Una nube de partículas y campo magnético, conocida como Eyección de masa coronal, salió del Sol el pasado 22 de enero, a una velocidad de dos mil kilómetros por segundo.
Una nube de partículas y campo magnético, conocida como Eyección de masa coronal, salió del Sol el pasado 22 de enero, a una velocidad de dos mil kilómetros por segundo.

25 de enero de 2012

• Una nube de partículas y campo magnético, conocida como Eyección de masa coronal, salió del astro el pasado domingo, a una velocidad de dos mil kilómetros por segundo; los primeros efectos se sentirían esta tarde, en el momento en el que se encuentren muy cerca de la Tierra
• La actividad es cíclica y cada 11 años presenta un máximo de actividad; se espera que en los próximos meses vaya en aumento, señaló Alejandro Lara, del IGf de la UNAM

Las imágenes presentadas sobre el monitoreo solar semejan una colisión de líquido naranja como si se tratara de oleaje marítimo. Son gases incandescentes que muestran una explosión solar, la más reciente, registrada el pasado domingo.

“Estos fenómenos ocurren constantemente en el sol; emiten una gran cantidad de luz, de emisión electromagnética, en muchas longitudes de onda, es decir, pueden ser rayos X, ultravioleta, infrarrojos, y/o nubes de partículas que se llaman eyecciones de masa coronal”, explicó Alejandro Lara, del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM.

El experto universitario en Física Solar, señaló que puede considerarse el más potente del presente ciclo, pero no de los más emblemáticos en la historia.

Afectaciones a la tecnología

El investigador del IGf, apuntó que aún si la explosión se suscitó recientemente, no puede determinarse la hora exacta en que llegarán sus efectos a la Tierra, porque el margen de error es de hasta 12 horas.

“La explosión fue relativamente grande y está acompañada de una eyección, que salió del sol a dos mil kilómetros por segundo, y los efectos no los sabremos hasta que se encuentre muy cerca de la Tierra”.

Lara añadió que ocasionalmente afectan sistemas tecnológicos como las comunicaciones y las líneas de transmisión de electricidad. Sin embargo, por la configuración del campo magnético México no se encuentra tan expuesto a estas perturbaciones por su cercanía al ecuador, en contraste con las zonas cercanas a los polos,

“Pueden desplazar satélites y, con ello, las antenas receptoras no los “encuentran” por lo que se dificultan las señales, hasta que el aparato es reposicionado. Cualquier servicio que utilice comunicación por dicha vía, como telefonía, televisión de paga e incluso Internet, sufrirían interrupciones por algunos minutos”, alertó.

Asimismo, el académico universitario, explicó que la atmósfera actúa como escudo ante la radiación que sale de las explosiones.

“Emiten demasiada radiación X, ultravioleta, hasta gama, pero ésta se queda atrapada en la atmósfera alta; modifica la ionosfera, cambia sus características y así, ya no es tan fácil, ni el egreso o ingreso de señales electromagnéticas”, indicó.

Monitoreo solar

El Instituto de Geofísica de la UNAM es la única institución en el país que cuenta con radiotelescopios solares, que monitorean la actividad del máximo astro.

“La actividad es cíclica. Cada 11 años presenta un máximo de movimiento y en este momento llegamos a ese nivel. Esperamos que vaya en aumento en ritmo e intensidad”, consideró Lara.

Estos fenómenos se estudian desde hace más de 50 años; han mejorado los instrumentos con que los se observan, “antes sólo lo podíamos observar desde la Tierra con aparatos al piso, y ahora, desde satélites con telescopios que tienen mejor resolución”.

“El actual ciclo es un poco anómalo, porque el periodo mínimo de movimiento se extendió demasiado; transcurrieron varios años sin este último; nos preocupaba, aunque ahora la actividad ahora crece.

Créditos: unam.mx/boletin/049/2012

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Las Matemáticas siempre han estado de la mano con la Astronomía y han ayudado a revelar varios misterios a través de cálculos.

Las Matemáticas siempre han estado de la mano con la Astronomía y han ayudado a revelar varios misterios a través de cálculos.

25 de enero de 2012
Desde tiempos remotos, las Matemáticas y la Astronomía han estado estrechamente ligadas; gracias a los números se han revelado muchos misterios del Universo.

Y aunque aún quedan muchas incógnitas por descifrar, es indudable la importancia de las Matemáticas para este fin. En los tiempos en que empezaban a aparecer las primeras formas de enumeración, muchas civilizaciones les daban diferentes formas a las estrellas en el globo celeste; así, mientras para los occidentales existen 82 constelaciones, para los chinos la cifra es de 120.

Cada cultura ha influido en la manera de ver el cosmos; en este sentido, en tanto que para nosotros la constelación que llamamos Orión tenía la forma de un gran cazador, para los arahuacos este grupo de estrellas formaba un gran cesto de recolección y para los polinesios era una mariposa que indicaba el vuelo.

Según Benjamín Calvo, director del Observatorio Astronómico de la UN, el primer contacto entre estas dos ciencias se remonta a la civilización griega, en la que varios pensadores aportaron su primer grano de arena para este fin. “Uno de ellos fue Aristarco de Samos, quien determinó que el Sol también era una estrella igual a las que veíamos en la noche, sino que estaba mucho más cerca y por eso la veíamos grande. Además, predijo de manera científica los eclipses y determinó que la Tierra era curva, por la sombra proyectada del planeta sobre la superficie de nuestro satélite durante un eclipse lunar. De acuerdo con sus cálculos, el Sol era 20 veces más grande que la Luna, cuando en realidad lo era 390 veces más”.

