinco expertos de las universidades australianas James Cook y Queensland, así como de la Wildlife Conservation Society de Estados Unidos, se publicó recientemente en la revista Nature Climate Change.
Gran endemismo
El bosque de niebla se distribuye en todo México en las partes altas. Es la transición entre la selva tropical y el bosque de encino y pino. Se trata de un ecosistema muy dinámico, sin fronteras arbóreas definidas, como las que generalmente distinguen a bosques y desiertos.
“Es uno de los más diversos del país. Se distribuye en las laderas costeras, cerca de la cumbre de las montañas, y genera un sistema de archipiélagos (conjuntos de islas cercanas entre sí), donde no hay flujo de animales entre una de esas porciones de tierra y la otra, lo que deriva en mucho endemismo de reptiles, aves y mamíferos”, detalló Reynoso en entrevista.
Heterogéneo y muy dinámico, el bosque mesófilo incluye plantas y animales de selvas tropicales en elevadas altitudes, y especies de ambientes fríos que migran hacia las partes más bajas en la ladera costera. Es muy lluvioso y frío.
Modelos de predicción
La indagación sobre los bosques de niebla mexicanos contempla todos los nublados en varias regiones del país, e incluye las especies de plantas y animales que viven en ellos.
La metodología de este proyecto no se fundamenta en trabajo de campo, donde los científicos indagan a detalle una región específica del territorio, pues esta vez el análisis fue global, basado en modelos de predicción, bases de datos y mapas que combinan matemáticas con datos de biología y climatología.
“En este tipo de estudios se generan mapas de distribución del clima y, en función de ellos, se sobrepone la diversidad. No requiere mucho trabajo de campo propio, salvo para la verificación de información”, explicó.
Emplea variables climáticas muy amplias, que se predicen en mapas muy grandes, y proveen una mirada panorámica, en este caso, sobre los escenarios futuros de los bosques de niebla mexicanos.
“Estos modelos mezclan el efecto que va a tener el cambio climático solo, con ese fenómeno sumado al cambio de uso de suelo de la zona, que inicia con la deforestación”, precisó.
Asimismo, aplican una serie de algoritmos matemáticos con datos climáticos de estaciones meteorológicas del país, que comprimen información en pixeles.
Cada uno de estos últimos tiene asignado un valor de temperatura, humedad, precipitación y otras variables; de ahí se seleccionan las que son propias del bosque de niebla y se diseñan los mapas específicos, que deben ser coincidentes con lo que los sistemas forestales definen como bosques mesófilos.
A las cartas se les sobrepone información sobre la distribución de especies faunísticas y, con ello, se sabe cuáles son las más vulnerables a desaparecer a futuro. “La tendencia sería que, con el cambio climático, los pixeles en el mapa, propios de ese clima, se desplazan hacia la punta de la montaña, en conjunto con animales y plantas endémicas”.
Reynoso explicó que si calienta el planeta “los bosques mesófilos, que son fríos, subirán en altitud por las montañas, donde las condiciones atmosféricas sigan favorables, pero si el clima propicio supera la altura de las montañas, ya no habrá más lugar donde los bosque de niebla se puedan asentar. La tendencia sería que los climas desérticos, del lado del altiplano, subirán hacia las montañas, mientras que por el lado de las costas, los mesófilos se estrangularán y las especies endémicas desaparecerán”, destacó.
Deforestación y calor
Usualmente, estos entornos han sido de los menos dañados por los seres humanos, porque se ubican en zonas inaccesibles. “La tradición en el país es cortar todos los árboles que se encuentren y tengan una función maderable, o clarear para siembra o ganado. Eso se hace también en los bosques de niebla, pero son los últimos en ser afectados porque tienen pendientes de hasta 90 grados y menos accesibles que los de pino, de encino y las selvas”, destacó.
También por esa inaccesibilidad hay carencia de estudios biológicos. “Una vez supusimos que tardaríamos cuatro horas en recorrer una distancia de cuatro kilómetros, y tardamos 12”, recordó Reynoso.
A pesar de la dificultad para llegar a ellos, muchos ya son talados y modificados en su uso del suelo. “Las sierras de San Luis Potosí son muy explotadas para extracción de concreto, lo que requiere tirar las montañas, además de los árboles que contiene”, indicó.
Urgen áreas protegidas
En México solamente está protegido el 12 por ciento de este tipo de ecosistemas, especialmente en Chiapas; pero el 88 por ciento no cuenta con una protección que permita impedir legalmente su creciente destrucción.
Por ello, Reynoso y Ponce proponen en su artículo la necesidad de proteger permanentemente la Sierra de Juárez, Oaxaca, un sitio con condiciones naturales semejantes a las de Chiapas, pero que carece de resguardo legal.
La predicción indica que, en 2080, quedarán 66 kilómetros cuadrados de bosque de niebla en ese estado, donde actualmente hay cinco mil 160 kilómetros cuadrados. Respecto a la pérdida de especies, se prevé que, de 26, podrían sobrevivir solamente siete vertebrados; entre las muchas que desaparecerían se encuentran las abronias, lagartijas verdes que sólo viven en México y Guatemala.
Las áreas naturales protegidas no concuerdan con los remanentes de bosque nublado hacia el 2080. Si no se planifican bien esas zonas de acuerdo a nuestros hallazgos, entonces no habrá seguridad en la preservación a futuro”, advirtió.
La propuesta de Ponce y Reynoso es que, a partir de estos modelos de predicción, se proyecten áreas protegidas en sitios como Oaxaca. “Lo importante del artículo es que son predicciones que hacemos 80 años antes. Hay tiempo suficiente para tomar las medidas pertinentes para que no suceda. Debemos detener la deforestación si no queremos que los bosques de niebla desaparezcan en menos de 70 años”, concluyó el universitario.
Créditos: unam.mx/boletin/306/2012
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Miden emisiones de gases en represas y embalses
Científicos de la UN en Palmira y del IRD de Francia cuantifican la cantidad de emisiones de dióxido de carbono y metano en zonas de inundación y embalses de montaña del país.
En los modelos globales del ciclo del carbono, los aportes de los ecosistemas acuáticos son representados principalmente por los ríos que actúan como drenajes naturales del carbono orgánico y el inorgánico desde los continentes hacia los océanos.
Sin embargo, diversos estudios han mostrado que los ecosistemas acuáticos continentales, como ríos, lagos, represas y zonas inundadas, podrían almacenar y emitir gran cantidad de carbono en su forma de CO2 (dióxido de carbono) y CH4 (metano), que, por el momento, no son considerados dentro de los balances globales.
Según el profesor Juan Gabriel León, doctor en Dominio de las Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente, “si bien varios trabajos han estudiado esta situación a nivel de grandes planicies de inundación y lagos, otros estudios sugieren que los embalses y represas pueden contribuir con un 4% y un 12% de las emisiones globales de CO2 y CH4 de origen antrópico”.
Por esta razón, desde hace tres años, su grupo de investigación emprendió con el Institut de Recherche pour le Développement (IRD) de Francia un proyecto para la cuantificación de los gases de efecto invernadero en embalses y zonas de inundación de la región amazónica.  Empero, desde hace un año, se enfocaron en represas y embalses tropicales en el Valle del Cauca y Antioquia.
Edna Lized Melo, investigadora y estudiante de Ingeniería Ambiental de la UN en Palmira, explica el proceso de recolección de los datos en dichos sitios: “mediante una estrategia de muestreo mensual, tanto en los cauces que surten los sistemas como en el reservorio y el desagüe de la presa, estamos analizando la calidad del agua y las concentraciones de carbono orgánico e inorgánico, así como la sedimentación y los procesos de degradación de los sedimentos”.
La estudiante también sostiene que están evaluando las concentraciones y emisiones de gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta los flujos difusivos, los flujos de ebullición y las concentraciones de gas en la columna de agua.
Cuantificación pionera
El profesor Juan Gabriel León señala que con el proyecto se espera contribuir en la cuantificación de los gases contaminantes en estos embalses tropicales.
“Como resultado de esta aplicación esperamos contribuir con la primera cuantificación de las emisiones de CO2, CH4 y N2O en embalses tropicales de montaña, en donde las características —en términos de aportes de carbono en altitud, climatología e hidrología— son muy diferentes a las de zonas reportadas en estudios precedentes”, asegura.
Este proyecto de investigación busca apoyar de forma directa los esfuerzos internacionales actualmente en curso que instituciones como el IRD de Francia desarrollan en la cuenca amazónica y en Asia sobre estos cuerpos de agua continental.
“Dichos esfuerzos están orientados a la elaboración de una base de datos que contenga información completa sobre la cuantificación precisa de las emisiones de gases en cada uno de estos sitios de estudio, contrastados entre ellos en términos de régimen climático, área, naturaleza del sedimento, etc.”, afirma Sandra Loaiza, estudiante de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la sede y vinculada al proyecto.
De igual forma, los investigadores dicen que se presentará también una de las primeras cuantificaciones de emisiones totales de N2O (oxido nitroso) en embalses tropicales, así como una estimación de la captura de sedimento y de carbono sedimentario que hacen estos sistemas. Todo lo cual contribuirá a un sistema de información de nivel mundial.
“También se obtendrá el primer balance de masa de carbono y nitrógeno en zona tropical sobre sistemas que causan retención de aguas en montaña; y se proveerá una base de datos con los resultados obtenidos y con una estructura similar a la de libre acceso que el IRD de Francia construye actualmente con los parámetros de otros seis embalses a nivel tropical”, concluye el profesor León.