Otro griego, Hiparco de Nicea, descubrió la precisión de los equinoccios e introdujo el concepto de magnitudes, más aún, el primer reporte sobre las cuerdas; a este también se le atribuye la invención de la trigonometría  aplicada en la esfera celeste.

Otro de los grandes fue Ptolomeo, que aunque decía que la Tierra era el centro del  Universo, descubrió el movimiento en órbitas de los demás planetas y de la Luna sobre la Tierra. “Una de sus grandes contribuciones fue el Almagesto, una gran recopilación de textos del siglo II de nuestra era, que no solo recoge toda la tradición astronómica griega que está escrita a la usanza moderna, sino con todos los cánones de la geometría euclidiana”, comentó Calvo.

También está el caso de Aristarco, quien fue uno de los primeros en plantearse una teoría heliocéntrica (el Sol en el centro); en su momento, este no podía comprobar dicha teoría, dado que su pensamiento era más filosófico, y aunque tenía una buena dosis de observación, los instrumentos y métodos –hasta ese entonces arrojados–, no le permitían hacer una aproximación apropiada.

Eratóstenes, por su parte, no solo estaba convencido de que la Tierra era redonda sino que ideó su propio método para calcular cuánto medía la circunferencia terrestre. Él, quien vivía en Alejandría, había oído decir –a los mercaderes que venían de Siena–, que en el solsticio los rayos solares caían verticalmente en la ciudad de Siena, situada en el mismo meridiano que Alejandría, pues recordaba que el Sol se reflejaba en lo más profundo de uno de los pozos, a la hora del mediodía. Entonces, pensó que si medía durante ese día –en la ciudad de Alejandría, a la misma hora–, el ángulo que los rayos solares formaban con la vertical, y la sombra que formaba la estaca sobre la línea meridiana, conocería el ángulo del arco de meridiano entre Alejandría y Siena.

Resultó que el ángulo era de 7 grados, pero aún le faltaba conocer la distancia, a lo largo del meridiano, entre ambas ciudades. Para ello, Eratóstenes pagó a un hombre que hizo, a pie, tal medición, que fue equivalente a unos 800 km. Con estos datos, llegó a la conclusión de que la medida de la circunferencia terrestre era de: 41.142 Km. En realidad, la distancia de la línea ecuatorial es de 40.075 Km.

Gracias a todo este aporte de la antigüedad, y con el desarrollo de nuevos instrumentos de mayor precisión, se pudo determinar la importancia de esos grandes observadores que dejaron las primeras bases de la Astronomía moderna.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

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Un nuevo clon podría mitigar las afectaciones económicas en el mercado de la papa.
Un nuevo clon podría mitigar las afectaciones económicas en el mercado de la papa.

25 de enero de 2012

Con nuevos materiales genéticos que buscan mejorar la calidad y resistencia de la papa, se intentará renovar el mercado de este producto en Antioquia.

Investigadores de la Universidad Nacional de las Sedes Bogotá y Medellín trabajan en la evaluación de clones promisorios para la siembra en el departamento, rezagado en avances tecnológicos para el desarrollo de variedades de este tubérculo.

La papa que se consume en Antioquia es conocida como capira, pero últimamente las cosechas de esta variedad han presentado dificultades por su vulnerabilidad ante enfermedades, tanto del tubérculo como del suelo, por lo que los costos de producción se han incrementado y los papicultores resultan con balance negativo después de las ventas.

Carlos Eduardo Ñústez, director del Programa de Mejoramiento Genético   de Papa de la Sede Bogotá, advirtió cómo “Antioquia no ha adoptado ninguna de las variedades que se han liberado y que son exitosas en el resto del país. Esto ha generado problemas desde el punto de vista económico, porque hay una desventaja tecnológica dado que las variedades que hay son muy antiguas y, por ende, tienen dificultades fitosanitarias que se traducen en pérdida de competitividad”.

En el oriente antioqueño se cultiva la papa capira, pero según el comerciante Elkin Álvarez, “esta tiene muy bajo rendimiento. Esperamos que esta nueva variedad que se presentará abra un nuevo horizonte para los cultivadores”.

En el Centro Agropecuario Paysandú de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UN en Medellín, se realizaron pruebas y resultó que los nuevos clones rinden mucho más y tienen muy buena tolerancia a la principal enfermedad, que se conoce con el nombre de “gota”.

Según Enrique Tediño Galeano, gerente de Fedepapa, “hay tres o cuatro materiales muy promisorios; en las pruebas que se han realizado, los resultados han sido buenos y han superado el 20%, quizás el 30% de su rendimiento”.

El desarrollo de variedades es un proceso lento. El plazo más corto ha sido de siete años con la variedad Betina. Ñústez explica que se hace una “selección de parentales, cruzamientos, obtención de familias, siembras iniciales, recolecciones, evaluación de semillas, ambientes, enfermedades y características agronómicas, entre otras”, y de ahí, se sacan conclusiones sobre la efectividad de las nuevas variedades.

Dice Ñústez que “en Antioquia se han dado cuenta del problema. Ya tenemos unas opciones, en particular un clon que puede empezar a aliviar en algo esa situación crítica de competitividad”.

Créditos: agenciadenoticias.unal.edu.co

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