La información se recolecta con cámaras para captura de flujos difusivos.
La información se recolecta con cámaras para captura de flujos difusivos.

14 de mayo de 2012

Científicos de la UN en Palmira y del IRD de Francia cuantifican la cantidad de emisiones de dióxido de carbono y metano en zonas de inundación y embalses de montaña del país.

En los modelos globales del ciclo del carbono, los aportes de los ecosistemas acuáticos son representados principalmente por los ríos que actúan como drenajes naturales del carbono orgánico y el inorgánico desde los continentes hacia los océanos.

Sin embargo, diversos estudios han mostrado que los ecosistemas acuáticos continentales, como ríos, lagos, represas y zonas inundadas, podrían almacenar y emitir gran cantidad de carbono en su forma de CO2 (dióxido de carbono) y CH4 (metano), que, por el momento, no son considerados dentro de los balances globales.

Según el profesor Juan Gabriel León, doctor en Dominio de las Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente, “si bien varios trabajos han estudiado esta situación a nivel de grandes planicies de inundación y lagos, otros estudios sugieren que los embalses y represas pueden contribuir con un 4% y un 12% de las emisiones globales de CO2 y CH4 de origen antrópico”.

Por esta razón, desde hace tres años, su grupo de investigación emprendió con el Institut de Recherche pour le Développement (IRD) de Francia un proyecto para la cuantificación de los gases de efecto invernadero en embalses y zonas de inundación de la región amazónica.  Empero, desde hace un año, se enfocaron en represas y embalses tropicales en el Valle del Cauca y Antioquia.

Edna Lized Melo, investigadora y estudiante de Ingeniería Ambiental de la UN en Palmira, explica el proceso de recolección de los datos en dichos sitios: “mediante una estrategia de muestreo mensual, tanto en los cauces que surten los sistemas como en el reservorio y el desagüe de la presa, estamos analizando la calidad del agua y las concentraciones de carbono orgánico e inorgánico, así como la sedimentación y los procesos de degradación de los sedimentos”.

La estudiante también sostiene que están evaluando las concentraciones y emisiones de gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta los flujos difusivos, los flujos de ebullición y las concentraciones de gas en la columna de agua.

Cuantificación pionera

El profesor Juan Gabriel León señala que con el proyecto se espera contribuir en la cuantificación de los gases contaminantes en estos embalses tropicales.

“Como resultado de esta aplicación esperamos contribuir con la primera cuantificación de las emisiones de CO2, CH4 y N2O en embalses tropicales de montaña, en donde las características —en términos de aportes de carbono en altitud, climatología e hidrología— son muy diferentes a las de zonas reportadas en estudios precedentes”, asegura.

Este proyecto de investigación busca apoyar de forma directa los esfuerzos internacionales actualmente en curso que instituciones como el IRD de Francia desarrollan en la cuenca amazónica y en Asia sobre estos cuerpos de agua continental.

“Dichos esfuerzos están orientados a la elaboración de una base de datos que contenga información completa sobre la cuantificación precisa de las emisiones de gases en cada uno de estos sitios de estudio, contrastados entre ellos en términos de régimen climático, área, naturaleza del sedimento, etc.”, afirma Sandra Loaiza, estudiante de la Maestría en Ingeniería Ambiental de la sede y vinculada al proyecto.

De igual forma, los investigadores dicen que se presentará también una de las primeras cuantificaciones de emisiones totales de N2O (oxido nitroso) en embalses tropicales, así como una estimación de la captura de sedimento y de carbono sedimentario que hacen estos sistemas. Todo lo cual contribuirá a un sistema de información de nivel mundial.

“También se obtendrá el primer balance de masa de carbono y nitrógeno en zona tropical sobre sistemas que causan retención de aguas en montaña; y se proveerá una base de datos con los resultados obtenidos y con una estructura similar a la de libre acceso que el IRD de Francia construye actualmente con los parámetros de otros seis embalses a nivel tropical”, concluye el profesor León.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

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Develadas aproximaciones matemáticas poco estudiadas en el pasado
La interacción de ondas, de alta y baja frecuencia, puede ser descrita por un modelo matemático conocido como sistema de Zakharov-Rubenchik (ZR).
El estudio contribuye a la comprensión del fenómeno de las ondas y es útil, por ejemplo, en desarrollos asociados con la física del plasma y con las ondas gravitacionales (ondas oceánicas y aquellas de aguas de poca profundidad).
La investigación hace parte del trabajo doctoral desarrollado en el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) en Brasil, del profesor de la UN en Manizales Juan Carlos Cordero Ceballos.
En el proyecto, el docente resolvió dos de los problemas planteados en los trabajos de Zakharov, Rubenchik y Kusnetzov, en 1979 y 1983, y de J. Saut y G. Ponce, en 2005.
“El asunto era poder probar que las soluciones del sistema ZR podían ser aproximadas por soluciones de otros dos modelos más simples y mejor conocidos”, expresa el docente.
El modelo ZR es un sistema de ecuaciones que ha sido poco estudiado por su alto grado de complejidad dado que involucra más variables, un considerable número de parámetros y términos no lineales acoplando la densidad de masa, el potencial hidrodinámico y la función de onda.
“Vimos que en realidad las soluciones del sistema de Zakharov-Rubenchik convergen para las soluciones del sistema de Davey- Stewartson (DS) cuando la velocidad de grupo de la onda es subsónica (menor que la velocidad del sonido); y, por otro lado, esas mismas soluciones funcionan para el sistema de Zakharov (Z) en regímenes supersónicos”, afirma el investigador.
Dentro de las condiciones, es importante mencionar aquellas asociadas a la topología, en donde hay una noción de cercanía y continuidad con un grado de generalidad que puede ir más allá de lo usual.
“Tenemos unos sistemas de ecuaciones más simples (aquellas de Davey Stewartson y las de Zakarov), que han sido abordados con anterioridad y de los que se posee más información. El asunto era saber si con las soluciones de estos sistemas más sencillos podríamos ser capaces de interpretar cercanamente los problemas que el modelo más general intenta describir”, indica Cordero Ceballos.
Para ello, continúa explicando, era necesario dar una demostración matemática del problema de aproximación cuando ciertos parámetros se hacen pequeños o infinitamente grandes.

Estos modelos están muy ligados a la física, la química y la ingeniería.

Estos modelos están muy ligados a la física, la química y la ingeniería.

14 de febrero de 2012

La interacción de ondas, de alta y baja frecuencia, puede ser descrita por un modelo matemático conocido como sistema de Zakharov-Rubenchik (ZR).
El estudio contribuye a la comprensión del fenómeno de las ondas y es útil, por ejemplo, en desarrollos asociados con la física del plasma y con las ondas gravitacionales (ondas oceánicas y aquellas de aguas de poca profundidad).
La investigación hace parte del trabajo doctoral desarrollado en el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) en Brasil, del profesor de la UN en Manizales Juan Carlos Cordero Ceballos.
En el proyecto, el docente resolvió dos de los problemas planteados en los trabajos de Zakharov, Rubenchik y Kusnetzov, en 1979 y 1983, y de J. Saut y G. Ponce, en 2005.
“El asunto era poder probar que las soluciones del sistema ZR podían ser aproximadas por soluciones de otros dos modelos más simples y mejor conocidos”, expresa el docente.
El modelo ZR es un sistema de ecuaciones que ha sido poco estudiado por su alto grado de complejidad dado que involucra más variables, un considerable número de parámetros y términos no lineales acoplando la densidad de masa, el potencial hidrodinámico y la función de onda.
“Vimos que en realidad las soluciones del sistema de Zakharov-Rubenchik convergen para las soluciones del sistema de Davey- Stewartson (DS) cuando la velocidad de grupo de la onda es subsónica (menor que la velocidad del sonido); y, por otro lado, esas mismas soluciones funcionan para el sistema de Zakharov (Z) en regímenes supersónicos”, afirma el investigador.
Dentro de las condiciones, es importante mencionar aquellas asociadas a la topología, en donde hay una noción de cercanía y continuidad con un grado de generalidad que puede ir más allá de lo usual.
“Tenemos unos sistemas de ecuaciones más simples (aquellas de Davey Stewartson y las de Zakarov), que han sido abordados con anterioridad y de los que se posee más información. El asunto era saber si con las soluciones de estos sistemas más sencillos podríamos ser capaces de interpretar cercanamente los problemas que el modelo más general intenta describir”, indica Cordero Ceballos.
Para ello, continúa explicando, era necesario dar una demostración matemática del problema de aproximación cuando ciertos parámetros se hacen pequeños o infinitamente grandes.
Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co
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